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TORRIJO DE LA CAÑADA La comida posterior es un placer para los sentidos

La matanza de la cerda para celebrar el día de San Babil

 

Hacer fajos de romero es esta una tradición que consiste en cortar los romeros. - Foto:ADOLFO PEREZ

El carnicero y sus ayudantes abren a la cerda y después la despiezan. - Foto:ADOLFO PEREZ

10/02/2004

El día 24 de enero, San Babil, se realizó la matanza en Torrijo. La jornada comenzó con la muerte de la cerda a las 9 de la mañana, el animal pesa más de 200 kilos por lo que la tarea es ardua y requiere la colaboración de hombres fuertes y expertos.

Durante el sacrificio se procede a recoger la sangre para elaborar las morcillas, en esta ocasión dulces (sorprendentemente buenas) y las habituales, para hacerlo varias mujeres han madrugado y hervido el arroz en su punto). Posteriormente se desarrolla todo el proceso de la matanza con la limpieza de las cerdas (pelos del cuerpo) con agua hirviendo y cazoleta, el vaciado del animal del que se recogerán las vísceras comestibles para la elaborar la comida.

Mientras el carnicero y sus ayudantes cuelgan y van abriendo en canal a la cerda para su posterior despiece, las mujeres van preparando, embutiendo e hirviendo las morcillas en calderas de cobre puestas al fuego, también se van friendo las vísceras con cebolla y aceite de oliva y preparando en tres enormes recipientes las migas al uso tradicional (pan húmedo cortado muy fino, ajos, aceite de oliva y pimentón dulce) todo ello dirigido y elaborado por la diestra mano del alcalde, experto en estas lides y que preparó unas migas como pocas veces he probado.

Al lado, en unas dependencias municipales se van preparando las mesas para la comida y empieza a circular el aguardiente de anís alrededor de la hoguera en una ambiente distendido y agradable. La comida es un placer para los sentidos pero no se puede alargar en exceso ya que hay que coger tractor y vehículos y marchar al monte ha hacer los fajos de romero. Es esta una tradición muy antigua y consiste en cortar los romeros mas viejos (alguno más de metro y medio) y hacer con ello unos fajos elaborados de tal manera que en transporte no se deshagan, cargar todo ello en un remolque de tractor y después de la cena y aprovechando las brasas de la hoguera, quemarlos verdes para que envuelvan toda la población un intenso humo y fragante olor.

Una vez cargado el remolque (unos 400 kilos de romero), Florencio, el alguacil, se encarga de conducirlo hasta Torrijo. Se aparca en la plaza y se aprovechan ese par de horas que faltan hasta la cena para tomar algo por las innumerable bodegas. Mientras tanto, Vicente va despedazando la cerda con gran maestría y mucho trabajo, y el enorme peso del animal se va notando en su energía según pasa el tiempo utilizando hacha y cuchillas de despedazar. Nos va describiendo todas las partes que componen un cerdo, hasta el exquisito "bocado de la reina" desconocido para muchos de los que estábamos intentando ayudar.

Los jamones se guardarán para salarlos (son realmente enormes), la panceta es hecha tiras, el lomo troceado en filetes, las paletillas deshuesadas y fileteadas también, se van preparando kilos y kilos de tierna carne para asar esa noche y alimentar a las 300 personas que esperamos hambrientas. También se utiliza la carne de menor calidad para chorizos que se secarán en un granero y consumirán cualquier otro día, es muy poco lo que no se emplea del cerdo, que según Vicente "hasta el andar lo tiene bonito".

Mientras tanto la hoguera que en la plaza había alcanzado unas proporciones impresionantes se va apaciguando y en la enorme cantidad de brasas que hay se empiezan a enterrar para asar una gran cantidad de patatas y cebollas, esas brasas también servirán para asar las morcillas y la carne cortada y salada.

Acabada la cena y templado el ánimo empieza lo más tradicional y vistoso si cabe del día, el arrojar los "fajillos" de romero a los rescoldos de la hoguera, y así mágicamente, de esos fajos verdes empieza a desprenderse un humo espeso y de un olor penetrante, que nos envuelve a todos los que estamos allí, alrededor de la hoguera, de una fragancia primitiva y que rememora en el recuerdo de los mayores aquellos años en que ellos eran aquellos jóvenes que ahora saltan la hoguera entre llamas y brasas. La poda del romero, no sólo no es perjudicial para la planta, sino que en primavera hace que vuelva a brotar con más fuerza y vigor en un nuevo renacer.

ADOLFO PEREZ

Las crónicas iniciaron su andadura en el año 2000 con el objetivo de convertirse en un referente informativo de una delimitación territorial viva, ilusionante y dinámica en sus planteamientos. Es una propuesta editorial que nació con la ilusión que aporta la novedad, pero sobre todo con el compromiso de prestar un servicio a todos los vecinos que habitan o visitan los municipios de la comarca.

Su finalidad es dar a conocer, difundir, proyectar y comunicar los acontecimientos y hechos noticiosos que se produzcan en la comarca desde el rigor y la objetividad a través de periódicos mensuales o bimensuales que se distribuyen por la zona de forma gratuita. Es por ello un proyecto informativo pionero y novedoso y es innovador en cuanto a su configuración y su estructura, donde domina una profunda vocación local y comarcal en sus contenidos.

Coordinador editorial: Alicia Revuelta
Edita: Prensa Diaria Aragonesa. Hernán Cortés 37. 50005 Zaragoza.
Redacción: Rafael Rojas y Mari Carmen Soler (976 700 400).
Maquetación: Domingo Martínez.
Jefe de Publicidad: Ignacio García (976 700 464).

Depósito Legal: Z-2562-2001.
Correo electrónico: cronicas@aragon.elperiodico.es
Periodicidad: mensual.

Calatayud / Aranda
 
 
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