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Pablo Pérez Palacio: «Es una pena que el arte sea ya solo un entretenimiento»

 

Artista emergente que trabaja «la abstracción geométrica con matices de arte conceptual». En Finestra Estudio (Zumalacárregui, 12), este zaragozano cuelga hasta mayo una selección de lo expuesto en Casa do Brasil. - CHUS MARCHADOR

Marian Navarcorena Marian Navarcorena
18/03/2019

Artista emergente que trabaja «la abstracción geométrica con matices de arte conceptual». En Finestra Estudio (Zumalacárregui, 12), este zaragozano cuelga hasta mayo una selección de lo expuesto en Casa do Brasil.

—¿Qué se esconde bajo el título ‘Fragmentos de un espacio propio’?

—Toda mi obra gira en torno a la construcción del individuo. Y aquí muestro una selección de mi último proyecto, surgido tras el hallazgo en casa de una caja con planos antiguos. Ese objeto encontrado, que viene a ser el plano de arquitectura, evocó memorias espaciales, compartidas en forma de fragmentos, solapando capas y geometrías. Y de ahí surgió un esbozo de orden propio como la primera pieza.

—Una primera pieza que ha crecido....

—Sí. En origen se compone de 27 cuadros de tres filas de nueve. Un conjunto que busca concitar en el observador una sensación abrumadora. A partir de ahí, eliminé los planos de arquitectura o pasado para rebelarme con mis geometrías y mis líneas en el presente. El resultado es lo que llamo el constructo, una construcción teórica que representa el diálogo entre lo intuitivo y lo reflexivo. Y cierro el proyecto con un conjunto de lienzos que realicé para la Casa do Brasil de Madrid.

—La exposición incluye un cuaderno de notas y un montaje visual. ¿Por qué?

—Todo mi proceso surge de lo que plasmo primero en la escritura. De ahí el facsímil con mis notas que puede hojearse en la muestra. El vídeo es una colaboración con el artista sonoro José Luis Fraga.

—¿Se puede vivir de esto?

—En España es muy difícil. Y eso que me han seleccionado para varios premios y mi trabajo ha sido expuesto en Madrid, Leganés y también en Zaragoza, como en el Palacio de Sástago o en el Pablo Serrano. También es cierto que, al revés que la mayoría, he empezado con muchas individuales y es a partir de ahora que me voy a centrar en las colectivas. Creo que el sistema alrededor del mundo del arte se ha establecido de manera que da por hecho que tienes otro trabajo. En el fondo, más que apoyar al joven artista desde la sensibilidad de lo que realmente necesitamos y de cómo nos movemos, se hace pensando en que somos una empresa.

—¿Zaragoza es ciudad de arte contemporáneo?

—Hay voluntad. Hay apuestas como CaixaForum, con una programación muy buena. Y el panorama se está moviendo. Pero mi sensación es que, hablando del arte contemporáneo en general, es una pena que se haya vuelto solo un entretenimiento.

—¿Quién compra sus cuadros?

—Generalmente personas de 35 a 40 años que se han comprado una casa y quieren estrenarla con una obra de arte única para que su vivienda sea diferente.

—¿Y a partir de ahora?

—He pintado desde que era pequeño y he pasado por diferentes fases. Estudié Escenografía en Madrid y en Zaragoza Historia del Arte. Decidí romper con aquello y me fui a Europa a formarme en gestión empresarial hotelera. En París empecé de nuevo a pintar, pero para mí. Volví a Zaragoza a recuperarme de una lesión y es cuando decidí dedicarme a esto. Ahora tengo que vivir, y me estoy preparando para impartir talleres con el objetivo de saltar a EEUU.

   
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