Un valenciano, un vasco y un gallego. Podría ser el inicio de un gran chiste, entre otras cosas porque no hay en el mundo tres personas que se rían más que ellos, que se lo pasen mejor que ellos pese a estar más de 250 días alejados de sus casas, dando la vuelta al planeta convertidos en el mejor restaurante con ruedas del mundo y, sobre todo, tratando de ofrecer, no solo la mejor comida del Mundial de motociclismo, sino la mesa más agradable del paddock. Michelin, que confecciona la mejor guía de restaurantes del mundo, tiene, en el campeonato de las dos ruedas, al único cocinero que merece vivir en ese firmamento estrellado y que, simplemente, tiene la misión de alimentar a técnicos e ingenieros de la firma de Bibendum y, por la noches, organizar cenas para las estrellas de MotoGP donde, descartado el menú del mediodía, integrado por ocho primeros y ocho segundos (deliciosos postres, al margen), se degusta alta cocina en la que no puede faltar el arroz con pato, setas y foie, el plato estrella de la casa.

Ante ustedes, el cocinero valenciano Ángel Escobar, de 40 años, aprendiz en el Mesón Escobar de Valencia, un bar de tapeo delicioso. Escobar no es solo autodidacta en los fogones, también lo es en su particular estilo de vida, pues se pasa la vida, no solo cocinando en un pasillo estrecho del camión-restaurante de Michelin («donde no me falta de nada»), sino montando y desmontando su firmamento de estrellas, junto al vasco Eneko Mikel, su pinche, y el gallego, de Orense, Diego Portela, su camarero.

El comedor tres estrellas Michelin de MotoGP, propiedad de Dani Devahive, está en todos los grandes premios y, desde ya, en los eventos de prestigio de la marca de neumáticos, que se ha dado cuenta de que los fogones de Escobar mejoran (y mucho) la imagen de la firma.

Escobar considera que el éxito de su restaurante ambulante se centra, no solo en la calidad de sus productos sino también o, sobre todo, en la libertad de acción que le conceden tanto Devahive como Piero Taramasso, jefe de Michelin en los circuitos. «Somos los únicos del paddock que nos adaptamos al mercado del país, del entorno y del circuito donde estamos. No traemos nada preparado y cada día vamos al mercado más cercano», cuenta el cocinero valenciano, que admite todos los consejos del mundo «y más».