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Sala de máquinas

Discapacitados, sí, pero no incapaces

 

Juan Bolea Juan Bolea
12/02/2019

La sala grande de los cines Aragonia se quedó pequeña para acoger el reestreno de Con nombre propio, acto que se presentó como un evento, y realmente lo fue. Cientos de personas acudieron a apoyar una iniciativa en forma de película documental, dirigida por Mario Potyomkin y producida por la Fundación Virgen del Pueyo, consagrada a la integración de la discapacidad.

Una docena larga de discapacitados de la mencionada Fundación se prestó voluntariamente para aparecer en cámara, no tanto por actuar como improvisados intérpretes como para mostrarse tal como son y se comportan habitualmente. Desarrollando sus labores cotidianas, haciendo gimnasia de coordinación, planchando y lavando sábanas y colchas, jugando a diversos deportes, improvisando coreografías musicales... Mostrándonos su interior en la cocina, en el aula, incluso en sus propios domicilios, junto a sus familias, padres y madres, hermanos y amigos que conviven con ellos, animándoles, junto a sus profesores, expertos en integración.

Todo ello, todos esos planos y escenas, conversaciones y bromas, esperanzas y diálogos están expresados en el documental con pasmosa naturalidad, como si la cámara de Potyomkin se limitara, según hacen los buenos cineastas, a transmitir la vida como es, dotándola de humanidad, emoción y una banda sonora en la que brilla la voz de Pilar Torreblanca.

Esas cualidades de la película, que fueron destacadas por el crítico cinematográfico Fernando Gracia Guiu y por la consejera del Gobierno de Aragón Pilar Alegría son, además de propias del documental Con nombre propio, innatas a quienes la protagonizan. Los hábitos, virtudes, sentimientos, emociones de todos estos discapacitados --decenas, cientos, miles--, que viven entre nosotros, pero que lo que realmente desean es convivir. No de nuestra nuesta caridad, ni con limosnas de beneficencia pública, sino con proyectos de integración que contribuyan a paliar su desigualdad, a acercar niveles y nivelar el desnivel en el que un error de la genética los abocó, no para siempre.

Una hermosa película y un ejemplo más bello aún de lo que puede hacerse si se tiene buen corazón, mejores ideas y una cámara de cine.

   
3 Comentarios
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Por José Z. 18:13 - 12.02.2019

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¿Acontecimiento (cultural, deportivo, etc.)?

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Por José S.1 17:22 - 12.02.2019

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En esta misma línea, ¿podríamos eliminar, por ejemplo, los 'aseos para minusválidos' en edificios públicos para pasar a llamarlos 'aseos especiales' que usarían todas las personas con requerimientos particulares o no? Opino, señor Bolea, que como usted correctamente observa no se trata de auxilio público. Pero tampoco de integrar a nadie, o no debería, sino de educar a la sociedad en el mismo derecho de todas las personas a una vida digna donde las diferencias síquicas o físicas no han de ser factores excluyentes o diferenciadores. Por cierto, señor Bolea, si me permite amablemente «… un error de la genética…» no tiene el por qué ser el aparente único origen de la falta de capacidad de una persona; cualquiera estamos expuestos a un cambio radical en nuestras vidas por múltiples causas; un accidente, un trastorno médico repentino, entre otros contratiempos. Mas, como decía antes, esto es ajeno. Todas las personas somos iguales --personas. Así que, desde mi punto de vista, hablar de integración debería sobrar. Ahí yace el futuro, creo. Dicho todo lo cual, muchas gracias por un buen, sugerentísimo artículo tan lejos de la machacona política diaria. Un saludo. P.S. ¿Podríamos buscar alternativas a la palabra 'evento', qué decíamos en un antaño cercano en situaciones similares?

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Por José S.1 17:17 - 12.02.2019

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En las inmisericordes sociedades capitalistas como la nuestra, uno de los problemas que afrontan las personas con necesidad de un apoyo especial es el lenguaje que usamos. Actualmente, España atraviesa un ciclo lingüístico en este área social en el que nos referimos a los «… discapacitados…» de una forma nada inclusiva y de escasa utilidad de cara a la igualdad de trato. Fíjense que todos y cada uno de nosotros bien podríamos ser igualmente clasificados de discapacitados. ¿Lleva usted gafas que le ayudan a conducir su automóvil?, ¿requiere portar audífono?, ¿necesita la silla adecuada para su problema crónico de espalda cuando se sienta en frente del ordenador?, ¿es diabético dependiente de insulina inyectada a diario?, ¿es un paciente que requiere de diálisis?, ¿alcanza su mano al estante más alto de su supermercado local requiriendo la cortesía de una persona más alta que le alcance una lata de su tomate pelado favorito?, ¿se vale de la inestimable ayuda de un bastón en su ir y venir cotidiano? La calificación de persona discapacitada es un terrible constructo capitalista basado en la habilidad productora individual según este sistema económico. ¿Requiere usted de una silla de ruedas?, vale, construyamos las rampas que sea menester e instalemos ascensores e implementos de movilidad interior perfectamente adaptados ¡y desapareció la discapacidad en un periquete! En nuestro país deberíamos hablar de 'personas que requieren apoyo especial' que no de discapacitados con la carga negativa que aún conlleva está palabra pues todos somos las mismas personas, solo que naturalmente diferentes con nuestras peculiaridades individuales.