+
Accede a tu cuenta

 

O accede con tus datos de Usuario El Periódico de Aragón:

Recordarme

Puedes recuperar tu contraseña o registrarte

 
 
 
   
 
 

Los cuentos pendientes

Política McDonald Trump

 

Marta Quintín Marta Quintín
17/01/2019

Trump es un hombre-metáfora. Todo él constituye un síntoma del tiempo que nos aqueja. Y, no sé hasta qué punto de forma consciente o no, pero en calidad de buen populista, resulta insuperable a la hora de crear imágenes tan simplistas como contundentes.

 La posteridad lo recordará como el presidente del muro. Asociado por siempre a ese símbolo elocuente al que la Historia ya ha tenido que hacer un hueco en numerosas ocasiones. En el juego de la oca, de los escombros del de Berlín se brinca a los cimientos del de la frontera con México, y tiro porque me toca. Una larga resonancia la de la pared divisoria como emblema, que bien se alza, bien se derriba, que reverbera en el imaginario colectivo, y a cuyo poder evocador es difícil sustraerse.

 No se privó el propio Trump, desde luego, cuando —ay, hemeroteca impertinente y puñetera—, en 2014, lejos todavía de la presidencia, exhortó en un discurso edificante a no darse por vencido, inspirándose seguramente en la canción del bueno de Luis Fonsi. "Si hay un muro enfrente de ti, atraviésalo, sáltalo, rodéalo, pero llega al otro lado del muro". Eso dijo. Trump. No Fonsi.

 Claro, al gran hombre le faltó una apostilla. "Llega al otro lado del muro... siempre y cuando seas blanco, anglosajón y protestante". De lo contrario, olvídate. El único muro que vas a cruzar es el de las lamentaciones. Esa idea, la de las personas de primera y de segunda clase, ha estado siempre ahí, no diré que no. Pero su resurgimiento duele especialmente ahora, cuando, con esta zarandaja de la globalización, más cerca nos hallábamos de entender que la buena gente es universal. Por desgracia, la mala también.

 Por eso, la epidemia está campando por lares franceses, húngaros, brasileños... y en los patrios no hay que irse más lejos que de Despeñaperros para abajo. Y lo que te rondaré, morena, a partir de las elecciones de mayo. Para que nos vayamos santiguando. Política de muros con la que contener (bien jugada, J. R. R. Martin) a los caminantes blancos. O negros.

 Política basura, en fin. Y volvemos así a nuestro hombre-metáfora. Que como tiene el Gobierno federal en cuarentena y los fondos bloqueados a cuenta de los dimes y diretes murales, recibió el otro día en su casa (la blanca, que no se diga, que no se note) a un equipo de fútbol al que agasajó con una cena sencilla de pizzas y hamburguesas. Y encantado, ¿eh? Que ya se sabe que en eso consiste su dieta favorita y la de cualquier estadounidense que se vista por los pies.

 Alegoría, una vez más, de los tiempos políticos que sobrellevamos. Resultones, pero poco nutritivos, y aun menos sanos. Saturados. Grasientos. Procesados. Rápidos. Baratos. Transportados en bicicleta por los explotados del sistema, convenientemente dados de alta como falsos autónomos. Con la carne al punto de sangre y el queso denso. En dos palabras, comida basura. El problema empieza cuando de ella se alimentan los que perpetran el poder. Más que nada porque nos la acabamos tragando todos.

 
 
Escribe tu comentario

Para escribir un comentario necesitas estar registrado.
Accede con tu cuenta o regístrate.

Recordarme

Si no tienes cuenta de Usuario registrado como Usuario de El Periódico de Aragón

Si no recuerdas o has perdido tu contraseña pulsa aquí para solicitarla