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El nuevo tablero político

Pedro Sánchez ajusta cuentas con su pasado en la investidura

El candidato hurga en la debilidad de Iglesias y se cobra la ofensa de la ‘sonrisa del destino’. El socialista devuelve al Partido Popular el trago de abstenerse y sitúa a Rivera ante el espejo

 

El presidente del Gobierno en funciones, el jueves en Moncloa, tras volver de la audiencia con el Rey. - JOSÉ LUIS ROCA

I. MÁRMOL / J. RUIZ SIERRA
10/06/2019

Cuando Pedro Sánchez se siente mañana en el Congreso a negociar con los líderes de PP, Ciudadanos y Unidas Podemos pondrá a cocer a fuego lento una investidura y los agravios del pasado. En su primer movimiento tras ser designado candidato a la presidencia del Gobierno, el socialista intenta colocar a sus adversarios frente al espejo para que se debiliten atravesados por sus propias contradicciones: el que no facilite el único Ejecutivo posible, el del PSOE, está poniendo en riesgo la estabilidad del país y empujando a pactos con fuerzas nacionalistas. «No vale lavarse las manos. Que se retraten», resumen fuentes gubernamentales.

Sánchez aprendió en el 2016 que las contradicciones no siempre se pueden cabalgar y parece dispuesto a dar la misma medicina a sus rivales. El PP consiguió ejercer una presión tan eficaz sobre el PSOE que rompió al partido en dos: quienes estaban dispuestos a apoyar a Mariano Rajoy y quienes, como él, se negaron. Sánchez tuvo que dejar su acta de diputado y la secretaría general, una humillación que no ha olvidado. Sabe bien cómo se desangra un partido cuando está siendo atornillado con efectividad y parece dispuesto a someter a sus adversarios a esa misma tortura.

Más de tres años después, Sánchez reclama a Pablo Casado aquello que el PP le exigió a él: la abstención en pos de la estabilidad y evitar un bloqueo que conduzca a la repetición electoral. Casado desea que la legislatura comience lo antes posible y huye de nuevos comicios, pero no se plantea ni por asomo facilitar la investidura. Al contrario. Espera a que forme Gobierno con Unidas Podemos y partidos nacionalistas para tener munición durante toda la legislatura.

PRESIÓN A CS

El candidato trata de situar también a Albert Rivera en el absurdo. En el 2016 firmó un pacto de investidura con el PSOE y, al fracasar, llegó a un acuerdo para hacer presidente a Rajoy. Sánchez conoce bien las presiones que él sufrió como líder para facilitar el Gobierno del PP, de modo que ahora, sostienen los suyos, toda esa tensión está sobre los hombros del presidente de Cs. En las negociaciones que mañana se abren, el jefe del Ejecutivo en funciones tratará de rentabilizar esa presión.

Con Iglesias todo es distinto porque tiene, a fin de cuentas, una doble condición. Es quien frustró sus expectativas de ser presidente porque prefería forzar una repetición electoral convencido de que sobrepasaría al PSOE. Pero es también quien le apoyó en la moción de censura y le ha mantenido con oxígeno. Hace tres años, cuando Sánchez estaba en la audiencia con el Rey, Iglesias aprovechó para presentar una propuesta de coalición de Gobierno que no quería, con una escenificación diseñada para ganarse el no socialista, pidiendo ministerios y con una ofensa final: «La posibilidad histórica de que Pedro Sánchez sea presidente es una sonrisa del destino que siempre tendrá que agradecer».

El pasado jueves, el socialista relegó a Iglesias en importancia en su comparecencia tras reunirse con Felipe VI y el Ejecutivo apoyó esa distancia retirándole la consideración de «socio preferente». Los colaboradores del presidente explican que los recelos han menguado y que ambos han aprendido a colaborar, pero lo cierto es que Sánchez no quiere a Iglesias en su Gobierno.

En la Moncloa están convencidos de que el podemista busca un premio de consolación como «cortina de humo» que tape su «debilidad» tras el batacazo electoral. Creen que el tiempo juega a favor de Sánchez, porque es quien lo maneja y porque Iglesias no puede permitirse volver a las urnas. «El martes será el comienzo del comienzo del comienzo de las negociaciones», explican fuentes gubernamentales, que insisten: hasta que no se formen ayuntamientos y gobiernos regionales nada se moverá en la arena estatal.

¿Es posible que el órdago del PSOE pidiendo apoyo a los tres grandes partidos llegue a la repetición electoral? «Casado, Rivera e Iglesias serán los responsables de lo que ocurra», responden desde la Moncloa.

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