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PERFIL

Manuel Chaves, el eterno presidente de Andalucía

Referente del PSOE, compaginó la vida orgánica con seis mandatos en la Junta de Andalucía

 

El expresidente andaluz Manuel Chaves. - EUROPA PRESS

JULIA CAMACHO
19/11/2019

En 1990, Manuel Chaves (Ceuta, 1945) desembarcó a regañadientes en Andalucía. Tras cuatro años al frente del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social, Felipe González le forzó a desembarcar en la región para tratar de frenar la crisis existente entre Alfonso Guerra y el entonces presidente de la Junta de Andalucía José Rodríguez de la Borbolla. Lo que menos sospechaba el recién llegado es que tras ganar las autonómicas con una cómoda victoria, empezaría un liderazgo que se prolongaría durante casi 20 años.

Chaves fue uno de los pesos pesados del socialismo español, partido al que llegó a finales de los 60 junto a Nicolás Redondo. Doctorado en Derecho del Trabajo y amigo personal de González, fue uno de los integrantes del famoso clan de la tortilla, llamado a refundar el PSOE. Disciplinado y conocedor de los entresijos orgánicos, compaginó la vida institucional con la de partido. Logró apaciguar el conflicto entre guerristas y renovadores en 1997 y, convertido ya en referente del partido, capitaneó la gestora que se hizo cargo del PSOE tras la dimisión en el año 2000 de Joaquín Almunia.

El 35 congreso que encumbró a José Luis Rodríguez Zapatero apuntaló ese peso de Chaves al situarlo en la presidencia del partido federal. Un lugar clave para amparar que los barones socialistas, entre ellos él mismo, ejercieran de contrapeso a la renovación zapaterista. En el 2009 retornaría al Gobierno central de la mano de Zapatero, pero aún intentaría frenar el relevo generacional que este buscaba nombrando a su amigo José Antonio Griñán, de quien se acabaría distanciando.

AÑOS CONVULSOS

En la Junta, durante seis mandatos compaginó las mayorías absolutas con momentos críticos como la famosa pinza entre el PP e IU, con Andalucía convertida en el principal bastión del PSOE para confrontar con el Gobierno de José María Aznar. Fueron unos años convulsos laboralmente, con quiebras empresariales que no ayudaban a remontar las cifras del paro en una comunidad a la cabeza de las listas europeas de desempleo.

Para apaciguar la situación, la Junta implantó en el año 2000 un sistema que permitiera agilizar el pago de las ayudas sociolaborales a empresas en crisis que años más tarde le acabaría sentando en el banquillo acusado de prevaricación por no poner freno a las irregularidades que el procedimiento permitió. Él se defendió argumentando que la jefatura de la Junta conocía que se daban ayudas, sí, pero no en detalle. Y ciñó cualquier responsabilidad a "cuatro golfos", con la vista puesta en el área de Empleo. Años más tarde, cuando la presión por desbloquear la investidura de Susana Díaz le obligó a renunciar al escaño y fue imputado, matizaría que "no hubo un gran plan (preconcebido), pero sí un gran fraude".

   
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