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PSICOLOGÍA

Autoestima en niños: así puedes potenciarla

La autoestima infantil determina la calidad de las relaciones que se tendrán en la adolescencia y la vida adulta

 

Un niño mira la televisión. - 123RF

ÁNGEL RULL
17/04/2019

El pleno desarrollo de un niño implica factores no solo relacionados con su seguridad y supervivencia. Factores como las emociones, el apego, la atención o el cariño influyen en cómo evolucionan y las habilidades que tendrán en el futuro. En estos factores entra en juego la autoestima, la capacidad de valorarse y respetarse de forma activa, sin basarlo en la percepción externa.

La autoestima, una necesidad universal, se desarrolla de forma acumulativa. Las experiencias que una persona vive a lo largo de los años junto a su educación y su cultura van conformando esta actitud. Aunque pueda parecer algo pasivo, se puede poner el foco en ella día a día para fortalecerla y potenciarla. De esta forma, el niño alcanzará un pleno desarrollo.

CAUSAS EN NIÑOS

La autoestima es un factor imprescindible para poder tener una buna relación con los demás y con nosotros mismos. Está formada con las experiencias y ciertos eventos puede deteriorarla. Aunque los niños cuentan con una elevada dosis de resiliencia, sí pueden interiorizar los acontecimientos y su autoestima quedaría dañada.

¿Qué causas hay cuando un niño desarrolla baja autoestima?

POTENCIA SU AUTOESTIMA

La autoestima se desarrolla durante toda la vida y en cada etapa hay factores que la pueden hacer más fuerte o más vulnerable. Sin embargo, una etapa especialmente sensible es la niñez, ya que no se analizan de forma tan real los acontecimientos y se tiende a pensar que todo lo que ocurre se debe a ellos mismos. Es aquí donde los padres pueden empezar a contrarrestarlo mediante pequeñas pautas que puedan fortalecerla.

¿Cómo pueden potenciarse la autoestima en niños?

1. Evita las etiquetas

La tendencia general es la de etiquetar tanto los comportamientos como a las personas. Estas etiquetas acaban siendo generales y fijas. Por ejemplo, a los niños se les etiqueta con palabras como bueno o malo, estudioso o vago, inteligente o cariñoso. Estas etiquetas hacen que el niño se forme una idea cerrada de lo que él representa a nivel familiar y social. Estas etiquetas, aunque a veces parezcan positivas, crearán un estigma con el que en la vida adulta tendrán que lidiar. Por eso, es conveniente evitar cualquier etiqueta. Nadie es definido por sus actos.

2. No compares

Cada niño tiene una serie de habilidades y fortalezas que lo hacen único. Aunque ciertas condiciones puedan parecer mejor en otros niños, no es conveniente evidenciarlo. De hecho, como padres hay que evitar esa comparativa y si nuestro hijo la hace, debemos apoyarnos en todos lo que él sabe hacer de forma correcta.

3. Espacio para las emociones

En la vida adulta, creemos estar convencidos de que sabemos gestionar y entender bien nuestras emociones. Sin embargo, no siempre es así. Se debe a que de niños no tuvimos un espacio necesario para poder comprender lo que nos pasaba y cómo podíamos hacer para gestionarlo de otra forma. Como no queremos lo mismo para los más pequeños, debe haber un clima de seguridad donde se puedan expresar y donde podamos ayudar a ver qué es lo que les ocurre, por qué les ha ocurrido y cómo pueden hacerlo para solucionarlo.

4. Logros

El sentimiento de valía surge del reconocimiento de los logros, que en la niñez debe partir de los padres y profesores. Cada cosa que ellos hagan y en la que se superen, por pequeña que sea, debe ser valorada y premiada, no siempre con bienes materiales, sino con un refuerzo afectivo y verbal.

5. Sé un ejemplo

Queremos mostrar ante nuestros hijos una apariencia de seguridad y fortaleza que no es real. Ante días malos o acontecimientos negativos, les decimos que no pasa nada. Los niños ven que algo ocurre e interpretan que los problemas deben quedarse dentro de uno mismo y ser siempre fuertes. Debemos hacerles ver que hay días malos, que también lloramos o nos enfadamos y que no siempre sabemos cómo gestionar lo que nos ocurre pero que estamos aprendiendo a hacerlo.

La autoestima, esa evaluación subjetiva que la persona hace sobre sí misma, es especialmente sensible en la niñez, donde diversos acontecimientos cotidianos la van conformando. Esto repercutirá en los próximos años y determinará la forma que la persona tendrá para enfrentarse al mundo. Como padres, debemos ayudar a que crezcan emocionalmente seguros, fortaleciendo su autoestima con pequeños pasos introducidos en el día a día.

   
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