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José Calvo Poyato: "La expedición Magallanes-El Cano fue como la llegada del hombre a la Luna"

 

José Calvo Poyato. - CHUS MARCHADOR

Adriana Oliveros Adriana Oliveros
05/11/2019

Historiador, escritor... En su biografía, comparten espacio el ensayo, los relatos apasionantes y hasta algunas andanzas en el terreno de la política. En su último viaje, este cordobés, doctor en Historia, ha retratado ‘La ruta infinita’, sobre la expedición Magallanes-Elcano, que ha presentado esta semana en Zaragoza. Un hito histórico del que cumplen 500 años.

 --Viene a Zaragoza para presentar su ‘Ruta infinita’ con la que vuelve a zambullirse en la historia, que es lo suyo…

--Estoy aquí por dos motivos. Para participar en los ‘Lunes de otoño’, a los que me habían invitado, para hablar de literatura, y también para traer ‘La ruta infinita’. Una novela que he escrito por dos razones: estamos en el 500 aniversario de lo que fue la primera vuelta al mundo y es una historia que hay que poner en valor. Tengo la impresión de que los españoles nos recreamos más en las sombras que en los momentos brillantes. Y hay que poner en valor también las cosas que hicimos bien.

--Como, por ejemplo, ser los primeros en dar la vuelta al mundo. Un hito en la época.

--¡En su momento fue como llegar a la Luna! Los marinos que se embarcaron en este viaje ni siquiera sabían qué iban a encontrar cuando zarparan. Ellos, en el año 1518, iban a navegar por unas aguas en las que no había estado nadie. Y, por cierto, la expedición no salió para dar la vuelta al mundo, sino por otro motivo. Zarpó para encontrar un paso del Atlántico a lo que entonces era el Mar del Sur, lo que ahora es el Pacífico, y abrir una vía hacia donde estaban las especias. La decisión de dar la vuelta al mundo se toma en contra de la opinión de Carlos I por parte de Elcano y Gonzalo Gómez de Espinosa, otro de los grandes olvidados de la historia, cuando Magallanes ya había muerto. Ellos son los capitanes que quedan de la escuadra que había mandado Magallanes, que salió con cinco barcos y unos 250 hombres. 

--Debió ser una aventura dura…

--¡Imagínese! Volvieron solo 18. Y lo que Carlos I había dicho es que volvieran por donde habían venido, no que dieran la vuelta al mundo. Esto es así porque, en aquel momento, españoles y portugueses se habían repartido el mundo en un hemisferio occidental y otro oriental. Por eso, Carlos I les había dicho que volvieran por donde habían venido, sin pisar territorio luso. Además, en ese momento, pensaban que la Tierra era mucho más pequeña que lo que era.

--Cuenta que Magallanes estuvo en Zaragoza. Es una de las ciudades que aparece en la novela.

--Magallanes fue a Valladolid en 1518, después de que en Portugal no le hicieran caso, acompañado de un cartógrafo excepcional, llamado Rui Faleiro. Fueron a contarle el proyecto a Carlos I, pero cuando, están allí, este último decide venirse a Zaragoza para que lo nombren rey, en mayo de ese mismo año. Y ellos le acompañan para rematar el viaje. Más aún: yo creo que lo que voy a decir ahora, pero digo creo, ocurrió en Zaragoza. Contra Magallanes hay una atentado. Los portugueses en ese momento no querían ni oír hablar ni la expedición que estaba preparando. Y, de hecho, tuvo que requerir los servicios de un escolta. Y yo tengo la impresión de que esa amenaza ocurrió en Zaragoza. De hecho, en la novela sitúo ese momento en el puente de Piedra.

--La novela tiene todo un contexto político apasionante… Y también unos escenarios impresionantes, empezando por esa Lisboa, en la que se está construyendo el monasterio de los Jerónimos y la Torre de Belem.

--Es que la novela tiene que situarse. Alguien me dijo: “¡hombre, es que aquí no se montan en los barcos hasta la página 200!”. Pero es que hay que entender por qué se montan en los barcos. En ese momento, Lisboa es la gran capital que controlar el comercio de las especias. Y, gracias a eso el dinero fluía en tal cantidad que pueden construir los Jerónimos o la Torre de Belem. Que los castellanos tuvieran también una ruta que controlara las especias era jugársela. Por eso no querían oír ni hablar de Magallanes y de su ruta.

--Los términos marinos están muy bien expresados en la novela. Pero usted es de Cabra, un pueblo del interior cordobés.

--Bueno, porque yo tengo un buen amigo que es comandante de la Armada que me ha corregido un montón. (risas) Por ejemplo, yo escribía, “¡desplegad velas!” y él me dijo que debía poner “largad velas”. Es más, me explicó que, en el siglo XVI entraban, en realidad, diciendo… “¡Largad velas en el nombre de Dios!”.

