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UN MITO DE LA HOSTELERÍA de la capital aragonesa

El hombre que inventó el concurso de tapas de Zaragoza

Ricardo Morales fue un innovador que supo ganarle el pulso al 'boom' de la comida rápida desde el bar Los amigos

 

Nati y Ricardo posan con la maqueta de un bocadillo de calamares que fue un icono del bar Los amigos. -

Fran Osambela Fran Osambela
07/11/2018

El hombre que inventó el concurso de tapas de Zaragoza se llama Ricardo Morales, ahora tiene 77 años y está jubilado desde el 2003. Regentó durante casi cuatro décadas el bar Los amigos, un entrañable rincón del Tubo zaragozano en el que se dejó media vida junto a su mujer, Nati ("el verdadero alma del negocio", apunta), y su hermano Miguel. El hombre que inventó el concurso de tapas de Zaragoza ha comenzado a hablar hace unos minutos y ya no hay ni bolígrafo ni cuaderno ni grabadora que pueda con él. Su historia es maravillosamente interminable.

De momento, el hombre que inventó el concurso de tapas de Zaragoza se quita de encima el sobrenombre y las medallas. No quiere méritos individuales. La idea fue suya pero su innata modestia le impide incidir en ello. Prefiere repartir el protagonismo. "Yo pertenecía entonces a la directiva de la Asociación de Cafés y Bares y fue un trabajo de todos", narra Ricardo a pocas horas de que comience la XXIV edición de un evento cuyo éxito se ha extendido por España. "La primera vez participaron 19 bares". Desde mañana y hasta el día 18 lo harán 113 en Zaragoza y provincia. Por cierto, Ricardo es uno de los integrantes del jurado.

Precisamente con la vista clavada en muchos años atrás, el protagonista de esta (menuda) historia recuerda cómo en los años 80 del siglo pasado el desembarco de las distintas compañías de comida rápida supuso un punto de inflexión en el nacimiento de esa cultura de la tapa que tan arraigada está ahora en la capital aragonesa. "Fue una cuestión de supervivencia. De repente lo padres preferían sitios en los que a sus hijos les regalaban juguetes o bolsas de sorpresa con las hamburguesas. El bocadillo de calamares, santo y seña de esta ciudad, no era suficiente. Y las típicas banderillas de toda la vida, tampoco. Los hosteleros tuvimos que ponernos las pilas".

Y para innovar, viajar. "Por ejemplo, estuve en París y muchas veces en San Sebastián, un paraíso de la tapa. Aprendí muchas cosas. Por ejemplo, de Montparnasse me traje la idea de unos bocadillos espectaculares que fueron un éxito también en Zaragoza. Y de San Sebastián... qué puedo decir. Allí sí que iban años luz por delante en el mundo de la tapa. Nos estábamos hundiendo, pero con las novedades y muchísimo trabajo salimos adelante". Así, en otra cabriola del destino, el hombre que importó ideas nuevas de fuera de Zaragoza terminó concibiendo un concurso que tantos años después ha terminado exportado y tiene réplicas en multitud de rincones de España.

                  Maqueta del bar Los amigos realizada por una buena amiga de la casa, Ester Espejo, y que Ricardo Morales guarda en su domicilio como un tesoro. 

           

Lo mejor vino cuando Ricardo conjugó su pasión por la hostelería con su querencia por la cultura y la historia. "A los romanos ya le gustaban las lenguas de flamenco a modo de tapa", dice alguien a quien también ha apasionado documentarse sobre los gustos culinarios de muchos personajes históricos: Miguel Fleta, Francisco de Goya... "Leí una vez en un libro que tras un primer encuentro con María Antonieta en el que no salió nada satisfecho de la comida que le ofreció ella, el conde de Aranda le llevó como obsequio cuando volvieron a verse queso de Tronchón y anguilas, presumiendo que eso era de lo mejor de su tierra. Lo de las anguilas no lo entiendo muy bien, pero eso ponía en aquel libro".  

También las efemérides disparaban la imaginación de Ricardo Morales. Así se explica nombres de tapas como El discreto encanto de la burguesía, El perro andaluz, Susana (demonio y carne) o El ángel exterminador. "Esas cuatro tapas las concebimos con motivo del centenario del nacimiento de Luis Buñuel. La gente se quedaba muy impresionada". La receta de El perro andaluz todavía es recordada en las callejuelas del Tubo: medio huevo duro a modo de ojo, farsa de escabeche y tomate como relleno y un iris y unas pestañas de paté de olivas negras... "Había gente que no se la comía de lo real que parecía, jejeje. Les recordaba la famosa escena del ojo de la película", rememora ahora Ricardo Morales.

El hombre que inventó el concurso de tapas de Zaragoza es muy consciente de la importancia que este certamen tiene en la gastronomía y el turismo zaragozanos. "La ciudad puede presumir de ello. El público es muy culto. Cada vez sabe más y Zaragoza sabe estar a la altura", dice orgulloso... un cuarto de siglo después de haber tenido una idea que tanto ha supuesto para la capital aragonesa y su provincia.