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Pizza y milanesa: la comida 10 de Maradona

'El Pelusa', hombre de gustos sencillos, también se pirraba por el risotto, el churrasco y alfajor de maicena

 

Maradona que sostiene una réplica de la Copa del Mundo en su época como técnico de los Dorados de Sinaloa, el 6 de noviembre del 2018, durante una cena en la que no faltó el vino, una de sus bebidas favoritas. - JUAN CARLOS CRUZ (EFE)

FERRAN IMEDIO
25/11/2020

Los futbolistas de élite nunca han sido, en general, unos grandes gourmets. Dani Alves es una de las excepciones, y siempre sonríe con cariño cuando explica la anécdota de que durante las primeros tiempos de Neymar en el Barça se lo llevaba a cenar a buenos restaurantes. "Tenía que regañarle porque se comía el pan que le ponían en la mesa antes de que llegaran los platos". Diego Armando Maradona, por lo que se conoce, era más del club de Neymar que del de Alves. Aunque con matices: igual se volvía loco con una milanesa de su madre, doña Tota, que, ya millonario, disfrutaba en afamadas casas de comida. 

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Cuando estaba en Barcelona, 'El Pelusa' era cliente asiduo de La Pizza Nostra, un restaurante que estaba en el cruce de las calles de París y Aribau y que fue el germen del actual La Pizza del Born, en el paseo del mismo nombre. Como este, aquel servía pizzas al estilo argentino (con muchos ingredientes y con una masa más gruesa que las italianas pero menos que las estadounidenses), no tenía mesas y sillas al uso, los clientes debían hacer su pedido y sentarse en taburetes para comerlas.

COMIENDO PIZZAS DE PIE

Todos los argentinos que vivían en la ciudad iban a La Pizza Nostra. También Maradona, recuerda a este diario Daniel Cuasnicú, dueño del restaurante. Eso sí, con su inseparable confidente y primer representante, Jorge Cyterszpiler, y un numeroso grupo de amigos. Comían de pie, o como dicen los argentinos, de 'dorapa', que es 'parado' al revés, una manera de expresarse muy propia del país sudamericano. Allí, el 'crack' se sentía como uno más porque no se generaba revuelo por su presencia. Aunque alguna vez pidió cerrar el local para estar a solas con su gente.

Su fichaje por el Nápoles, capital mundial de las pizzas, colmaron sus deseos gastronómicos. Retorciendo la conexión fútbol-gastronomía, podría decirse que fue un estómago agradecido, pues devolvió en el césped la felicidad que sentía frente a un plato tan redondo como un balón: dos 'scudettos' y una copa de la UEFA.

GASTÓ SU PRIMER SUELDO EN INVITAR A COMER PIZZA A SU MADRE

Pero su pasión por las pizzas venía de mucho más atrás. De cuando era jovencito, cuando deslumbraba con sus regates en Argentinos Juniors y se las zampaba en La Blanqueada (un local inaugurado en 1802 que cerró en el 2018), en Buenos Aires. De hecho, se gastó su primer sueldo, con 16 años, invitando a su madre a comer a la pizzería La Rumba.

"Me gasté todo el sueldo con mi vieja. Nos comimos todo y nos tomamos todo, Parecíamos Bill Gates y mi vieja parecía la reina Sofía". Cuando decía que "tomaron" se refería a una gaseosa gigante de una "marca americana". "¿Y qué querés? De chicos pasábamos hambre en Fiorito. Comíamos carne una vez al mes. El 4, cuando cobraba mi viejo".

DIETA ESTRICTA TRAS UN 'BYPASS' GÁSTRICO

Vista su tendencia al sobrepeso, probablemente no debía de comer platos muy saludables. Recuerda Guillermo Coppola, que fue gran amigo y mánager de Diego, el futbolista tenía un apetitto "voraz". "Me acuerdo que Doña Tota, que en paz descanse, nos hacía milanesas de surubí. Y un día hicimos una competencia, yo comí 12, tamaño normal, y Diego comió 18". Una escena de gula descrito por quien algunos medios señalan "el hombre que llenó de coca a Maradona".

A principios de los 2000 llegó a pesar 120 kilos (recordemos que apenas medía 165 metros de altura), lo que le obligó a someterse a un 'bypass' gástrico y una dieta estricta gracias a los que consiguió rebajar 50 kilos. Corría el año 2005.

ANTOJO DE RISOTTO

Años después ganó un poco de peso, pero sin llegar a la obesidad que le hizo pasar por quirófano. Sus caprichos tenía, y eso lo saben bien en el restaurante Los Argentinos, de Culiacán (México). Cuando 'El Pelusa' entrenaba al Dorados, tuvo un antojo. Lo recordó a ESPN Rodrigo Latorre, dueño del establecimiento. "Eran las 7 de la tarde que querían (del club) para las 8.30 carne magra para el Diego". Latorre cuenta que no fue lo único que le pidieron: "Además del asado, Maradona quiere risotto". Un plato que probablemente descubrió en Nápoles.

Como la especialidad del restaurante es la parrilla, le pidieron a sus amigas Adriana y Rita que lo hicieran. Compraron el arroz, los quesos y champiñones y lo cocinaron. Y se lo llevaron al hotel. Maradona, según Latorre, estaba tan contento con el 'delivery' que recibió los platos con cantos y risas. Tanto le gustó que pidió lo mismo para el día siguiente. Y el tercero. Hasta el punto que Latorre le pidió a su mujer que aprendiera a hacer el risotto como Adriana y Rita.

MILANESAS, VACÍO CON PIMIENTA Y SAL, CHURRASCO...

Un caso de libro de eso que llama fidelizar al cliente. Porque así fue. Maradona comía los platos que salían de la cocina de Los Argentinos, eso sí, siempre platos que le pirraban, como las milanesas napolitanas, el vacío con pimienta y sal, el churrasco, el pollo estofado... Y de postre, el alfajor de maicena... Para beber, vinos y champán.

Ya lo saben en el cielo. Que vayan preparando el menú.

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