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CONTRACORRIENTE

«Miramos la ciencia actual con una visión muy mercantilista»

Profesor de ingeniería informática en la Universidad de Zaragoza. Ahora de excedencia, es Subdirector General de Actividad Universitaria Investigadora en el Ministerio. Hoy imparte una conferencia en la EINA sobre la ‘Ciencia de la ciencia’.

 

Manuel G. Bedia en el Paraninfo de Zaragoza - Chus Marchador

Marcos Calvo Lamana
19/01/2021

¿Qué es la ‘Ciencia de la ciencia’?

Es un campo relativamente reciente. Explota las nuevas tecnologías de extracción de patrones en bases de datos masivas y la analítica de datos para comprender cómo es la estructura del funcionamiento de la actividad científica en general. Es decir, saber qué tipo de ciencia se está generando a partir de los incentivos del sistema, de los mecanismos de promoción o de las dinámicas internas. El objetivo es desarrollar mejores políticas científicas.

Me suena todo esto muy teórico… Un ejemplo.

Los científicos asumen con bastante normalidad los criterios con los que se mide su mérito, se les evalúa, se les asigna financiación para investigar o con los que se diseña una trayectoria profesional para ellos. Hay poca reflexión sobre eso. El modo de premiar sigue el ‘efecto Mateo’ apoyando a aquellos que ya han obtenido reconocimiento, penalizando a los que aún no. Se asume que el valor en el pasado es un indicador de tu éxito futuro.

¿Y eso no debería ser así?

Los trabajos de la Ciencia de la ciencia demuestran con datos empíricos que no hay tanta correlación como se cree entre el valor del trabajo presente y el que obtendrás en el futuro, y viceversa. En otras palabras, que a aquellos a los que has premiado no están mejor preparados que los que has penalizado. Los momentos de éxito de los científicos ocurren en cualquier momento de su carrera con una distribución casi azarosa. Esto significa que quizás deberíamos apoyar a los jóvenes de otra manera y no como lo estamos haciendo.

¿Qué políticas se deberían llevar a cabo para lograr una mayor eficiencia?

Depende a qué le llames eficiencia: si es a corto plazo o si estás generando una base de conocimiento para la que todavía no hay una utilidad. Lo que caracteriza a la  forma de entender la ciencia actualmente es que tiene una visión muy mercantilista:  querer saber cuál es el beneficio en el corto plazo. Lo que ha demostrado la pandemia es que la visión de la ciencia debe ser distinta, que hay que verla como una apuesta. Hay que invertir antes de que pasen las cosas y vengan los problemas en generar un conocimiento para tratar esos problemas. Es lo que ha pasado con Katalin Kariko, que llevaba 30 años presentando vacunas con ARN mensajero, lo que ahora es la base de la vacuna de Moderna y BioNtech.

Eso significa inversión, pero un cineasta reclamará más dinero para cultura. ¿Por qué invertir más en ciencia?

La inversión en cultura es absolutamente básica, como sostener el sistema de pensiones. La política es eso, encontrar puntos de compromiso entre todas las necesidades. Pero España debe invertir más en ciencia porque sus ratios de inversión son críticamente bajos comparados con países vecinos o de la OCDE. No hemos estado invirtiendo al nivel que nos correspondería por tamaño. Los indicadores muestran que estamos por debajo de donde deberíamos.

Que haya una mayor inversión en ciencia pasa inevitablemente por la educación.

Pasa por que haya una mayor cultura científica, que no es sinónimo de enciclopedismo científico. Es conocer qué es la ciencia, cómo funciona, cuáles son sus tiempos y cuál es su importancia. Y eso es independiente de que uno estudie periodismo, filología eslava o física de materiales.

En uno de sus artículos habla sobre arrebatar el futuro de la ciencia a los expertos. ¿Por qué?

Es una posición aún más relevante por los acontecimientos recientes: hay un debate sobre si los políticos deben justificar exclusivamente sus decisiones en lo que dicen los científicos. Me parece que el debate no debe ser política versus expertos. Asumir que las decisiones colectivas sean tomadas por expertos se conoce como tecnocracia, y su valor reside en el criterio de corrección, de razón, de verdad. Pero la democracia consiste en la toma de decisiones por el colectivo. Su valor reside en la legitimación, en que la decisión está compartida y es de todos. La democracia no preserva la eficiencia en sus decisiones, más bien preserva la crítica, la posibilidad de revisión de sus propias decisiones. Eso es la democracia, y es lo que yo creo que no se puede sustituir por el criterio de unos pocos en un problema como la pandemia; un problema que no es solo científico, sino que tiene interacciones sociales de todo tipo.

Antes, cuando se podía uno juntar en las terrazas, en mi mesa se discutía sobre historia sin problema. Pero cuando se hablaba de temas científicos le reconozco que me enteraba de poco. ¿Es inaccesible la ciencia?

Para mí es el lenguaje de las matemáticas el que criba, el que marca las barreras. Pero de las ciencias duras se dice que trabajan sobre problemas blandos o sencillos: los que se pueden calcular o computar. Sin embargo, se dice que las ciencias blandas trabajan sobre los problemas duros de verdad: el sentido de la vida, la forma de constituirnos como colectivo. Yo puedo opinar sobre periodismo pero no tengo ni idea de cómo estructurar una noticia. O puedo leer un artículo sobre filosofía y entenderlo, pero no se me ocurriría pensar que soy un filósofo. En ciencia debería ocurrir lo mismo. Alguien que no es experto no tiene por qué saber cómo hacer un experimento de laboratorio en química analítica, pero sí puede tener una formación suficiente para entender las bases de lo que es la ciencia, el funcionamiento natural del mundo y el proceso científico. Y esa es una formación que se debería obtener en secundaria.

Esa especialización que va tan en contra del ideal ilustrado del saber general y se orienta, como dijo antes, al mercantilismo, ¿es un problema?

Sí. Soy un convencido y un activista intenso de los enfoques interdisciplinares: trabajos entre grupos que sean capaces de hibridar lenguajes. La especialización es una coyuntura histórica: la ciencia ha avanzado gracias a ella. Pero a la vez, ya se han alcanzado ciertos techos. La especialización construye muros en torno a ámbitos muy pequeños, lo que impide hablar con gente que tenga otros marcos mentales, otras metodologías… La interdisciplinaridad, que es algo que la ‘Ciencia de la ciencia’ también mide, es el tipo de investigación con mayor impacto socioeconómico, de donde surgen las ideas con mayor valor e influencia. Pero también ocurre que es una ciencia que necesita más tiempo para incubarse porque necesitas construir grupos que sean capaces de hablar lenguajes que nos son los propios. Y porque las dimensiones del conocimiento son tan diversas que hace falta más tiempo para absorberlas.

 
 
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