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Entrevista

Julio Martínez Lanzán: "Es un premio a la forma de trabajar de todo un equipo"

sta tarde, a las 19.00 horas, en el Centro Joaquín Roncal de Zaragoza, la Federación Aragonesa de Solidaridad entrega el II Premio FAS a la Trayectoria Solidaria. Tras otorgar su primer galardón a José Luis Batalla, la FAS ha querido reconocer este año la trayectoria profesional y el talante personal de Julio Martínez, a pocos meses de su jubilación. El jurado acordó por unanimidad premiar a Martínez, jefe de la oficina municipal de cooperación durante quince años, entre todas las candidaturas propuestas por las oenegés

 

Julio Martínez Lanzán: "Es un premio a la forma de trabajar de todo un equipo" - CHUS MARCHADOR

Mario Gracia, Espacio 3
23/10/2019

–¿Qué sintió cuando recibió la llamada para comunicarle que este año le entregan el II Premio de la Federación Aragonesa de Solidaridad a la Trayectoria Solidaria?

–Me sentí muy agradecido, sobre todo cuando sabes que en la elección ha participado, de una manera u otra, el tejido de la cooperación aragonesa. Pero, por otro lado, me sentí muy abrumado porque creo, honestamente, que no me lo merezco. Primero, porque hay mucha gente que lleva años trabajando en el mundo de la cooperación de manera altruista, que son bien merecedores, por delante de mí. Y, por otra parte, mi relación con la cooperación, más allá de las simpatías y de mi vida como ciudadano, es profesional. Soy un funcionario del Ayuntamiento de Zaragoza y hago lo que hago porque es mi manera de trabajar.

–Desde luego, no es muy habitual que un funcionario reciba un premio por el desempeño de su cargo.

–No, pero sé que hay muchos funcionarios municipales, y en otras administraciones públicas, que también se preocupan mucho por lo que ocurre en este ámbito. Y quiero pensar que este galardón es un reconocimiento colectivo a un trabajo que nos toca hacer a muchas personas. No puedo entenderlo como un premio individual porque nunca he trabajado solo, siempre lo he hecho con el personal de la Oficina de Cooperación al Desarrollo del Ayuntamiento de Zaragoza, y con ellos he compartido éxitos y miserias. Rara vez tomamos alguna decisión sin haberla hablado primero los unos con los otros, siendo partícipes de las propuestas de avance que nos planteamos. Este es un premio a la forma de trabajar de todo un equipo.

–Pero me consta que también ha pesado mucho el cariño.

–A veces nos reservamos, por aquello de guardar la distancia y que no se pueda entender alguna posición como favoritismo. En ese sentido, creo que mi trayectoria ha sido bastante escrupulosa. Y eso me ha permitido hacer muy buenos amigos en mi trabajo sin que ello haya creado servidumbres por mi parte. Creo que, en la larga distancia, la gente aprecia esas cosas.

–La imparcialidad exige distanciamiento. Y, sin embargo, todas las oenegés le sienten como alguien muy cercano. ¿Cómo se logra ese equilibrio?

–Desde la oficina nos hemos esforzado por tener una relación empática con las organizaciones. Y eso no es solo talante personal, es también una posición profesional, el menos en mi caso. Somos actores de una política pública de cooperación, una herramienta más, que el ayuntamiento no podría llevar adelante sin las oenegés, que son la herramienta imprescindible de esta política. Por eso tengo cierta complicidad, porque entiendo que son unas socias necesarias. Y, cuando nos consultan, me alegro mucho de poder ayudarles a todas y cada una, en un plano de igualdad, a ponerse en la mejor situación de cara a las subvenciones, dándoles todos los datos y posibilidades. Y creo que la gente lo agradece.

–Pero usted no se ocupa, por poner un caso, de las tuberías de Zaragoza, sino de la cooperación al desarrollo, con todas las connotaciones humanas que ello conlleva. ¿Hasta qué punto ha vivido una implicación personal en su trabajo?

–Me importa mucho lo que estoy haciendo. La cooperación nos hace mejores a las personas, a las instituciones y a las organizaciones. Dejas de mirarte el ombligo, pues el egoísmo es la forma más habitual de manejarnos en esta vida, para ponerte en la piel del otro. A veces hay que hacer un pequeño esfuerzo para comprenderlo. Y también para pensar maneras de trabajar que generen espacios accesibles para todos, ya que las oenegés presentan perfiles muy diferentes. Pero yo soy un servidor público vocacional, y siempre he tenido este talante, también en los campos en los que trabajé antes, como la cultura y la educación de adultos. Siempre me he implicado, pero todavía es más fácil que esto ocurra cuando el área de trabajo es tan rica como la cooperación.

–¿Cuándo llegó a esta oficina?

–Llegué en el año 2004, de la mano de la concejala Carmen Gallego, en el único momento en el que una concejalía de este ayuntamiento ha incluido la cooperación al desarrollo en su nombre (se llamó Acción Social y Cooperación). Yo pensé que iba a ser una cosa más pasajera, y al final van a ser casi dieciséis años.

–¿Tenía aquella denominación alguna intención política?

–Sí, hubo una voluntad de visibilizar el trabajo de cooperación del ayuntamiento, de hacerlo crecer y de abrirlo a las entidades y a la ciudad. En parte, aún vivimos de algunas de las cosas que se empezaron a hacer entonces. Además, en aquellos años hubo un salto presupuestario significativo. Pasamos de 2 millones de euros anuales a 2,7 millones de un año para otro. Eso abrió una tendencia de crecimiento que nos permitió pasar la crisis con mayor holgura que otras administraciones públicas.

–De hecho, durante la crisis, el Ayuntamiento de Zaragoza se convirtió en el primer financiador de la cooperación aragonesa, aunque no le correspondía. ¿Pesó mucho aquella losa de responsabilidad?

–No lo llevamos bien porque la crisis afectó mucho a las oenegés, y la presión que sufrimos en cuanto al volumen de demanda fue brutal. Este era el sitio donde las organizaciones esperaban compensar lo incompensable, los ocho millones que recortó el Gobierno de Aragón. Eso nos cargó de responsabilidad pero también de rigor.

–¿Se ha normalizado ya la situación?

–El año pasado se dio un paso muy importante, pero seguimos muy lejos de donde estuvimos y de donde le correspondería a la cooperación aragonesa.

–¿Quizás se recorta en cooperación porque no quita votos?

–Habría quien lo leería al revés, y diría que por qué hacemos cooperación cuando aquí hay tantas necesidades. Pero yo le repetiría que la cooperación nos hace mejores. Nos ayuda a ver otras realidades y a compararlas con la nuestra. Aquí no todos somos unos privilegiados, pero si hablamos de derechos básicos como la alimentación, la educación o la salud, no hay comparación posible con nuestra situación y la de otros países. La cooperación nos ayuda a comprender que somos parte de un mundo en el que todos tenemos unos derechos básicos y a entender que todos somos corresponsables de que estos sean efectivos. Nos da una perspectiva como ciudadanía global. Y nos hace tender a un mundo más equitativo.

Espacio3

Suplemento semanal dedicado a la acción social, la economía solidaria y la cooperación al desarrollo. Se edita en colaboración con Obra Social La Caixa y se distribuye con la edición de los miércoles de El Periódico de Aragón.

Edita: Prensa Diaria Aragonesa. Hernán Cortés 37. 50005 Zaragoza.

Correo electrónico: suplementos@aragon.elperiodico.com
Periodicidad: semanal

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