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El nuevo tablero político

Rivera, ante el espejo

Los liberales evalúan el coste que tendría pactar con la ultraderecha. Cs amaga con no sumar a la derecha y dejarse persuadir por el PSOE

 

Albert Rivera, en la reunión del grupo parlamentario de Ciudadanos en el Parlamento Europeo. - EFE / LAURA ZORMOZA

IOLANDA MÁRMOL / PILAR SANTOS
31/05/2019

Albert Rivera fracasó el domingo en su intento de conquistar la plaza simbólica de líder de la oposición adelantando al PP, pero consiguió un triunfo menos épico y, tal vez, más productivo: la llave de gobiernos clave que pueden dar oxígeno o precipitar la caída de su adversario natural, Pablo Casado, y, además, apuntalar o oscurecer el poder territorial de Pedro Sánchez. En cuatro días de discreta negociación multibanda se constata que en las alianzas que se avecinan puede dejar de operar la lógica de los bloques de izquierda y derecha. Las fronteras son ahora porosas. Los vetos parecen difuminarse. Los liberales no se casan con nadie. Han empezado a examinar no solo lo que más les conviene en cada plaza como trofeo cortoplacista, sino sobre todo, cómo relacionarse con su rival, el PP, para convertirlo en una fuerza subalterna en la derecha y sobrevivir al riesgo que implica sumar con Vox. En España y en Europa. Con esa estrategia, Cs se plantea jugar a una de cal y una de arena, entregar el poder a Casado en unas plazas y a Sánchez en otras. La política de alianzas, advierten desde Madrid, la decidirá la dirección estatal mal que le pese a los barones.

En la práctica, a Rivera los pactos se le ponen cuesta abajo y al PP se le encarecen. El ofrecimiento del PSOE para cooperar con Cs en algunos territorios ejerce de contrapeso en la negociación con un Casado en horas bajas, que se ha fijado como objetivo irrenunciable retener la Comunidad de Madrid que los suyos gobiernan desde hace 24 años. Es un icono de poder, el termómetro en el que se mediría la continuidad o la posible salida forzada del presidente del PP, de ahí que la batalla se centre en esa plaza.

Los populares están dispuestos a colaborar a Cs, aunque públicamente no lo admiten, para que Begoña Villacís sea alcaldesa de Madrid a cambio de amarrar el gobierno regional, para el que también necesitarían sumar a Vox. En la sede de la madrileña calle Génova hay nervios y reclaman «madurez» a naranjas y voxistas para que se dejen de remilgos y se sienten juntos a negociar. De momento, ha sido el número dos del PP, Teodoro García-Egea, quien se ha visto con ambos partidos, pero por separado. Desde la izquierda y en pos de evitar la entrada de los ultras, Íñigo Errejón y el PSOE tienden a Rivera un puente cómodo para que salga del bloque de la derecha. Le ofrecen hacer presidente al socialista Ángel Gabilondo a cambio de su apoyo en el ayuntamiento para que Villacís obtenga la vara de mando.

Cs no cierra la puerta a la propuesta, pero la dirección ve «complicado» pactar con los socialistas. No es que en términos concretos pongan condiciones imposibles: proponen un rechazo dialéctico a unos hipotéticos indultos si hay condena en el Supremo por el 1-O, no subir los impuestos y medidas de regeneración democrática. La cuestión de fondo es que Cs considera frágil el liderazgo de Casado y eso les beneficia. Temen que entregar Madrid al PSOE haga caer al jefe popular y que su sucesor sea un rival de mayor peso político, con el que Rivera tendría más dificultades para competir por la hegemonía de la derecha.

Por otro lado, a los liberales no les ilusiona precisamente una fotografía que evidencie eventuales alianzas con Vox. Provocarían alergia a parte de su electorado, pero tienen asumido que pronto o tarde llegará ese momento y descuentan en sus cábalas el daño que pueda ocasionarles del beneficio de preservar a una dirección del PP a la que, intuyen, pueden imponerse.

«No nos vamos a sentar con Vox a negociar acuerdos, ni entradas en el Gobierno», zanjó el número dos de Cs, José Manuel Villegas, ayer. Fuentes de la dirección admiten que si hay conversaciones será para plantearles como única colaboración la vía andaluza, el apoyo desde fuera del Ejecutivo. En el aire y pendientes de caer a la derecha o la izquierda están el Ayuntamiento y la Comunidad de Madrid, Aragón, Murcia y Castilla-León, y otros 24 consistorios. Aunque los barones expondrán su opinión, la política de alianzas la decidirá Madrid desde donde, por cierto, se subraya que esta artimética se estudia en ámbito territorial porque, en la arena estatal, Cs descarta por completo apoyar la investidura de Sánchez.

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1 Comentario
01

Por LIA 14:41 - 31.05.2019

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Que le de unas clasecitas intensivas sobre lo que es una democracia el señor Valls, y lo mismo se apean de su ego ,y arriman el hombro cuando la Democracia y España lo necesita . El señor Valls está claro que es un político con la cabeza muy despejada y que está por arrimar el hombro para frenan el separatismo y la derecha nostálgica de la españas más negra .

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