El único caso penal abierto contra Kevin Spacey, al que desde el estallido del #MeToo más de dos decenas de hombres jóvenes han acusado de abusos y otras conductas sexuales inapropiadas, se ha desmoronado como un castillo de naipes. La fiscalía que dirigía desde diciembre del 2018 el caso en el Tribunal de Distrito de Nantucket (Massachussetts) retiró el miércoles el cargo de «asalto indecente» con el que había imputado al oscarizado protagonista de American Beauty.

La decisión se esperaba desde la semana pasada, cuando la viabilidad del caso quedó en entredicho al negarse a seguir declarando el joven que acusó a Spacey de haberle emborrachado y tocado los genitales en 2016 en un restaurante donde él, que entonces tenía 18 años, era camarero. En la raíz de su silencio estaba la desaparición de su teléfono móvil, del que la defensa de Spacey sospecha que el joven o su familia borraron imágenes y mensajes que podrían haber contribuido a exonerar al actor, que defiende que lo único que pasó fue «flirteo consensuado».

La madre del acusador, una antigua presentadora de televisión de Boston, ha reconocido que borró imágenes embarazosas del teléfono de su hijo antes de dárselo a la policía pero ha asegurado que no estaban vinculadas al incidente. Aunque la policía devolvió el móvil al padre, la familia dice que no lo encuentra.

Cuando durante el juicio el abogado de Spacey, Alan Jackson, recordó al joven que la manipulación de pruebas es un crimen este decidió acogerse a la quinta enmienda, que permite no declarar para no incriminarse. Unos días antes ya había retirado una demanda civil, solo seis días después de presentarla. Y el juez cuestionó entonces que la fiscalía pudiera proseguir, algo que se ha confirmado.

Spacey que perdió su papel en House of Cards, fue borrado y reemplazado en la película Todo el dinero del mundo cuando empezaron las denuncias y no ha vuelto a trabajar queda libre de momento, de procesos penales.