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CONTRACORRIENTE

Jesús Tejel: «Aragón desde el aire es como la piel de un gigante»

Miembro de la Real Sociedad Fotográfica de Zaragoza, es autor de las fotos aéreas que ilustran el calendario del 2021 elaborado por EL PERIÓDICO DE ARAGÓN en colaboración con la Cámara de Zaragoza y que mañana se ofrece con este diario

 

Jesús Tejel. - ANDREAA VORNICU

Juan Carlos Garza
26/12/2020

Jesús Tejel, miembro de la Real Sociedad Fotográfica de Zaragoza, es autor de las fotos aéreas que ilustran el calendario del 2021 elaborado por EL PERIÓDICO DE ARAGÓN en colaboración con la Cámara de Zaragoza y que mañana se ofrece con este diario.

– ¿Por qué nos fascinan tanto las imágenes aéreas?

– Porque nos dan una visión diferente a la que estamos acostumbrados y también única. Reconocemos los sitios, pero nunca los hemos visto desde esa perspectiva. Un campo desde el suelo no se aprecia en toda su amplitud, sabes lo que es pero lo ves de una forma distinta y eso atrae. Desde el suelo ves el detalle, mientras que desde arriba es al revés, ves el conjunto. Además, al hombre siempre le ha gustado ser como un pájaro y ver imágenes tomadas desde las alturas es como una forma de volar.

– Quizá también nos hace vernos más pequeños y tomar conciencia de lo que en realidad somos.

– Sí, te ves lo pequeño que eres en comparación con el paisaje y sientes más la inmensidad de lo que te rodea. Pero también por la grandeza de cosas que ha hecho el hombre, pues un puente visto desde arriba te sorprende mucho más.

– ¿Y cómo ve Aragón desde las alturas ?

– Aragón es sorprendentemente variado en cuanto al territorio. Yo lo comparo con la piel de un gigante. Es grandioso y tiene una piel marcada, pues tiene surcos, grietas, que son como arrugas, valles, lagos, gargantas, estrechos, montañas pero también tiene una piel que muda con las estaciones, a veces es seca, a veces húmeda... son huellas paisajísticas en la tierra, en los campos; pero también tiene huellas hechas por el hombre, huellas transformadoras como son las carreteras, los puentes; huellas habitadas y huellas de la memoria, que son los edificios abandonados, recuerdos de un pasado que también forman parte del paisaje.

– ¿Cómo elige las localizaciones?

– Todo empezó hace unos años con un libro de fotos aéreas para Prames, que se tituló Aragón a flor de piel. Comencé fotografiando espacios conocidos como San Juan de la Peña pero vi que eso no bastaba y empecé a viajar visitando zonas que tenían que ser bonitas desde el aire y de las que no había fotos. Así empecé a diversificar y a basar el proyecto en lugares menos conocidos.

– ¿De todos esos lugares, cuáles son los que más le han llamado la atención?

– Paisajes como el de Monegros, o los campos de Daroca, el Maestrazgo que desde el aire son como pinturas geométricas e incluso como pinturas abstractas, pero me llama mucho la huella del hombre y no tanto los edificios artísticos como las obras civiles. Una carretera, un puente, desde arriba tienen un gran interés fotográfico por cómo se integran en el paisaje, apreciar y plasmar cómo un puente salva un río. Una mina al aire libre o un parque eólico tienen desde arriba una grandeza y una gran belleza plástica y a veces se menosprecian pensando que nos hemos cargado el paisaje.

– Usted ha hecho varios libros de fotografía. Pero un libro no es un calendario, que llega a mucha más gente ¿Qué diferencias fundamentales encuentra entre ambos soportes?

– Un libro es más extenso y puedes incluir hasta 200 fotos, mientras que el calendario solo tiene doce meses, por lo que he tenido que hacer un gran esfuerzo de selección y síntesis. Es lo que más me ha costado. Además estás viendo una misma foto todo el mes por lo que he tratado de huir de lo tópico, buscar lugares hermosos pero diferentes como los olivares de Valdealgorfa; son olivos, pero desde el aire ves una composición poco habitual.