España se asoma al 28 de abril dividida entre aquellos que sienten un hastío infinito hacia las elecciones y aquellos que palpitan con el vértigo de un resultado incierto. Los segundos dependen de los primeros. Y los primeros no han elegido. A pocas horas de que arranque la campaña de las generales, los partidos viven entre la angustia y la esperanza de conquistar o perder a los electores indecisos. Son el 41,6% del censo, casi diez puntos más que en los comicios del 2016, según revela el último barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS).

Los politólogos calculan que seis millones y medio de españoles podrían decidir su voto en la recta final de la campaña. Dos millones y medio el mismo domingo electoral. Esto convierte la contienda que comienza en la medianoche de hoy en la más decisiva de la democracia en España. Pero, sobre todo, indica que esa noche del 28-A habrá sorpresas. De qué lado caigan, está por ver.

La tendencia es generalizada, pero afecta más al bloque de la derecha cuyos simpatizantes circulan entre los tres partidos sin acabar de aterrizar (PP, Cs, Vox). Ciudadanos presentan la tasa de indecisión más elevada. El 49,3% de quienes eligieron a Albert Rivera en las últimas generales ahora no lo tiene claro.

¿QUÉ DUDAS TIENEN?

Lo mismo le ocurre al 37,8% del electorado de Unidas Podemos y al 37,2% del PP. La cifra baja en el PSOE hasta el 31%. En breve, sucede lo previsible: los partidos que más escaños perderán el 28-A tienen a buena parte de sus votantes deshojando la papeleta.

Esta respuesta es la más alimenticia, porque da algunas pistas interesantes para analizar lo acertado o erróneo de determinadas estrategias electorales. La mayoría de los votantes de Cs en el 2016 que ahora albergan dudas, se dirimen entre seguir fieles a Rivera o votar al PSOE (21,4%), mientras que el 18,4% está entre repetir con Cs o fugarse al PP y el 10,1% tiene la tentación de irse a Vox.

Y llega el momento complicado. Rivera sabe que tiene al doble de simpatizantes pensando en irse con Pedro Sánchez que en la frontera con Santiago Abascal.

Sin embargo, los que se plantean pasarse a la derecha (a PP y a Vox) suman un 28,5%, algo más del 21,4% que duda si irse al PSOE.

Es decir, Rivera tiene a un electorado con dos almas y con el veto a Sánchez ha apostado estratégicamente por intentar amarrar la derecha.

También el viejo PP, el partido históricamente con mayor tasa de fidelidad, tiene grandes capas de indecisión que el liderazgo de Pablo Casado no ha conseguido drenar. El 42,1% de quienes siguen sin decidir su voto no saben si repetir PP o pasarse a Cs. En menor proporción (13,4%) no descartan elegir a Vox.

La cuestión es cuántos de ellos, a pesar del dilema, volverán al redil popular. A juzgar por la evolución de las encuestas, Casado podría acabar reteniendo a una parte significativa y evitar un desplome catastrófico, aunque enredos como los del aborto, las pensiones o el SMI no ayudan.

IGLESIAS, EL DESENCANTO

En los votantes morados la duda principal es si volver a apostar con Pablo Iglesias o elegir al PSOE (40,3%). Los socialistas saben que ya han recuperado a los votantes que se fugaron de sus filas entre 2015 y 2016, de modo que los que ahora dudan, son fundamentalmente electores que no venían del PSOE, sino voto puramente morado que se ha desencantado con Iglesias. Las tasas de jóvenes indecisos son especialmente elevadas en esta ocasión.