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Fuego y criaturas marinas, protagonistas del acto final

El espectáculo de Groupe F y Plasticiens Volants sustituyó al Iceberg..

 

'Iluminar' se encargó de hacer brillar la Expo en la oscuridad. - Foto: ALLEPUZ/DE CASTRO/MARCHADOR

El espectáculo de pirotécnia que culminó el acto. - Foto: ALLEPUZ/DE CASTRO/MARCHADOR

MARTA FRANCOMARTA FRANCO 14/06/2008

La idea inicial no pudo ser, pero el plan B funcionó a la perfección. Aunque las intensas lluvias de las últimas semanas y la crecida del Ebro obligaron a suspender el espectáculo Iceberg. Sinfonía poético-visual, su sustituto cumplió con la difícil tarea de reemplazarlo. La fiesta Iluminar convenció a los numerosos asistentes a la jornada que dio el pistoletazo de salida a la muestra internacional.

La luz y el fuego fueron sin duda los protagonistas de la noche. Tras el cóctel y con algo de retraso, pasadas las once y media dio comienzo el acto. La pirotecnia y los inflables de las compañías francesas Groupe F y Plasticiens Volants dieron forma al espectáculo.

La actuación empezó a los pies de la Torre del agua, con una serie de criaturas de fuego danzando sobre la pasarela. A lo largo de la barandilla y del emblemático edificio, explosiones y oleadas de luz, mientras la música se elevaba y los personajes, mágicos, giraban envueltos en chispas. Las figuras se apagaron, y fue entonces cuando apareció la gran sirena a la que siguieron otros elementos salidos del fondo del mar. Peces, medusas y otros animales acuáticos danzaron con elegancia mientras el fuego continuó con su explosión de color.

En la Plaza Expo, entre la Torre del agua, el palacio de congresos y la escultura El Alma del Ebro, de Jaume Plensa, las grandes figuras hinchables sedujeron al público. Una enorme ballena se alejó del grupo y descendió hacia los espectadores hasta rozarlos, deslizándose sobre ellos. Al mismo tiempo, la música cambiaba: alegre, con sonido de agua o acelerada, mientras que en las fachadas, imágenes luminosas completaban la visión marina.

Las figuras iniciales regresaron y bailaron bajo los fuegos artificiales, hasta recobrar nuevamente su luminosidad. En lo alto, las estrellas multicolores crecieron, y las criaturas marinas se alejaron. La potencia aumentó, el sonido se volvió triunfal y el cielo se convirtió en una fiesta de contundencia visual. Tras la despedida de los protagonistas, el público rompió en aplausos.

A juzgar por el entusiasmo y los comentarios, nadie se sintió defraudado por la sustitución del espectáculo previsto inicialmente. La combinación del fuego y la magia marina resultó un final más que apropiado para la inauguración de la gran fiesta del agua.