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plaza del justicia : UN VIAJE MUSICAL A CONTRACORRIENTE

Ofrenda al rock

Doctor Cuti & The Mogambos y Mambo Jambo actuaron a mediodía

 

Parecía que solo existía la Ofrenda del flores, pero no, en la plaza del Justicia estaba Doctor Cuti. - JAIME GALINDO

DIEGO Núñez
13/10/2019

Miles de personas ataviadas con trajes regionales recorren las calles de Zaragoza en una misma dirección, la plaza del Pilar. Pero en medio de ese camino hacia la Ofrenda de flores, desde la plaza del Justicia despega otro viaje con destino a los sonidos tradicionales de Nueva Orleans. Son las 12 del mediodía y nada deja intuir que pueda marcharse en otra dirección que la del desfile folclórico. Por eso este otro viaje musical resulta totalmente a contracorriente.

Doctor Cuti&The Mogambos iniciaba su particular excursión «hablando de sí mismo en tercera persona». Porque Juan Ramón Vericad, más conocido como Cuti, mostró una de sus facetas más aventureras con un viaje por todo el globo terráqueo a través del rhythm&blues, el boogie y el swing propios de Nueva Orleans. La expedición llevó a media plaza a lugares como Israel, donde aprendieron el Rabino rock, una versión cómica de la canción tradicional hebrea Hava Nagila. En China, conocieron «a un hombre chino amarillo», en el momento exacto en el que un grupo de turistas asiáticos, paraguas en mano, atravesaban la plaza entre las risas cómplices del público.

Pero, aunque en la jungla del Hombre mono, como dice la canción de Doctor Cuti, él es «el rey», las reverencias se las llevaron los 16 músicos con mayúsculas de los Mambo Jambo Arkestra. Desde el primer compás, la esencia de una música del siglo pasado, con sus trajes, sus chalecos, sus camisas, su pelo engominado y su actitud encandiló a curiosos que pasaban por allí, devotos del rock&roll y peregrinos de la Virgen.

Decenas de cachirulos de todos los colores y estampados se camuflaban entre pelos largos, gorras, pañuelos y sombreros que al unísono seguían el ritmo del swing y el boogie de esta big band barcelonesa. Alguno que otro tuvo que hacer un alto en el camino pasadas las dos de la tarde después de una larga caminata. Incluso sentados en los bancos, los pies de los centenares de asistentes que finalmente abarrotaron la plaza no dejaron de moverse en un día del Pilar en el que algunos pasaron por la Ofrenda y otros pasaron de ella. Pero en el que, al final, hubo flores para todos.

 
 
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