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ENTREVISTA

Xavier Sardà: "A mi edad, solo vuelvo a un plató con algo como Juego de niños''

TVE-1 recupera el mítico programa que se basaba en las surrealistas definiciones que hacían los niños de cosas cotidianas

 

Xavier Sardà, en el plató del programa Juego de niños. - TVE

INÉS ÁLVAREZ
04/05/2019

Durante  años, Xavier Sardà (Barcelona, 1958) estuvo al frente de 'Crónicas marcianas', un programa que marcó un antes y un después en la historia de la tele, pese a las críticas que tuvo que soportar en los últimos años. Pero antes había presentado  'Juego de niños', que supuso su debut en la pequeña pantalla tras ganar un Ondas con la radio. Ahora, desde este sábado, 4 de mayo, (TVE-1, 22.05 horas) vuelve con ese mítico espacio y está como niño con 'gallifantes' nuevos.

Lo ha logrado. Se le veía indignado cuando en el 2013 no pudo ser. No pudo ser, no.  Yo presumía que era un momento que políticamente no…  A pesar de que estuvimos meses preparándolo y que era un programa muy blanco y una idea muy óptima para TVE. Porque, ya veremos si ahora funciona, pero es un 'show' muy blanco, muy familiar y moderno. Sin embargo, entonces alguien consideró que no era óptimo y se abortó. Pero ahora estamos aquí.

A usted le hacía mucha ilusión. Claro. A mi edad,  ahora que disfruto con La Sexta y las tertulias --que no pienso dejar--, volver a un plató tiene que ser con algo como esto. Tiene sentido que regrese Juego de niños con Sardà, que hizo las últimas dos temporadas. Es un 'pack' que creo que tiene pies y cabeza. Y nos lo hemos pasado muy bien haciéndolo. 

¿Y creen que han conseguido mantener la esencia? Piense que es un mito de la televisión...  Creo que sí. El principio del programa es el 'Juego de niños' estrictu sensu. Una competencia muy divertida entre dos famosos  en la que se tiene que adivinar a qué se están refiriendo los pequeños. Y a partir de aquí se va complicando. Es que el programa originario de hace 30 años duraba 25 minutos, mientras que este dura una hora y media. Es un verdadero game show con la infancia como protagonista. 

¿Y con qué se llena el resto? Hay otras pruebas. Tenemos una sala de juegos con niños muy pequeños, de 2, 3 o 4 años, a quienes dejan ahí sus padres y los famosos deben adivinar qué sucederá. Otra va sobre recuerdos de la infancia de los famosos: de los tres que cuentan, deben adivinar cuál es el auténtico. Y luego se pasa de la teórica a la práctica, ya que se tienen que disfrazar en un probador y coincidir con lo que se pondrá un niño. Y hay otra prueba final, muy emocionante, en la que se debe superar un panel de ocho definiciones hechas por niños  en tres minutos, y suman 1.000 gallifantes. ¿Y por qué es importante ganarlos? Porque se convierten en dinero que va a oenegés y entidades benéficas. Con lo que el objetivo final es muy positivo. 

No podía faltar el gallifante, moneda de cambio más querida que el euro. No habría sido lo mismo. Naturalmente. Y se  ha mantenido  el diseño clásico. Le hemos dado  muchas vueltas y hemos llegado a cerrar el círculo diciendo: «Ese es el gallifante». Que para mí es como la magdalena de Proust. Cuando en esta edición dije por primera vez: «¡Has ganado 20 gallifantes!», fue como si el tiempo no hubiese pasado (ríe). Como si estuviese como hace 30 años. 

Ahora ha aceptado sin pensárselo. ¿Le pasó lo mismo entonces? Dudé mucho. El primer año no lo quise hacer. Yo hacía radio. Ya había ganado un premio Ondas y lo mío era la radio. Joan  Ramon Mainat y Enric Lloveras se fueron a Sant Cugat y me dijeron: «¡Haz Juego de niños!». Pero no me atreví. Y el segundo año sí, pero a regañadientes. Porque pensaba que una cosa es hacer radio y otra es sonreír delante de una  cámara y comportarte con naturalidad. Y, luego, otra cosa: me asustaba ser conocido/famoso. Era una duda atómica. Ahora ya… 

Los primeros presentadores fueron Amparo Soler Leal, Tina Sáinz…  Y el tercero, Ignacio Sala, que lo hacía muy bien. Mi héroe. 

Lo único que no se repite son aquellas sillas gigantes que hacían parecer pequeñitos a los famosos. Tan XXL como las hombreras ochenteras de sus chaquetas. No, eso no. Aquel era un decorado maravilloso de Javier Mariscal.

Decorado de Mariscal, invitados como Pedro Almodóvar y Montserrat Roig... Todo era de nivel. Sí, había un nivelazo.

¿Recuerda alguna frase ingeniosa de las que soltaban los niños? Pedrito era uno de los tremendos en sus definiciones. Pedrito era aquel niño al que le salían los gallifantes de la bata en la carátula. ¿Se acuerda?  Y ahora ha estado aquí.

Porque otra de las novedades es que recuperan a niños de otras ediciones que ya están creciditos. Claro. Hay una sección en la que vemos un vídeo de hace 30 años, o 29 o 28, y sale la persona ahora con 35 (ríe). Es algo muy bonito.

¿Los críos de ahora son tan inocentes como los de hace 30 años? Estos son pequeños. De 5 a 9 años. Ahora tienen la cultura de la pantalla, de la tableta... están más alejados de la realidad. Están muy en el mundo virtual. Son más rápidos mentalmente, pero antes, cuando los padres veían el 'Telediario', los niños lo veían también y sabían quién era Fraga y tal . Sabían más, pero de esto, ¿eh?

¿Nos seguirán sorprendiendo? Sí. Además, el equipo ha encontrado pequeñas historias, piezas que en sí mismas tienen un valor incalculable. Hay niños muy sabios. 

¿Y si le propusieran revivir también 'Crónicas marcianas'? No, eso no. Ya soy mayor. Algo diario, no.

¿Acabó agotado del programa? Fue una época apasionante, ¿eh? Pero el horario era muy duro. Yo el biorritmo lo tengo cambiado. Hoy, por ejemplo, me he levantado a las siete menos cuarto... 

¿Sigue defendiendo, 14 años después del último programa, que aquello no era telebasura? ¿Todo? ¿Durante todos los minutos de todos los días de todos los años?

¿Se acabó convirtiendo, quizá? Si ese es su criterio… Yo lo respeto. 

Es lo que se dice... La gente tiene que tener la libertad de poder decir lo que le parezca. 

Aunque si tenía una cuota de un 40%, es porque muchos lo veían. Cada uno ponía su bolsa de basura. Si es que todo es telebasura, que yo niego la mayor, claro.

Esa cifra ahora es impensable… Y entonces ya era un logro, porque ya  había otras cadenas. Sí. Pero cuando el atentado de Madrid, la muerte de Ernest Lluch o el No a la guerra... Creo que llamarlo telebasura se hace con mala intención.

En La Sexta Noche también tiene a un par de niños para pelear: los tertulianos Inda y Marhuenda. Sí, claro. Son fantásticos. Todos somos niños que nos hemos hecho mayores. Pero somos niños. Y me enfado, sí, pero me lo paso muy bien.