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Ernesto Estrada: «Perdemos tiempo enseñando cuestiones memorísticas»

 

Ernesto Estrada. - LAURA ROMEO

Marian Navarcorena Marian Navarcorena
13/05/2019

Lo han nombrado miembro honorífico de la sociedad de matemática aplicada más prestigiosa del mundo por sus trabajos en redes, de la social a la genética, del abastecimiento al tráfico. En enero llegó a la Universidad de Zaragoza desde Glasgow.

—Enhorabuena por el título.

—Estoy superorgulloso. La SIAM es la sociedad de matemática aplicada más grande del mundo, con más de 15.000 afiliados. Desde hace unos años ha creado la figura de miembro honorífico, pero hasta el año pasado solo había un español. Este año nos han elegido a dos, lo que también reconoce el estado de la investigación en España.

—Uno de sus campos de investigación son las redes complejas. ¿Qué son?

—Una red es una representación de un sistema cuyas entidades están interconectadas. Esta interconexión puede ser real, como en internet, con servidores interconectados por cables que controlan protocolos. O como en las redes cerebrales, donde hay neuronas interconectadas por los axones. O en la red que genera el metabolismo de una célula viva. Pero también hay redes con conexiones virtuales, como las redes sociales, donde los individuos están conectados por comunicaciones que mantienen puntualmente en un momento dado.

—¿Todas las redes se pueden representar a través de las matemáticas?

—Sí, casi todos los sistemas complejos. Saber, por ejemplo, cuán robusta es una red de comunicación para que no se cuelgue cada dos por tres por fallos tanto aleatorios como intencionados es una cuestión matemática. O entender por qué en una red infraestructural, como la de abastecimiento eléctrico, se produce un apagón general tras un pequeñísimo accidente puntual también se estudia desde el punto de vista matemático.

—¿Y las redes sociales?

—Una de las cuestiones que más interesa es la propagación viral de cierta información. Existe una gran similitud con la transmisión de enfermedades en redes reales, como la gripe. Los procesos físico-matemáticos de ambos son parecidos.

—Sus trabajos han recibido más de 12.000 citas científicas. ¿De qué tratan?

—Mi trabajo es interdisciplinar. Por ejemplo, este año hemos publicado uno sobre una red de genes que coparticipan en enfermedades genéticas en humanos, tanto neurológicas como de algunos tipos de cánceres. También propuse una medida matemática que los ingenieros han utilizado para trazar la navegabilidad de coches autónomos en las ciudades, una nueva métrica o distancia basada en el estudio del tráfico en horas punta.

—¿Por qué se les hace a algunos alumnos tan cuesta arriba las matemáticas?

—Las matemáticas elementales son menos difíciles de aprender y entender que la lectura o la escritura. El problema está en la pedagogía que se utiliza, incluso a nivel universitario, y en esa subcultura del miedo que se ha creado. Lo importante es enseñar a formular un problema. La fórmula, no los números, es el lenguaje que nos permite preguntar y responder. Es el poema, la belleza de las matemáticas. Otro problema es que seguimos enseñando el conocimiento del siglo pasado o primeros de este porque no tenemos tiempo para enseñar todo el desarrollo de cualquier rama de los últimos 10 o 15 años. Por eso hay que cambiar la forma de enseñar, perdemos mucho tiempo en cuestiones memorísticas.