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J. Antonio Martín Petón: «La generación del 27 no habría sido la misma sin Pepín Bello»

 

Petón. - CHUS MARCHADOR

Ignacio Martín Ignacio Martín
09/02/2019

Es agente de futbolistas, pero no se siente tal. Más bien comentarista, lector, alma artesana del Huesca. Hoy habla el escritor, cuenta la obra que prepara sobre Lorca y aquellos maravillosos aragoneses con los que vivió en Madrid.

—¿Se siente representante, comentarista, escritor, exfutbolista…?

—Representante, desde luego, no me siento. Eso es historia.

—¿Cómo va ese proyecto de Lorca?

—Tengo parado ese asunto con el puñetero fútbol. Estaba preparando un libro sobre sus últimos días. Tiene que ver con su expulsión como director de La Barraca, con el final de Federico, que se marcha de Madrid por miedo a unos y otros. Ahí empieza el libro.

—¿Cuánto le hubiera gustado estar en aquella residencia de estudiantes?

—Y a ti también, que lo sé. Y te pido que lo pongas. Hubiera merecido la pena solo por los aragoneses que había allí, con Pepín Bello, Buñuel o Juanito Vicens, que era la bondad personificada. Se había quedado huérfano muy pequeñito y tenía posibles, así que estos cabrones abusaban de él. Era el banco sin devolución.

—Todo un personaje…

—El partido comunista lo mandó a China para alejarlo de la americana de la que se había enamorado. Lo obligaron a irse de misionero comunista y murió allí. También estaba Rafael Sánchez Ventura, que era un prodigio. Cogía un jueves, se llenaba la mochila de bocadillos, se cogía una bota de vino y se iba andando a Zaragoza. Siete días. Cuando llegaba, seguía. Tanto que fue capaz de descubrir la ruta del románico. Solo con los aragoneses de aquella residencia da para mucho.

—¿Y Pepín?

—Qué decir de Pepín Bello. Tenía un don. Era metafísicamente imposible que Dalí, Buñuel y Lorca fueran amigos. A la primera que Pepín se alejó un poquito, los otros le hicieron el perro andaluz, que era un ataque a Federico y él se dio cuenta. Y eso siendo amigos. Si no hubiera estado Pepín, yo creo que la generación no habría sido la misma, como grupo me refiero.

—¿También conocieron a José Antonio?

—A Federico y José Antonio los presentó Díaz Zambrona en la residencia de estudiantes en el 23. Pepín eso lo cuenta muy bien. No podían entender cómo en tan poco tiempo se pudieron hacer tan amigos. Hay muchas cosas ahí de alianzas y favores que dan para capítulos grandes.

—También le dedicó un libro a José Antonio, ‘El hombre al que Kipling dijo sí’, un personaje controvertido. Para la gente, al final José Antonio es José Antonio.

—Lo malo es eso, que José Antonio no es José Antonio, sino el cliché que se ha vendido. Es un personaje extraordinariamente mal clasificado que, para mayor sarcasmo histórico, está enterrado al lado de uno de los hombres de los que más alejado estaba. Se aborrecieron en vida, no tenían nada que ver, ni estética ni éticamente, y muchísimo menos políticamente. Pero el afán común de la derecha y la izquierda cayó sobre él, una tonelada de basura. Como decía Rosa Chacel, esa verdad nos la hicieron pasar inadvertida. Pues yo no quiero. Franco era un ruin y con la connivencia de la izquierda acabaron con él. Lo que se ha escrito de José Antonio es mentira, es un error histórico y no estoy dispuesto a aceptarlo. Sé que es controvertido, pero me da igual lo que diga el resto del mundo. Defiendo esa verdad desde mi punto de vista.