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Seral y Casas. Días de Libros

 

Tomás Seral. - BIBLIOTECA DE ARAGÓN

Chus Tudelilla Chus Tudelilla
03/11/2019

La inquebrantable fidelidad con una línea de pensamiento abierta a todo lo que significara renovación de la cultura y su decidida vocación de organizador, fundamentan la compleja personalidad de Tomás Seral y Casas (Zaragoza, 1908-Madrid, 1975). Solo así se entiende su contribución al desarrollo de la cultura en España durante un periodo muy amplio de tiempo, en el que las circunstancias históricas le obligaron a ser elemento vertebrador de la primera vanguardia aragonesa y, más tarde, lazo de continuidad con la cultura de posguerra. En este sentido, el trabajo que Seral realizó durante los años 40 obtiene su verdadero significado en la hipótesis defendida por José-Carlos Mainer cuando analiza las inmediatas consecuencias del conflicto civil en el terreno cultural español: «tiempo que no fue exactamente de ruptura con el anterior, sino, en mayor medida de lo esperable, de epigonismo soterrado, de inevitable continuidad con respecto a la brillante rotundidad previa».

Seral y Casas encarna a la perfección el modelo que explica la teoría. Plenamente consciente de la nueva situación que siguió a la guerra civil, supo actuar con rapidez inusitada: el 18 de octubre de 1939 solicitó al Ayuntamiento de Zaragoza permiso para reformar un local sito en la calle Fuenclara, nº 2, para destinarlo a librería. El proyecto, encomendado al arquitecto José de Yarza, se aprobó el 8 de noviembre de aquel año; y en octubre de 1940, los dibujos y caricaturas de Mingote inauguraron la programación de Libros, espacio que conciliaba librería y galería de arte. La iniciativa de Seral era arriesgada en una ciudad que si no había sabido estar a la altura de las circunstancias en el periodo previo a la guerra, mostraba fácil acomodo al academicismo de la más rancia tradición impuesta tras el conflicto. En realidad, Zaragoza nunca había sido especialmente receptiva a nuevas propuestas pero la guerra acabó con toda esperanza de futuro, quiso dejarlo claro Seral, años después, cuando matizó un artículo sobre el fin de su revista Noreste: «Dice Andalán que Noreste murió en plena madurez víctima de su condición de utopía. La utopía se llama 18 de julio de 1936». La guerra acabó con el proyecto que pretendía integrar a Zaragoza en la red de ciudades de la periferia que aportaban rasgos específicos al desarrollo del arte nuevo, y lo más importante: la guerra fue la causa de la muerte y el exilio de algunos de sus compañeros, creando un vacío sentimental que Seral nunca superó.

El obligado «paréntesis» que la guerra impuso le sirvió para idear un proyecto que aglutinaba sus dos pasiones: la literatura y el arte. Su carácter de emprendedor e impenitente organizador no tenía por qué transitar en la oscuridad, aun cuando las luces de la ciudad se hubieran apagado. Fue así como Libros se convirtió para Seral en el lugar perfecto para trabajar, en el punto de encuentro de los viejos y más jóvenes amigos (Alfonso Buñuel, Juan Pérez Páramo, Pilar Bayona, Alberto Duce, Eduardo Fauquié, Federico Torralba, Cirlot...), manteniéndose ajeno a la oficialidad, salvo en contadas ocasiones. Pero la monotonía y cerrazón del ambiente local, del que quien podía se marchaba, acabó por convencerle de la obligatoriedad del viaje. En 1944 inició las gestiones y en marzo de 1945 abrió en la calle Arenal, nº 18, de Madrid la librería-galería Clan. Libros quedó al cuidado de su primo Víctor Bailo, a quien asesoró durante años.

Una selección de dibujos y caricaturas de Ángel Antonio Mingote inauguró, como ya hemos dicho, la programación de Libros, en octubre de 1940. Mingote volvió a exponer a fines de 1941 una serie de acuarelas y dibujos para decoraciones murales, y participó en abril de 1942 en la colectiva más importante organizada por Seral en la galería: Primera Exposición de Humoristas Aragoneses que, aunque fue primera y única, supuso la continuidad de los desaparecidos salones de humoristas de Zaragoza en los años 30, y la integración en el proyecto de artistas que habían destacado en los años previos a la guerra con los jóvenes que iniciaban su trayectoria en los 40. En la pequeña salita de Libros colgaron sus dibujos Sanz Lafita, José Borobio, Duce, Mariano Gaspar, Baqué Ximénez, Bayo... y Mingote, que ilustró el Poema del Fox Slow escrito para la ocasión por Ildefonso Manuel Gil.

En el folleto de la exposición se incluyó el texto Sobre el humorismo de Ramón Gómez de la Serna. El humor también determinó el diseño de los dos números de la revista La polla en primavera, ya perdidos, de contenido escatológico, humorístico y provocador, a cargo del grupo de amigos reunidos en el estudio de Duce: Seral, Rael, Chás, Mingote, Alcrudo, Joaquín Azpeitia, Ildefonso Manuel Gil.

A la exposición inaugural de Mingote en Libros siguieron pinturas de Pilar Aranda; acuarelas, sanguinas y óleos de Alberto Duce; la primera individual de Julián Gállego que, como la de Jesús Fernández Barrios que cerró la temporada, fue organizada por la Delegación Provincial de Falange Española.

Joaquín Azpeitia inició en noviembre de 1941 la segunda temporada de Libros. Siguieron las ya citadas de Mingote y la colectiva de humoristas, las individuales de Ortega Muñoz –íntimo amigo de Gil Bel cuyo retrato expuso en su individual del Mercantil, en 1927–, de nuevo Joaquín Azpeitia y Sixto Blasco. La prensa alabó la decisión de Seral de inaugurar la temporada 1942-1943 con la obra de una mujer, Lolita Dolla. Nada extraordinario para el galerista, para quien la colaboración con mujeres creadoras siempre había sido habitual. Después se mostraron obras de Antón Roca, Rafael Bonet, Ángel Bayona y Valls Quer. Tras un breve paréntesis por reformas de la sala, se presentó a Lola Bech, Ricardo Baroja y Baldrich.

A partir de la cuarta temporada, las reseñas en prensa son la única documentación de que disponemos. Solo hay constancia de las exposiciones de Menchu Gal (diciembre, 1943) y Mario Vicente (marzo, 1944). Y de tres citas en la que fue última temporada (1944-1945) de Seral como director: Menchu Gal y las dos primeras individuales de Santiago Lagunas e Irene Yugo. La de Lagunas suscitó todos los elogios: «es uno de los más cualificados luchadores jóvenes»; que fueron reservas ante la de Yugo: «si tomásemos algo menos al pie de la letra las fórmulas vanguardistas, podría darnos quizá una bella obra con encanto femenino e interés pictórico».

El 5 marzo de 1945, un mes antes de la exposición de Irene Yugo en Libros, Seral inauguró Clan en Madrid con el proyecto Primera exposición colectiva de Jóvenes Pintores Españoles que reunió obras de Álvaro Delgado, J. Fin, Luis Medina Castellano, Eduardo Vicente, Javier Vilató Ruiz, Rafael Zabaleta y del escultor Cristino Mallo. Bastaron cuatro años para que Seral fuera consciente de la necesidad de buscar nuevos horizontes. Y aunque continuó manteniendo estrecha relación con la ciudad, supo que en Zaragoza no había futuro.