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La ultraderecha en el poder

Continúa en caída libre la popularidad de Bolsonaro

Tres meses después de asumir el cargo se empiezan a percibir grietas en su Gobierno. Los sondeos indican que solo un 35% de la población brasileña aprueba su gestión

 

Bolsonaro saluda a la entrada a una ceremonia, ayer en Brasilia. - AFP / EVARISTO SA

ABEL GILBERT
06/04/2019

La popularidad de Jair Bolsonaro está en caída libre en Brasil. Según una encuesta divulgada ayer por XP Inversiones, solo un 35% de los consultados tienen una buena opinión del presidente ultra. Semanas atrás, la aprobación del exmilitar era del 40%. Para Ibope, en cambio, solo un 34% avalan la actual gestión.

Nunca antes desde el 2003 un jefe de Estado acumulaba tanto rechazo en los tres primeros meses de gestión. Los analistas auguran una depreciación mayor. Bolsonaro tiene problemas serios para hacer realidad el sueño del sector financiero que lo sostiene: la reforma del sistema de pensiones.

Un mes después de haber asumido el poder, el 1 de enero, solo un 17% de los brasileños lo veían con malos ojos. En abril ya se acercan al 30%, señala XP Inversiones. Un 32% de los brasileños creen que su presidencia es regular. El efecto Bolsonaro en la sociedad sigue siendo, no obstante, todavía potente: un 89% de los entrevistados desconfía de los partidos políticos tradicionales.

Por el contrario, un 66% confía en las Fuerzas Armadas. Los militares son de hecho un contrapoder dentro del Palacio Panalto, al punto de manejar ocho ministerios. El mandatario tuvo que desmentir en las últimas horas fricciones con su vicepresidente, el general retirado Hamilton Murao. «Somos amigos hace 40 años», afirmó.

Bolsonaro recibe aplausos en Jerusalén y Washington, pero las críticas internas empiezan a provocar grietas dentro del propio Gobierno. De hecho, el presidente anunció que su ministro de Educación, Ricardo Vélez, debe abandonar el cargo la semana próxima. «Es honesto, pero le está faltando gestión, que es muy importante». Vélez llegó al Ministerio con el mandato de realizar una profunda depuración pedagógica de carácter decimonónico. «No voy a entregar el puesto», avisó el ministro. Se le asocia al filósofo ultraconservador Olavo de Carvalho, quien tiene una enorme influencia en las nuevas estructuras de poder.

El presidente brasileño, un militar retirado, acaba de reconocer las fricciones que existen entre el núcleo militar de su Gobierno y lo que llamó los «olavetes» y que, de acuerdo con el diario paulista Folha, representan el «ala ideológica» del bolsonarismo. Lo cierto es que De Carvalho, quien reside en EEUU, no deja de deslizar opiniones negativas sobre algunos de los generales que acompañan a Bolsonaro.

Olavo, sus discípulos y nada menos que el diputado Eduardo Bolsonaro (PSL-SP), hijo del mandatario, han fortalecido sus lazos con Steve Bannon, el exasesor de Trump. Uno de los principales olavetes dentro del Gobierno es el ministro de Exteriores, Ernesto Araújo. Su padre, Henrique Fonseca de Araújo, fue fiscal de la última dictadura militar (1964-85). Se lo recuerda entre otras cosas porque en 1978 obstaculizó la extradición de Gustav Franz Wagner, un nazi que se desempeñó como subcomandante del campo de concentración Sobibor en Polonia y fue considerado responsable de 250.000 muertes.

 
 
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