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ZARAGOZEANDO

Amaya y el misterio de los libros que oculta el sótano

 

Amaya ha podido descubrir los depósitos de una biblioteca de 40.000 volúmenes y aprender el oficio. - JAIME GALINDO

Amaya ha podido descubrir los depósitos de una biblioteca de 40.000 volúmenes y aprender el oficio. - JAIME GALINDO

David Chic David Chic
27/10/2019

«Un libro es una cosa entre las cosas, un volumen perdido entre los volúmenes que pueblan el indiferente universo, hasta que da con su lector, con el hombre destinado a sus símbolos» dijo Jorge Luis Borges sobre las bibliotecas y el azar. Suena sabio, pero seguramente a los usuarios del centro infantil que la CAI ofrece en la calle del Doctor Val Carreres de Zaragoza algo así les importe bien poco. Para ellos la biblioteca es una caja de sorpresas, un espacio de libros ilustrados, aventuras de Greg o de Geronimo Stilton y rincones en los que jugar con sus amigas, padres o sus profesores.

Borges, con toda su severidad, se hubiera escandalizado al descubrir que su espacio sagrado se mancilla con cojines por el suelo para que un grupo de escolares se quede embobado viendo, por poner un ejemplo, Toy Story 3 en versión original. Habrase visto. Y aún existen cosas peores, pues desde hace unos cinco años en este centro ofrecen una actividad llamada Bibliotecarios por un día que permite a los pequeños adentrarse en los secretos de la clasificación decimal universal sin la parte aburridísima del asunto.

Amaya Cabeza asiente convencida ante cada una de las explicaciones de la responsable del área infantil, Alicia Domingo. Tiene cuatro exámenes la semana que viene, pero eso no le impide perder una hora en conocer el funcionamiento de un espacio que para ella es más que una biblioteca, pues le sirve para hacer los deberes y pasar algunas tarde con su hermana gemela. «Leer me gusta bastante», dice.

La formalidad de la zona de lectura para los adultos se diluye como por arte de magia bajo los carteles que defienden que cada libro es especial. Es evidente que está prohibido comer, pero un par de chavalas junto a las estanterías que contienen la colección en tapas azules de Astérix y Obélix editada por Salvat tienen junto a sus libros una bolsa de galletas.

«La verdad es que los niños que leen siempre leen muchísimo», destaca Domingo como responsable de ofrecer lecturas para todo el sector infantil de la biblioteca. Los clásicos desde hace bastante tiempo son los siete tomos de Harry Potter, pero entre los más leídos entre los últimos meses destacan títulos como El extraño caso de la rata apestosa, Pista a cuatro patas (del estupendo Perrock Holmes), La venganza de Pablo Diablo o ¿De qué color es un beso?

Amaya descubre durante su jornada de bibliotecaria asuntos cruciales para la organización de los libros como la signatura o los tejuelos. «En la biblioteca tiene que haber mucho orden porque si no esto sería un lío patatero, ¿tú cómo tienes tu cuarto?», le pregunta Domingo. «Regular», responde sin disimular demasiado la mentirijilla.

El momento más esperado es cuándo se introduce el código secreto en la puerta que da acceso a los depósitos. Más de 40.000 volúmenes en un laberinto de estanterías salido de uno de esos cuentos de Borges. «Este es un sitio súper secreto, aquí solo entran los bibliotecarios», le revelan a Amaya, que mira con los ojos como platos los ejemplares amarillentos encuadernados en tela.

Al final de la actividad queda lo más importante. Prestar a los lectores. Tras el mostrador de los adultos Amaya escasamente llega a asomar la cabeza. «Me ha gustado un montón», dice dispuesta a repetir la experiencia cuando le toque a su hermana, pues para eso existe un secreto en el sótano que tienen que compartir.

 
 
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