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La UE descuida los Balcanes

La despreocupación europea en la región ha favorecido que Rusia y China hayan ganado influencia en la zona H A pesar de la integración de Eslovenia y Croacia en la UE y la OTAN, sigue habiendo tensiones

 

Belgrado 8 Un hombre ondea una bandera serbia, el 13 de abril. - AP / DARKO VOJINOVIC

ELISEO OLIVERAS
04/05/2019

Después de meses de retórica belicista serbia sobre Kosovo en busca de una remodelación de las fronteras, la cancillera alemana, Angela Merkel, y el presidente francés, Emmanuel Macron, volvieron a prestar un poco de atención a la potencialmente desestabilizadora región balcánica con una minicumbre en Berlín el 29 de abril.

El gran objetivo de la reunión fue evitar que los problemas de los Balcanes irrumpieran en la campaña de las elecciones al Parlamento Europeo en mayo, para que no empeoren el retroceso ya previsto para los partidos tradicionales gobernantes (populares, socialistas y liberales) de la UE en beneficio de la ultraderecha y la izquierda alternativa, debido al creciente malestar social ciudadano que no obtiene respuesta.

La minicumbre concluyó con el llamamiento a completar la normalización de relaciones entre Serbia y Kosovo, la promesa de una perspectiva europea para la región y la demanda de esfuerzos adicionales a los países balcánicos en democracia, libertad de prensa y lucha contra la corrupción. Sin embargo, ni la UE ni Alemania ni Francia tenían nada concreto que ofrecer a Serbia, a Kosovo y al resto de países para obtener los resultados reclamados.

A pesar de la integración de Eslovenia y Croacia en la UE y la OTAN y el ingreso de Montenegro y Albania en la OTAN, la región dista de estar estabilizada. Un ejemplo de ello es la persistencia de la disputa sobre la demarcación fronteriza terrestre y marítima entre Eslovenia y Croacia, pese a la sentencia del Tribunal Permanente de Arbitraje de La Haya del 2017. Croacia rechaza aplicar esa sentencia y el primer ministro esloveno, el liberal Marjan Sarec, acusa al presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, de mostrarse pasivo con Zagreb y defender el respeto del Derecho solo cuando le conviene, porque Croacia está gobernada por su mismo grupo político, el Partido Popular Europeo (PPE). Otros ejemplos de la inestabilidad son las marcadas tensiones políticas internas en Bosnia, Albania, Montenegro, Macedonia del Norte y en el principal país de la región, Serbia, con las manifestaciones de protesta semanales cada sábado en Belgrado desde el 8 de diciembre contra el autoritarismo del Gobierno y del presidente, Aleksander Vucic. Este sistema de protestas políticas ya se ha contagiado a Albania y Montenegro, con grandes manifestaciones en Tirana y Podgorica durante los meses de marzo y abril contra los respectivos gobiernos por corrupción.

Las maniobras diplomáticas de EEUU desde que John Bolton se convirtió en abril del 2018 en consejero nacional de Seguridad del presidente Donald Trump han alimentado la revitalización del antiguo proyecto serbio de redefinir las fronteras en base a criterios étnicos, con el objetivo puesto primero en Kosovo y después en una eventual integración de la República Srpska serbobosnia en una Gran Serbia. El presidente de Serbia, Vucic, y su homólogo de la República Srpska, Milorad Dodik, han evocado en los últimos meses el objetivo de unificar a todos los serbios dentro de las mismas fronteras.

La posibilidad de una remodelación étnica de las fronteras entre Kosovo y Serbia fue avalada por el Gobierno conservador-ultraderechista austriaco durante su gestión semestral de la UE en una cumbre en Alpbach (Austria) en agosto del 2018. Esta posibilidad obtuvo también el apoyo de Estados Unidos y de la responsable de la política exterior europea, Federica Mogherini, pero choca con el rechazo de Alemania y de los demás países balcánicos por el peligro de reactivar la violencia étnica. En la zona serbia del norte de Kosovo ha habido asesinatos de dirigentes serbios locales que no se plegaban al dictado ultranacionalista del Gobierno serbio.

La desatención de la UE a los Balcanes, la poca ayuda económica y el alejamiento de la prometida adhesión han favorecido que otras potencias ganen influencia en la región: Rusia ha revitalizado sus vínculos con Serbia e intenta entorpecer el ingreso de Macedonia del Norte en la OTAN; China, vía inversiones millonarias, ha multiplicado su poder político; y los países del Golfo y Turquía también han ampliado su influencia.