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Nazaret Gimeno, todo un mundo de olores

 

Nazaret Gimeno, en Bodegas Care. - JAVIER CEBOLLADA

Carmen Serrano Carmen Serrano
17/01/2019

Nazaret Gimeno representa un tercio del departamento técnico de Bodegas Care, en Cariñena (Zaragoza). Es la cuota femenina. Donde realmente le gusta estar es en el laboratorio. Porque es química y enóloga y disfruta vigilando de cerca el proceso de maduración de la uva, la evolución de la acidez, el contenido de azúcares, el nivel de nitrógeno en el mosto, el ritmo de la fermentación, la estabilidad del vino... Desde hace un tiempo, Gimeno asume también otras responsabilidades en el control de la producción de unas bodegas que, en los últimos años, han subido como la espuma.

 “Como todo enólogo”, dice, sueña con su propia bodega. O al menos con un reducto de investigación, un laboratorio en el que “haría muchas más pruebas, pruebas diferentes para aprender más cosas, a las que no da tiempo en el día a día”. En las bodegas, el proceso de vendimia y los ritmos de la comercialización “te arrastran”. Pese a ello, “en Care investigamos, claro; probamos levaduras y métodos nuevos de producción -cuenta Gimeno-. Ahora estamos haciendo ensayos con barricas de distintas maderas, que aportan al vino matices diferentes”.

 Después de recorrer varias bodegas, admirar en Logroño la finca Ygay de Marqués de Murrieta y planear un traslado a Alemania, empezó a trabajar en 2009 en Bodegas Care, a tiempo de vivir con entusiasmo campañas tan atractivas como Solidarity Rosé (contra el cáncer genital y de mama) o Care Nouveau (vino joven cuya artística etiqueta se renueva por concurso cada año). Si Gimeno se moviera de aquí, no iría cerca, sino a Chile o Nueva Zelanda.

 Desde que estudió Química en Zaragoza y Enología en Logroño, Nazaret Gimeno ha ido escalando en el mercado del vino, un mundo hasta hace poco muy masculino. “Ahora, cada vez estamos más mujeres en él”, aunque los puestos de responsabilidad siguen estando mayoritariamente ocupados por hombres.

 Hubo un tiempo, o al menos eso cuentan aún algunos mayores, en que a las mujeres se les negaba el acceso a las bodegas cuando tenían la regla. Se decía que su presencia podía estropear el vino. ¿Ignorancia? ¿Machismo? Gimeno recuerda cuando su abuelo cultivaba champiñones y mantenía alejada de ellos a su madre durante la menstruación. Por fortuna, nuestra enóloga, segura de que “era una forma más de apartar a las mujeres”, no ha vivido ya nada de esto. 

 Adicta al laboratorio, se estresa con las labores administrativas y se relaja después entre tubos de ensayo, microscopios y matraces de Erlenmeyer. Estudió Ciencias Químicas por pura “vocación científica”, pero el entorno cariñenense de su  niñez le ofrecía la Enología como opción destacada. Siendo aún poblado romano, Carae ya abastecía de vinos a la recién fundada Caesaraugusta.

 A la Química le debe su gran capacidad analítica, adquirida, dice, “al tratar de saber siempre por qué suceden las cosas”, y su extrema habilidad con las manos. A Care le agradece la riqueza del trabajo en equipo. Y a la Enología, el descubrimiento de todo un mundo de olores. “Día a día vas descubriendo el aroma de las cosas, empiezas a oler de manera consciente y ya no puedes parar de fijarte en cómo huele todo a tu alrededor”.