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FINAL FELIZ

La joven saudí que huía de su familia, llega a Canadá

Gracias a la campaña de Twitter #SaveRahaf, la adolescente se encuentra a salvo

 

Rahaf, junto a oficiales de inmigración de la ONU en el aeropuerto de Bangkok. - AFP

ANDREA LÓPEZ-TOMÀS
12/01/2019

Rahaf al-Qunun, la joven saudí que huyó de su familia y se atrincheró en una habitación de hotel en Bangkok (Tailandia), ha llegado a Canadá. La joven pasó a ocupar todos los titulares cuando el pasado sábado pidió asilo político en su cuenta de Twitter por el miedo de las represalias de su familia en Arabia Saudí al abandonar el islam.

La adolescente de 18 años ha llegado este sábado al aeropuerto internacional de Toronto-Pearson. El presidente canadiense, Justin Trudeau, anunció este viernes que Canadá concedía el asilo político a Al-Qunun respondiendo así a la petición del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados.

CAMPAÑA DE TWITTER

El final feliz de esta historia ha demostrado el poder de las redes sociales con una campaña que se inició en Twitter bajo el hashtag #SaveRahaf y que ha presionado a gobiernos y a organizaciones internacionales.

En su cuenta de Twitter, Rahaf al-Qunun pedía que se reconociera su estatus de refugiada frente al temor de volver a su país, Arabia Saudí, y enfrentarse a las represalias de su familia. La joven había abandonado la religión islámica, delito que se llega a castigar con la pena de muerte en la monarquía del Golfo.

HUÍDA CON FINAL FELIZ

La adolescente huyó de Kuwait, donde estaba de vacaciones con su familia, a Bangkok para dirigirse posteriormente a Australia para pedir asilo. Pero al aterrizar en la capital tailandesa, su pasaporte fue retirado por diplomáticos saudíes.

Tras el anuncio de las autoridades tailandesas de que sería retornada a Kuwait donde la esperaba su familia, Rahaf al-Qunun se atrincheró en la habitación de hotel del aeropuerto y lanzó su llamamiento por Twitter. Relató el miedo que sentía por volver a Arabia Saudí, donde había sufrido abusos por parte de su familia, como cuando fue encerrada durante seis meses por cortarse el pelo.

Su caso cayó en manos de periodistas y organizaciones internacionales, como Human Rights Watch, que ejercieron presión sobre las Naciones Unidas para que se le concediera el status de refugiada. Tras una semana de campaña con la implicación de destacadas activistas, Canadá concedió el asilo a Rahaf al-Qunun.