+
Accede a tu cuenta

 

O accede con tus datos de Usuario El Periódico de Aragón:

Recordarme

Puedes recuperar tu contraseña o registrarte

 
 
   
 
 

Análisis

El muro de la discordia

 

Rafael Vilasanjuan
21/01/2019

¿Cuánto estrés más podrán aguantar los empleados del Gobierno federal norteamericano? Mientras los de salarios más justos se han lanzado a créditos a precio de usura para llegar a fin de mes, el presidente Trump volvió a dirigirse a un país con la Administración parcialmente cerrada, para mostrar su voluntad intacta de construir en la frontera con México la valla mas grande del mundo ¿Cuánto puede aguantar la amenaza?

El cierre de servicios de la Administración es una de esas medidas que hace del sistema americano de equilibrios un modelo para evitar derivas autoritarias. Y esta lo es. Cuando no se aprueba un proyecto del presidente, o se negocia o el Gobierno federal deja de recibir fondos y sus funcionarios dejan de cobrar. Se paraliza la Administración pero también miles de contratistas tienen que suspender sus actividades, incluso cerrar sus negocios si no tienen reservas. En definitiva el país está sumergido en un invierno gélido. El coste es personal para millones de norteamericanos, pero para el país también. Lógicamente baja el consumo y el gasto. Por eso estos cierres parciales suelen durar poco. Unos días, una o dos semanas, pero nunca se había llegado a un mes. Este ya es el más largo en la historia de la primera potencia mundial y dejará huella.

Por poner solo un ejemplo, el 70% de los funcionarios que trabajan el acuerdo comercial entre Estados Unidos y China no han acudido durante todo este tiempo a las reuniones de negociación. Y mientras Donald Trump hablaba de una crisis humanitaria en la frontera con México, lo cierto es que todo el sistema de seguridad del país está en riesgo. Hay menos controladores aéreos y los guardacostas y empleados de fronteras están trabajando, pero sin cobrar. Algunas voces mas allá de Washington empiezan a entender que la emergencia no esta al sur de la frontera que Trump quiere sellar, sino al norte de esa valla soñada.

El precio político que puede suponer este cierre tan largo no va a ser menor, por eso intenta trasladar toda la presión a sus rivales demócratas con una nueva oferta. Pero, sin renuncia, el plan no pasa y con el país en suspenso, parece que hay síntomas de que este cierre haga mella entre sus votantes, al tiempo que ha puesto de manifiesto unas cuantas de las mentiras con las que ganó la campaña.

América primero era su lema y el muro en la frontera de México, símbolo de su poder. Poco importa que completar una pared de 3.000 kilómetros no sea la solución, ni que las cifras de los que entran por puertos y aeropuertos sea más del doble de los que lo hacen por la frontera del sur. Lo que importa es que prometió construir un muro. Dijo que lo pagaría México, pero ha llevado la factura a los americanos y es ahí donde los demócratas han puesto otro muro que el presidente no esperaba: Nancy Pelosi. La presidenta de la Cámara de Representantes sigue insistiendo que el que prometió Trump solo sirve para la discordia.

   
Escribe tu comentario

Para escribir un comentario necesitas estar registrado.
Accede con tu cuenta o regístrate.

Recordarme

Si no tienes cuenta de Usuario registrado como Usuario de El Periódico de Aragón

Si no recuerdas o has perdido tu contraseña pulsa aquí para solicitarla