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EL OJO QUE MUERDE

Odón de Buen, el aragonés que buscaba el infinito

 

Daniel García-Nieto Daniel García-Nieto
26/01/2019

La Historia es caprichosa. «No tiene lógica objetiva que un personaje nacido en Zuera, cuya masa de agua más importante es el Gállego, termine fundando la oceanografía española». Y sin embargo, así fue. Esta persona es el zufariense Odón de Buen. Martín Bueno, arqueólogo y profesor, que ha excavado en Gerasa (Jordania) y ha seguido hasta la Antártida los pasos del buque San Telmo, comparte con Odón una mirada que busca la infinitud.

En los años 60, el profesor Martín Bueno se perdía durante días por los Monegros con algún amigo y una tienda de campaña, viendo lagartijas, escorpiones y trincheras de la guerra civil. «Odón de Buen hacía eso mismo pero en el mar», ironiza el arqueólogo. Odón de Buen y del Cos (Zuera, 1863 – México, 1945) es una de las primeras figuras mundiales de la oceanografía. Escribió en la prensa republicana, fue senador y concejal en una candidatura de izquierdas en Barcelona. «Era un librepensador, un republicano que no creía en Dios; un científico que se sentía atraído por el mundo marino. Los que hemos nacido casi a orillas de los Monegros, amamos los grandes espacios abiertos», subraya Martín Bueno, que comparte con Odón, quien viajó por los océanos del mundo a bordo de barcos como el Averroes o el Blanca y fundó el Instituto Español de Oceanografía, esa mirada que busca la infinitud.

Odón de Buen estudió en Madrid y Barcelona y vivió bajo la protección de grandes personalidades, como Miguel Primo de Rivera. «Pídeme algo», le dijo en una ocasión el dictador. El científico quiso unas escuelas para Zuera, su pueblo. Mariano Benlliure realizó un busto para recordarle, pero se resistió a que el grupo escolar llevara su nombre. Cuando estalla la guerra civil, la efigie de aquel tipo que no iba a misa ni bautizaba a sus hijos es derribada, arrastrada por el pueblo y abandonada en la carbonera de las escuelas. Uno de sus hijos es fusilado. Odón y su mujer son hechos prisioneros en Palma de Mallorca. La intervención de sus contactos hace que sean canjeados por otros presos. Tras la guerra vino el exilio a México, donde muere.

Odón de Buen, por Daniel García Nieto

El busto de Benlliure pasa toda la dictadura en la carbonera, hasta que, ya en democracia, reaparece cuando hay que cambiar la caldera. Se recupera la escultura y con ella su buen nombre: el colegio se llama hoy Odón de Buen. Este científico darwinista tuvo varios hijos, de nombres cuando menos liberales: Demófilo, Fernando, Rafaela, Rafel, Eliseo, Sadí y Odón. Sus descendientes se reparten entre Zuera y México. «Odón fue amigo de reyes, como el de Suecia o Alfonso XIII, y frecuentó fiestas en yates junto a princesas durante las cuales convencía a sus regias amistades de proteger los mares. Así nació el Instituto Oceanográfico de Mónaco, la entidad más importante del mundo en el ámbito de la oceanografía», recuerda el profesor Martín Bueno.

En el 50 aniversario de esta entidad, en los ya lejanos años 60, Manuel Martín Bueno fue el encargado de ofrecer al príncipe Alberto de Mónaco una distinción por ser el sucesor del fundador, su bisabuelo, Alberto I, a quien Odón se cameló durante una de aquellas reuniones en las que el naturalista solo tenía ojos para el mar. 

 
 
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