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DOBLES PAREJAS

Antonio Alcaide: «Con salvar una sola vida me daría por satisfecho»

 

Antonio Alcaide. - JAIME GALINDO

Ignacio Martín Ignacio Martín
29/11/2018

A la vieja usanza le llamarían ‘padre coraje’. Desde que falleció su hijo Raúl jugando a fútbol en Ranillas, pelea sin desmayo para que haya más desfibriladores. Este lunes donó uno al colegio Zalfonada. A su manera, empieza a salvar vidas.

—Hace ya cuatro años.

—Un poco más. Murió el 16 de noviembre del 2014.

—¿Qué recuerda de ese día?

—Iba hacia el campo de fútbol a verlo jugar y me llamó la mujer del entrenador para decirme que mi hijo estaba malo. Había estado enfriado y pensé que era poca cosa. Pero a los 10 minutos me volvió a llamar para decirme: «Tu hijo no sale, que no sale». Al llegar me encontré dos ambulancias y a varias personas tratando de reanimar a Raúl. Fue muy duro.

—¿Fue muy largo?

—Estuvieron de seis a ocho y media tratando de reanimarlo. Hubo un problema del que luego nos enteramos. Llamaron primero al 061 pero la ambulancia de Bomberos estaba ocupada. Así que llamaron al 112, que mandó una ambulancia sin nada, absolutamente nada. Imagino que sería de las de traslado de enfermos. Al cuarto de hora vieron que se habían equivocado y mandaron una UVI móvil. Pero era tarde. Entre unas cosas y otras habían pasado más de 35 minutos. Se equivocaron y se dieron cuenta. A los tres o cuatro meses obligaron a llevar desfibrilador a todas las ambulancias.

—¿Se puede asumir una muerte así?

—Estuve casi un año que no tenía ganas de nada. Pero mientras tanto fueron pasando cosas parecidas. En el Stadium Venecia, en El Salvador, el jugador del Gallur… En menos de seis meses, dos muertos y un chico que quedó con secuelas graves. Había entrado hace poco a la Asociación Española Contra La Muerte Súbita José Durán, donde aprendí a saber llevar esto, y pedí una comparecencia en las Cortés, una con Deportes en el Ayuntamiento y otra con la Policía Local.

—¿Qué ha conseguido?

—Los 28 campos municipales de fútbol ya tienen todos desfibrilador. Ahora estoy a la espera de la Policía Local, que serán otros veintitantos desfibriladores que llevarán en los coches patrulla. Salió a presupuesto y dicen que están en Intervención. Esperemos que no se pierda.

—¿No ha conseguido nada en la DGA?

—Parece que en Sanidad van a cambiar el decreto ley, aunque yo lo he visto por encima y creo que se queda corto. Sigue recomendando en lugar de obligando.

—¿Faltan muchos desfibriladores?

—Muchísimos. En Aragón no tenemos ni 400. En el País Vasco, por ejemplo, hay más de 1.500. Estamos lejísimos.

—¿Cuántas vidas pueden salvar?

—Los cinco primeros minutos son básicos. Ahí está el quid de la cuestión, en poder y saber responder rápidamente.

SEmDLo ha convertido en su causa.

SEmDSí. Sentí que tenía que hacer algo para que no le pasara a nadie más. Al menos la gente se merece una segunda oportunidad. Me gustaría que me hicieran más caso, pero los políticos son como son.

SEmD¿Con qué se conforma?

SEmDCon salvar una vida, una sola vida, me daría por satisfecho. Al menos que haya una persona que tenga esa segunda oportunidad que mi hijo no tuvo porque no había medios o no eran adecuados. Es la famosa cadena de supervivencia.