--Elcano llegó de su vuelta al mundo, tres años después, sin ni siquiera velas en su embarcación.

--Llegó agotado, enfermo, piojoso y hambriento, con 18 hombres solo. La Victoria tuvo que ser remolcada por el Guadalquivir. Pero lo primero que hizo es ponerle velas a la Virgen de la Victoria por los que habían vuelto y por los que no. Aún así, él era de Guetaria y ya sabes que los de Bilbao y su zona son muy dados a venirse arriba (risas). Así que entró allí pegando cañonazos con pólvora. Para que todo el mundo supiera que La Victoria había regresado a casa.

--Escribía el otro día Carmen Posadas, a tenor de su novela, que se ha reconocido poco a Elcano. Que si fuera Francis Drake tendría mil novelas y películas.

--Es que a Elcano le dieron una pensión, que no cobró nunca, porque murió en el Pacífico cuatro años después de volver, y por la que su madre estuvo pleiteando después de su muerte. Y también le dieron un escudo, en el que ponía “primus circumdedisti me”(Fuiste el primero que dio la vuelta). Era otro tiempo y eso, en aquel momento, para Elcano era muy importante. Pero es que fíjate que Carlos I lo primero que le dice, cuando regresa a Sevilla, es que no le va a tener en cuenta que desobedeciera sus órdenes. Cuando había sido el primero que había dado la vuelta al mundo. Es que aquí somos de otra manera. Somos muy dados en recrearnos en los momentos oscuros. En el 2005, los ingleses conmemoraron el Bicentenario de la Batalla de Trafalgar e invitaron a las armadas francesas y españolas, porque fueron las tres que combatieron allí. Los franceses, claro, dijeron que no iban. ¡Pues nosotros fuimos! Al menos, mandamos una fragata que se llamaba Blas de Lezo, que le dio a los ingleses una soberana paliza en Cartagena de Indias en aquella época.

--Ese viaje a la Luna del siglo XVI que fue la expedición de Magallanes marcó un antes y un después en el conocimiento del planeta.

--Fueron pioneros en muchas cosas. Casi al llegar a puerto, a la vuelta, atracaron en Cabo Verde. Pudieron aprovisionarse porque era miércoles, día de mercado. Pero ellos, en su cuaderno de navegación, tenían anotado que era jueves, no lo entendían. Es cuando se dieron cuenta de que le habían ganado un día al calendario, porque habían navegado con el Sol. Lo mismo que luego nos contaban en el viaje de Willy Fog. Fueron los primeros en reflejar ese efecto. Y otros. Después de dar la vuelta al mundo supieron que la tierra tenía unas 8.000 leguas y no las 5.000 que se pensaban.

--Usted es historiador, profesor de reconocida trayectoria… Durante mucho tiempo escribió sobre el tema pero le costó pasarse al género de novela histórica porque, por su profesión, lo consideraba un oxímoron.

--De hecho, ¡lo hice a pesar de la opinión de Cristina, mi mujer! Es verdad que yo había escrito mucho. Y que tenía una trayectoria. Por eso, ella no veía la necesidad. Cuando escribí mi primera novela, cogí y la mandé a Planeta, sin complejos. Y tardaron en contestarme. Ella me preguntó con guasa una tarde y yo le tuve que decir que no tenía respuesta. Pocas horas después llamaron de la editorial para decirme que les había encantado y que querían publicarla. Decírselo a Cristina fue uno de mis momentos de mayor éxito como escritor (risas).

--Afortunadamente, después no dejó la novela histórica, un género que acumula lectores y grandes autores en este país.

--Y que tiene dos siglos de historia y no se agota. Yo creo que el éxito de la novela histórica se debe a un error que tenemos los propios historiadores. En este país, tenemos grandes trabajos de investigación, pero no hemos sabido divulgar bien, no hemos sabido contar la historia para todos. Sabes que lo que ocurrió es lo que conforma lo que somos. Y que, si hubiera ocurrido de otra manera, no seríamos los mismos. Si en las Navas de Tolosa hubieran ganado los almohades, que eran talibanes, imagínate… Si aquí los franceses hubieran ganado la Guerra de los Sitios, la frontera de Francia estaría en el Ebro. La novela histórica viene a rellenar esa carencia, ese hueco. Y, por cierto, es un género muy difícil de escribir. Teniendo en cuenta que todo el mundo sabe lo que ocurrió con los protagonistas, uno podrá imaginar lo complicado que es mantener la tensión.

--Ahora viaja con Magallanes y Elcano. ¿Volverá pronto por Aragón?

--Estaré a final de mes por Tarazona, que es un lugar maravilloso.