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LA DESPEDIDA DE UN MITO

Alonso y aquella maldita noche de Abu Dabi-2010

El bicampeón del mundo de F-1 revive, en su despedida del 'gran circo', aquel fatídico domingo que marcó su carrera en Ferrari y en la F-1 Un error en la estrategia de la Scuderia truncó la posibilidad de que el piloto español ganase su tercer cetro y cambiase su historia del equipo y del 'Nano'

 

El Rey Juan Carlos consuela a Fernando Alonso, en el GP de Abu Dabi del 2010. - AP / GERO BRELOER

MIGUEL MARTÍNEZ
24/11/2018

La sala de reuniones de los pilotos ha sido decorada con enormes murales de Fernando Alonso, con la pared entera que reza Gracias Fernando, su McLaren luce colores especiales en su honor, como su casco, como su mono. Rodeado por sus padres, de su inseparable mánager, el bicampeón va sintiendo el adiós ante el instante de dejar el 'paddock' en la noche del domingo. Será el momento en que afloren las emociones, el verdadero adiós, intuye. Puede que sienta tristeza, nostalgia o alivio, pero, en ningún caso, la enorme rabia, decepciónlas lágrimas que envolvieron su cara aquella fatídica noche de 2010, en este mismo 'paddock', cuando se le escapó entre los dedos el tercer título. Fue le principio del fin en Ferrari, el inicio de la cuesta abajo.

Había remontado de forma magistral en las últimas carreras de una temporada trepidante que abordó su último GP con Mark Webber, Sebastian Vettel, Lewis Hamilton y el propio Alonso con opciones al título. Le bastaba con hacer podio si Webber ganaba, con ser cuarto si lo hacía Vettel. Es verdad que para aquel final, los dos McLaren y los dos Red Bull eran más rápidos que el Ferrari, pero Alonso manejaba la carrera con maestría justo por delante de Webber, en posición de ser campeón. Un pinchazo del australiano le hizo entrar prematuramente en boxes, el pánico se adueñó de Ferrari y el jefe de estrategia decidió que Alonso entrara también a boxes. Adiós al título. Volvió a pista en mitad del tráfico, sin poder adelantar al Renault de Vitali PetrovChris Dyer, el responsable de estrategia, fue despedido al día siguiente, cuando Alonso aún mascullaba el tremendo error de sus ingenieros.

Fue una noche dura, larga, la peor, recuerda Luis García Abad, su mánager, la persona que intentaba consolar a Alonso junto con Fabrizzio Borra y Edo Bendinelli, sus preparadores. Inconsolable. Alonso ya había perdido una buena oportunidad de ser campeón en el 2007 y sabía lo difícil que es disfrutar de ocasiones así en F-1. Ferrari y Fernando se merecían ese título, recuerda Luca Cordero de Montezemolo, entonces presidente, el mismo que dijo que aquella derrota nos hará más fuertes. Al contrario. Si Fernando hubiera ganado aquel título, que tanto se merecía, la historia hubiera cambiado por completo. Hoy estaríamos hablando de otra cosa, recuerda Stefano Domenicali, entonces jefe de equipo. Fue el final más amargo para la mejor temporada en F-1, fue la más feliz, recuerda García Abad. Alonso había sido bicampeón con un equipo pequeño, y en 2010 estaba en la cima, liderando al equipo más popular, en la situación que todo piloto de la F-1 sueña.

Montezemolo y Domenicali apostaron por llevar a Alonso, al que consideraban el mejor piloto de la parrilla, a Ferrari, aunque la historia de amor entre la Scuderia y Alonso comenzó el mismo día, un 13 de diciembre de 1999, en el que Alonso se subió, por primera vez, a un F-1 en un lluvioso día en Jerez. Minardi había organizado una pruebas a jóvenes pilotos, ganadores de la F-3 y el Open Nissan. Cesare Fiorio, exdirector deportivo de Lancia, Ferrari, Ligier, Prost y Minardi, estaba presente en las pruebas. Vio aquel chico de 18 años frenando en el mismo sitio que Barrichello con el Ferrari, aventajando en segundos a sus rivales y llamó a Maranello de inmediato: Aquí hay un diamante. Meses después, durante su temporada en F-3000, Ferrari le hizo una oferta que contemplaba un año en la escudería de Prost, y otros dos como probador en Ferrari, pero Alonso prefirió la oferta de Flavio Briatore: un año en Minardi y después a Renault.

