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Una cosa de locos

Todo en orden

 

Fran Osambela Fran Osambela
08/09/2019

Hubo un tiempo en que los gobiernos democráticos solían agotar sus mandatos, o casi. Ahora, no. La tendencia de moda, la tentación que se extiende como una plaga es la de convocar elecciones anticipadas por puro impulso, por motivos que tienen mucho más que ver con las expectativas de voto de las encuestas que con las dificultades de la propia gestión. Se trata de equiparar al pueblo con un rebaño; peor aún, de tomarlo como si fuera los perros del experimento de Pavlov, como si de verdad salivásemos ante la llamada de las urnas. Votar es el ejercicio primero de una democracia limpia y transparente, no confundir con un juego de dados que lanzar una y otra vez hasta que salga el número que queremos.

Que los sondeos pesan más que las convicciones a la hora de elaborar argumentarios ya no es una novedad. Los estadistas han sido enterrados por los vendehúmos. Pero no siempre sale bien. Tenemos cerca el jaleo que se traen en Cataluña con la matraca secesionista, pero también apetece echar un vistazo por los alrededores. Ahí están por ejemplo los modos de Boris Johnson en el Reino Unido por el asunto del brexit, un lío monumental que partió de una maniobra de David Cameron para resolver un problema interno del Partido Conservador y que amenaza por colapsar a la madre de las democracias. Tampoco ha salido bien parado en Italia, de momento, Matteo Salvini anunciando elecciones cuando los sondeos le otorgaban un 38% de los votos, gracias al pacto de gobierno entre el Movimiento 5 Estrellas (M5S) y el Partido Democrático (PD) tras años de insultos entre sus líderes Grillo y Renzi.

En España, siempre a la vanguardia y saltándonos pasos intermedios, hemos preferido cogerle gusto a repetir comicios a nada que las cosas se complican. O eso aparentan los líderes políticos. Atrás quedan los tiempos de las mayorías absolutas o las relativas cuando todo se solventaba con pagos a nacionalistas en materia de competencias autonómicas o simples cheques al portador (Coalición Canaria y Nueva Canarias también pueden dar fe de ello).

Ahora los partidos no se tocan, les da grima, prefieren viajar en paralelo hacia ninguna parte. Hasta Albert Rivera, diseñado en su día como pegamento, ha renunciado a su papel de bisagra. Empieza el nuevo curso y el dinosaurio de esta España sin solución sigue ahí: 400 días en los últimos 4 años con gobiernos en funciones y sin presupuestos. Todo en orden. 

   
1 Comentario
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Por Don Minervo 9:00 - 08.09.2019

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El voto les importa mucho, muchísimo a la hora de pedirlo, una vez conseguido les importa un truño, una vez posicionados lo verdaderamente importante son los sillones, cargos y los buenos salarios con todas sus prebendas. Rivera en concreto, ya que lo menciona, es capaz de alisar el Moncayo si eso lo mantiene cerca del poder que a lo único que puede aspirar.