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Carmen Manero, CARITAS: "Trabajamos las áreas de la vida que no funcionan bien"

El pasado día 1, el arzobispo de Zaragoza bendijo los renovados locales del Centro San Nicolás de Zaragoza, ubicado en la calle Universidad, 11, en el barrio de La Magdalena. Dependiente de Cáritas Diocesana de Zaragoza, desde el centro se acompaña a personas y familias en situación o riesgo de exclusión social con una perspectiva integral

 

Carmen Manero - Chus Marchador (El Periódico de Aragón)

Mario Gracia
07/02/2018

–Acaban de inaugurar la reforma del Centro San Nicolás. ¿Es esto el reflejo de unos cambios más profundos?

–Se da la circunstancia de que, a la vez que los locales han sido renovados completamente, el proyecto también lo ha hecho. Llevamos un año con una nueva línea de intervención y poder contar con este espacio privilegiado nos da, además de un lugar amplio y adaptado a las necesidades de espacios y equipamiento, una atmósfera agradable y acogedora. En una actividad como la nuestra, donde lo importante es que las personas atendidas mejoren su calidad de vida, qué mejor forma de empezar que trabajar en un entorno que lo propicie.

–¿A qué se dedican?

–El centro es el espacio físico donde desarrollamos las actividades del proyecto de acompañamiento San Nicolás. Nos dedicamos a acompañar integralmente, a estar con las personas y familias desde una perspectiva social y educativa, trabajando aquellas áreas de su vida que no funcionan del todo bien, basándonos en un trabajo conjunto con el resto de servicios sociales, sanitarios, educativos, etc., de los que es usuaria la familia. Partiendo de una cobertura mínima de necesidades básicas, tratamos de que recuperen la autonomía, tomen sus propias decisiones vitales y mejoren su integración social en todos los ámbitos en que desarrollen su vida personal y familiar: formación, empleo, salud, educación de sus hijos, etc.

–¿Cuáles son los orígenes del centro?

–El centro ya existe desde los años 80. En ese lugar se han desarrollado varios proyectos. Desde el centro de inserción social, donde se trabajaba la ocupación del tiempo a través de talleres como cestería o pintura, fue evolucionando a un concepto de inserción sociolaboral, donde se trabajaban las capacidades y habilidades de empleabilidad a través de talleres y una orientación personalizada. A día de hoy, nuestros objetivos pasan por trabajar con las familias para que mejoren su desarrollo integral y su autonomía, en beneficio de una mayor participación e integración social, a través de diferentes acciones.

–¿Hacia dónde camina ahora su trabajo?

–En el año que llevamos trabajando en este nuevo proyecto hemos trabajado unificando procesos de trabajo entre todos los que componemos el equipo, ya que proveníamos de experiencias diferentes dentro de la misma institución. A corto plazo, seguiremos atendiendo a las familias, estando atentos a las situaciones que presenten para mantener un proyecto vivo, siendo capaces de adaptarnos a las nuevas realidades que van surgiendo.

–¿Cuál es el ideario que mueve su labor?

–En el equipo de trabajo hemos consensuado un decálogo que refleja actitudes que debemos tener ante el acompañamiento a otras personas. En él destacamos algunos puntos de vital importancia como son el esfuerzo por conocernos a nosotros mismos, tanto lo que nos limita como aquellas potencialidades que tenemos. Es necesario partir de lo que somos para estar con el otro. Asímismo, debemos escuchar al otro, respetar su ritmo y agradecer lo que el otro también hace por nosotros. En las relaciones interpersonales, siempre hay un camino de ida y vuelta.

–¿Con qué perfil de usuarios trabajan?

–Nuestra labor va dirigida a personas o familias en situación o riesgo de exclusión social. No nos referimos a personas en situación de necesidad económica exclusivamente, ni a atender a personas y/o familias que necesitan una atención urgente por cualquier circunstancia. A pesar de las situaciones de carencia económica y aspectos de su vida que requieren una atención rápida, nos centramos más en aquellas situaciones que requieren un trabajo más a largo plazo, donde la familia tiene motivación suficiente para introducir cambios en su vida.

-¿A cuántas personas atendieron el año pasado?

–Durante el 2017 pasaron por nuestro proyecto aproximadamente 150 personas procedentes de 70 familias. De ellas, 47 eran personas solas y el resto formaban parte de familias de más de un miembro.

–¿Con cuántos trabajadores cuentan?

–Actualmente somos 6 personas contratadas, todas mujeres. Tres de ellas son educadoras sociales, una monitora de actividades grupales, una trabajadora social y, en mi caso, que dirijo el centro, soy también trabajadora social.

–¿Cuenta el centro con voluntarios?

–Contamos con 15 voluntarios. Cada uno de ellos tiene un compromiso en tiempo y dedicación diferente, pero generalmente apoyan en el desarrollo de actividades grupales como cocina, pintura, huerto, cultura, etc. Y acompañan personalmente a personas y familias que necesitan mayor apoyo. Son un grupo muy generoso, que además de su compromiso semanal están siempre disponibles para cualquier necesidad de acompañamiento de los participantes, apoyo en salidas culturales, preparación de actos lúdicos o festivos, etc. Sin su apoyo no sería posible.

–¿Cómo se trabaja en el centro?

–En el centro se trabaja coordinadamente dentro del equipo. Este valora a todas las familias nuevas que llegan derivadas, generalmente, de otros espacios de Cáritas. Después se asigna a las personas del equipo que van a acompañar a esta familia. Con cada una de ellas se realiza un diagnóstico socioeducativo de la situación, planteando los objetivos de trabajo a priorizar. Cada familia tiene una atención individualizada. La intervención la realizamos principalmente en los espacios donde habitualmente desarrollan su vida, y donde nos interesa que repercuta principalmente el cambio: las condiciones y organización de la vivienda, centros educativos y de tiempo libre del barrio, los servicios sociales y sanitarios que le atienden, etc… En el centro, contamos con aulas de desarrollo de actividades que mejoren sus habilidades. Trabajamos, por ejemplo, la cocina, para que aprendan a cocinar de manera saludable y económica; en el taller de cultura, pretendemos que aprendan a través de temas de actualidad a expresarse, comprender y desarrollar su espíritu crítico. El taller de habilidades sociales es un espacio idóneo para interactuar con el otro, trabajando aspectos de nuestras actitudes sociales que pueden ayudarnos o dificultarnos en nuestra integración. Y realizamos más cosas, incluso actividades para trabajar la destreza manual (cultivo de un huerto ecológico, talleres de encuadernación o pintura..), donde también favorecemos la expresión artística y la creatividad.

Espacio3

Suplemento semanal dedicado a la acción social, la economía solidaria y la cooperación al desarrollo. Se edita en colaboración con Obra Social La Caixa y se distribuye con la edición de los miércoles de El Periódico de Aragón.

Redacción y coordinación: Mario Gracia
Edita: Prensa Diaria Aragonesa. Hernán Cortés 37. 50005 Zaragoza.

Correo electrónico: espacio3@elperiodico.com
Periodicidad: semanal

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