Jean Todt, entonces jefe de Ferrari, nunca se lo perdonó. Mientras yo esté aquí, no vendrá nunca, dicen que repetía en las oficinas de Maranello, porque el nombre de Alonso se ligó a Ferrari desde la primera victoria del asturiano en 2003, un runrun que se hizo diario en el 'paddock' con sus titulos de 2005 y 2006, un clamor cuando McLaren le maltrató en 2007. Era el reemplazo natural de Michael Schumacher y todo el mundo lo sabía en el 'paddock'.

Todt dimitió en la primavera de 2008, y Alonso se había ido por las bravas de McLaren tres meses antes. Todo encajaba por fin. En el verano de 2008, Alonso firmó un contrato con Ferrari en Lugano, y se tomó con calma el año y medio que le quedaba por delante en Renault. Además, se llevó a Maranello el patrocinio de Banco de Santander, unos 45 millones anuales, mucho más de los 28 que cobraba anualmente. Puede decirse que llenó los bolsillos de Ferrari en sus cinco años vistiendo de rojo.

Todo giraba entorno a Alonso en Ferrari y eso empezó a levantar ampollas. Ferrari es mucho mas que sus pilotos, se escuchaba en Maranello. La temporada 2011 comenzó con un dominio avasallador de los Red Bull y sus escapes sopladores, que se prohibieron antes de mitad de temporada, en el Gran Premio de Gran Bretaña, justo en el que venció Alonso. Aún había tiempo para remontar frente a Vettel, pero Ferrari firmó un acuerdo para que el invento de Red Bull volviera a ser legal. Fue una puñalada directa al pecho del asturiano.

Alonso cuajó su mejor temporada al año siguiente. El coche no era tan competitivo como el Red Bull o McLaren, pero el excepcional pilotaje de Fernando nos mantuvo con opciones hasta el final, recuerda Domenicali. Alonso hubiera sido campeón si Grosjean no se lo lleva en la salida de Bélgica, o si Raikkonen no le pincha la rueda en Japón. De esa temporada recuerda el asturiano su mejor carrera, Valencia: Gané con un coche que era para acabar sexto y doblé a mi compañero. Pero se hartó de que Ferrari anunciara mejoras en cada carrera, cuando en realidad, el coche era cada vez peor.

NEWEY, EL GRAN ADVERSARIO

No lucho contra Vettel, ni contra ningún piloto, yo lucho contra Adrian Newey, dijo en el GP de la India en relación al diseñador de Red Bull. Fue una bomba de relojería. Fernando es muy competitivo, exigía el máximo al equipo, y no todo el mundo lo entendió, recuerda Domenicali. Alonso llegó con opciones a la última carrera de Brasil en la que, durante más de dos tercios de las vueltas, era campeón. Imposible. Con ocho puntos más, ahora tendría cinco títulos, suele decir en relación a los campeonatos que se le escaparon en 2007, 2010 y 2012.

El asturiano había perdido la confianza en Ferrari, y acabó de rematarlo al año siguiente, cuando la Scuderia tenía un coche competitivo Alonso se colocó a 15 puntos del liderato de Vettel tras ganar en España hasta que los jefes de Maranello volvieron a firmar un acuerdo para cambiar la construcción de los neumáticos en favor de los que más convenían a Red Bull: otra puñalada que desangró la relación entre el piloto y el equipo.

UNA RELACIÓN MUY RETORCIDA

Su contrato finalizaba en 2016, y al año siguiente, en pleno dominio ya de Mercedes y los motores híbridos, Marco Matiacci, que había sustituido al cesado Domenicalli, ofreció a Alonso la renovación hasta 2019. Fernando ya había perdido la fe en poder ganar con Ferrari, recuerda Montezemolo, y Vettel ya había venido a verme loco por fichar por Ferrari. Fue entonces cuando Alonso dijo a Matiacci: OK, renuevo, pero con una cláusula por la que me pueda ir si el coche no es tan competitivo como prometes. Y Matiacci enloqueció. La relación se enquistó hasta el punto de que llegaron a un acuerdo para rescindir los dos años que restaban. Alonso se despidió de la Scuderia en Abu Dabi siempre aquí (Matiacci fue cesado poco después), emprendió el camino hacia McLaren y Ferrari nunca más disputó el título hasta la última carrera, una historia que hubiera cambiado con un título aquella noche de Abu Dabi 2010, insiste Domenicali.

Todos esos recuerdos se agolparán en su cabeza cuando mañana por la noche abandone este 'paddock' marcado por las despedidas.