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El hilo de Ariadna

Confinamiento

 

Un hombre se ejercita en su casa en pleno confinamiento. - AFP

Julieta París Julieta París
30/03/2020

“A un hombre le pueden robar todo, menos una cosa: la última de las libertades del ser humano, la elección de su propia actitud ante cualquier tipo de circunstancias, la elección del propio camino”.

                                                                                  Viktor Frankl. 'El Hombre en Busca de Sentido'.

 

A estas alturas de pandemia ya nos hemos dado cuenta de la excepcionalidad de lo que estamos viviendo. El silencio de las calles suena más fuerte que cualquier otro sonido. La soledad ha mostrado su relatividad más absoluta. Hablo con personas confinadas solos que me cuentan sentirse más unidos que nunca a los suyos. Y hablo con personas confinadas en familia que me hablan de su soledad.

El confinamiento (del latín confinis, contiguo, vecino, que comparte un límite en común… Finis es el límite, la frontera, el fin…  así que confinis es un borde o marco que no se puede traspasar ) es por tanto, habitar un espacio de-limitado, un sitio marcado. Tienes tu espacio, si, pero delimitado por una frontera que hoy, para algunos, es la frontera entre la salud y la enfermedad.

 Ese espacio de-limitado puede ser una habitación, un piso, una calle, pero también una relación, un vínculo, o una creencia. Este espacio de-limitado, funciona como un espejo de la verdad que te pone delante tus verdaderas nostalgias, tus “echar de menos” o tus “echar de más”.

 El confinamiento está cambiando, de forma irreverente, la manera que tenemos de relacionarlos. Y este cambio, tendrá consecuencias sobre nosotros que ahora no podemos ni imaginar. Nos sentimos lejos de los nuestros, y es precisamente en esa distancia donde nos damos cuenta de quien está cerca.

 Hablamos cada día de no poder despedir a los que se van. Del aislamiento de los enfermos en sus momentos finales. De los funerales sin abrazos, sin besos, porque un funeral puede no tener palabras, pero necesita abrazos. Hablamos menos, pero también está pasando, de no poder recibir a los que llegan, porque la vida sigue abriéndose camino en todo este caos, exactamente cómo ha hecho siempre. Escuchamos cada día sobre cómo es morir en tiempos del COVID_19, pero ¿quien habla de cómo es nacer en estos tiempos? Sin flores, sin abrazar a tu hijo, que ahora es padre, sin conocer a tu nieto, o tu sobrinita.

La vida sucede; la vida ocurre, dentro y fuera de nosotros.

 Ahora mismo alguien está muriendo, alguien está siendo enterrado, alguien llora, y muchos tienen miedo; exactamente al mismo tiempo en el que alguien está naciendo; en el mismo instante en el que alguien está comenzando a sentir los primeros latidos de un embarazo dentro de sí, o alguien se enamora.

Todo esto está pasando. Y pasa a la vez.

 El confinamiento nos detiene, pero la vida no lo hace. El confinamiento externo es real e indiscutible; el interno es relativo. El confinamiento cambia la mirada, y nuestras relaciones. Unos se van, otros llegan. Parejas se resquebrajan, y parejas se construyen. Amigos se alejan, otros se reencuentran.

 Siempre he dicho que las cosas de cerca se ven mejor de lejos. Y este momento nos obliga a poner distancia de muchas cosas, y nos enseña a ver mejor. Me atrevo a preguntar ¿De qué te estás dando cuenta en este confinamiento? Yo he recordado (recordar es otra forma de darte cuenta) que la distancia es relativa, como la soledad.

 Con respecto a la distancia, tienes dos formas de mirarla: Cómo algo que te aleja de lo que te gusta, o cómo algo que te une a lo que te falta.

 Hace tiempo leí en algún sitio a la filósofa Simone Weil cómo contaba que dos prisioneros en celdas contiguas aprenden, durante el cautiverio, a comunicarse dando golpecitos en la pared. “El muro es la cosa que los separa, pero también es su medio de comunicación - escribe- Cada separación es un vínculo”.

 El confinamiento es ese muro. La separación de los que amamos es ese vínculo. Tenemos todavía dos semanas por delante para darnos cuenta de quienes son nuestros vínculos reales, de quienes están al otro lado del muro diciéndonos qué. Decidir que será lo primero que hagamos, y con quien. Dos semanas para detener el ruido de la mente y atender el ruido del corazón.

 El Confinamiento es el signo de un tiempo excepcional, definitivamente, pero vale la pena recordar que el confinamiento interno es absolutamente relativo. Tu decides.

 

 
 
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