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CASCADA DE EFECTOS

El caos por el cierre parcial del Gobierno de EEUU llega a los aeropuertos

Crecientes bajas entre los controladores aéreos provocan una cascada de retrasos y desvíos en la costa este. La Agencia Federal de Aviación asegura que se mantiene la seguridad del transporte aéreo

 

Imagen del aeropuerto Ronald Reagan de Washington. - AFP / ANDREW CABALLERO-REYNOLDS

IDOYA NOAIN
25/01/2019

La cascada de caóticos efectos del histórico cierre parcial del gobierno de Estados Unidos, que empezó hace cinco semanas, es el más largo de su historia y tiene a 800.000 empleados públicos sin trabajar ni cobrar o haciéndolo sin recibir salario, sigue creciendo. Este viernes, sin avances en las negociaciones políticas que hagan previsible una solución inminente, la onda expansiva de la crisis se ha hecho evidente en importantes aeropuertos del noreste del país, incluyendo el de La Guardia en Nueva York, donde se han multiplicado los retrasos conforme las autoridades decidían restringir temporalmente los vuelos tanto de llegada como de salida por la falta de personal.

La Administración Federal de Aviación (FAA por sus siglas en inglés) ha explicado en un comunicado que está experimentando un “ligero incremento de bajas por enfermedad” entre los controladores aéreos que trabajan en dos instalaciones en Florida y Washington. Aunque la FAA asegura que ha “mitigado el impacto reforzando personal, redirigiendo tráfico aéreo e incrementando el espaciamiento entre vuelos cuando es necesario” y subraya que ha habido “impacto mínimo en la eficiencia a la vez que se mantienen niveles consistentes de seguridad”, el caos de retrasos y cambios de rutas ya se siente en La Guardia, en el aeropuerto de Newark y en los de otras ciudades como Filadelfia.

Aunque muchos empleados públicos que han sido etiquetados como “esenciales” siguen yendo a trabajar sin cobrar ha crecido significativamente también el número de los que llaman enfermos o no se presentan en el trabajo. Con apuros para hacer frente a gastos básicos, muchos están buscando métodos alternativos para conseguir ingresos, incluyendo desempeñar otros trabajos temporales o lanzar campañas buscando donaciones benéficas en internet.

 

INCOMODIDAD Y ALERTA DE SEGURIDAD

La difícil situación en los aeropuertos ya se había hecho evidente por las bajas crecientes entre los 51.000 empleados de la Agencia de Seguridad en el Transporte (TSA), que realizan los controles antes de los embarques. El tiempo de espera para pasar esos controles se ha disparado en aeropuertos como el de Atlanta, el más transitado del país, que el fin de semana que viene debe hacer frente a la llegada de espectadores de la Superbowl, la cita deportiva más importante del año. En Miami los problemas de personal llevaron a la decisión de cerrar una terminal.

Más allá de la incomodidad , no obstante, la verdadera alarma ha saltado por cómo los efectos del cierre están afectando a la seguridad aérea. Hace solo dos días el principal sindicato de controladores aéreos, que ya incluso antes del cierre denunciaba la falta de personal, emitió un comunicado de alerta asegurando que la situación “no tiene precedentes”. “En nuestra industria alérgica al riesgo no podemos siquiera calcular el nivel de riesgo que enfrentamos ni predecir en qué punto fallará todo el sistema”, advirtieron.

El presidente, Donald Trump, cuya obcecación con conseguir 5.700 millones de dólares para el muro en la frontera con México llevó al bloqueo presupuestario que ha provocado el cierre, ha sido “informado” de la situación, según ha explicado en un comunicado Sarah Huckabee Sanders, la portavoz de la Casa Blanca, que asegura que están “en contacto regular con los mandos de la FAA”.