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TRAGEDIA EN EL CIRCUITO DE JEREZ

Miles de 'motards' despiden a Marcos Garrido al grito de "¡campeón! ¡campeón!"

Juan Álvarez, veterano presidente de la Federación Andaluz de Motociclismo, califica de "auténtica mala suerte" el atropello que provocó la muerte del piloto de 14 años. Expertos de las dos ruedas recuerdan que para intentar ser campeón del mundo "de cualquier deporte" debes empezar practicarlo de niño, por ejemplo, a los seis años

 

El entierro del joven piloto Marcos Garrido congregó a cientos de aficionados en Rota, Cádiz. - EFE / RAÚL CARO

EMILIO PÉREZ DE ROZAS
25/03/2019

“No tenemos que plantearnos nada. Todos, todos los que estamos en este mundo sabemos lo que puede pasar y, en estos momentos, estamos hablando de una auténtica desgracia, de una auténtica mala suerte, de algo que puede pasar en la vida e, incluso, en muchos otros deportes. Desde el padre de Marcos hasta el último niño que corre en motos en España, todos vivimos con pasión nuestro deporte, sabemos que comporta un riesgo y lo que tenemos que hacer es que sea lo más seguro posible. Y en eso estamos”.

Juan Álvarez, presidente de la Federación Andaluza de Motociclismo y uno de los dirigentes más expertos y veteranos del exitoso motociclismo español, uno de los grandes pioneros de la época dorada de las dos ruedas, trata de salir al paso de las críticas que han aparecido después de que Marcos Garrido, un joven piloto de 14 años de Rota, falleciese, atropellado por otro piloto, en la carrera de ayer, en el Circuito de Jerez-Ángel Nieto, de la categoría de Supersport300, curiosamente la misma cilindrada en la que la española Ana Carrasco se proclamó, el pasado año, flamante campeona del mundo.

EMOTIVA DESPEDIDA


Álvarez, que no se esconde y ha dado la cara por un deporte que ama y defiende, señaló, poco después de acudir, en Rota, al entierro de Marcos entre vítores de “¡campeón, campeón!”, que “no tiene ningún sentido reabrir ningún debate, ya que en este caso era una categoría en la que Garrido ya había corrido el año pasado, donde las motos son seguras y sin una potencia excesiva. Son las circunstancias. Es como si a un chico de nueve años le dan un balonazo jugando al fútbol y le produce una lesión cerebral. No es normal, pero puede pasar".

Son muchos los expertos consultados por El Periódico de Catalunya que señalan, como ya ocurriera tras el fallecimiento del joven, también de 14 años, Andreas Pérez, el pasado año, en el Circuit de Catalunya, que la muerte de Marcos Garrido “ha sido una auténtica desgracia, pura mala suerte, pues ha sido atropellado por otro piloto. Esa es una circunstancia que nadie, nadie, puede evitar, se produce y punto”. Todos ellos recordaron que la mayoría de muertes se han producido así, cuando un piloto cae y es arrollado, pisoteado, por otro. Así falleció Andreas Pérez, Rubén Torres, Shoya Tomizawa, Marco Simoncelli y tantos otros.

Uno de los comentarios más vertidos en las últimas horas en las redes es cómo es posible que un niño de 14 años pueda pilotar y competir con una moto de 300cc. Dirigentes, managers, pilotos, organizadores de carreras, jefes de equipo, entrenadores, que prefieren mantenerse en el anonimato para no generar más polémica, recuerdan que “si uno quiere competir al más alto nivel, en cualquier deporte, no solo en las motos, ha de empezar de niño a practicar su deporte favorito. Marcos llevaba muchos años corriendo en moto, muchos, y, por tanto, tenía experiencia y buenas manos. Pero se cayó y fue atropellado”.

Todos ellos recuerdan que, en todos los rincones del mundo, se empieza a correr a los seis años, incluso en Japón donde el hermano del fallecido Daijiro Kato, el único piloto japonés al que todo el mundo consideraba un potencial campeón del mundo de 500cc (MotoGP), dirige el campeonato de minimotos, de 6 a 9 años, el mismo que existe en España, Italia y un montón de países europeos y de todo el mundo. Son, ciertamente, minimotos de escasa potencia y las carreras se celebran en circuitos de karting o en los parkings de grandes superficies comerciales. Pero esa es, ya, la guardería de los futuros campeones.

EL EJEMPLO DEL TURCO OCU


Porque si no empiezas a esa edad, si no participas en los primeros campeonatos como la Cuna de Campeones (Valencia) o la Dani Rivas Cup, difícilmente podrás dar, después, el salto al campeonato de la Federación (RME) de 85GP, con motos, ya de verdad, de 85cc, para pilotos de 10 a 14 años o las distintas categorías del FIM CEV Repsol, como la European Talent Cup, la Asian Talemt Cup o la prestigiosa Red Bull Rookies Cup, de 12 a 17 años. Curiosamente, el último vencedor del Gran Premio de Valencia del Mundial de Moto3, celebrado en Cheste, el pasado mes de noviembre, fue el turco Can Oncu, con solo 15 años, que, como había ganado la Red Bull Rookies Cup, le dejaron participar en esa carrera, ya que para correr el Mundial se ha de tener 16 años, a excepción que seas campeón de la Red Bull Rookies Cup o el FIM CEV.

“Si para correr el Mundial tienes que tener 16 años, es evidente que, antes, habrás tenido que pasar por todas las categorías habidas y por haber y, sobre todo, haber adquirido suficiente experiencia como para poder desenvolverte con soltura en el Mundial de Moto3. Y eso solo se puede hacer si empiezas desde niño a correr”, señala uno de los managers de la parrilla de Moto3 del Mundial. “Otra cosa es que debemos seguir siendo muy rigurosos con la seguridad e, incluso, plantearnos, por ejemplo, si es necesario, aunque cueste dinero, obligar a que los niños lleven monos con airbag”, insistió este representante.

“Una cosa esta clara y, como ya ocurrió con Andreas Pérez, debemos destacar que este último accidente ha sido mala suerte”, señala uno de los hombres que ha sido la mano derecha de Alberto Puig a la hora de poner en marcha y organizar diversos campeonatos promocionales, desde la legendario Movistar Cup. “Marcos tenía experiencia, manos y habilidad, además de conocimiento del circuito, para poder pilotar la moto que pilotaba. No le faltaba pericia, no. Lo que tuvo fue la mala suerte, al ser arrollado tras su caída. Que todo es mejorable, por supuesto, pero esto ha vuelto a ser una desgracia, un atropello”.

Es evidente, y ninguno de los consultados escurre el bulto a la hora de comentar la situación, que la explosión, el éxito, la enorme relevancia que ha adquirido, la ‘armada española’ en el Mundial de motociclismo, donde los jóvenes españoles han acaparado victorias y títulos mundiales en todas las categorías, ha hecho que muchos padres crean, ansíen o estén convencidos de que un Marc Márquez, un Jorge Lorenzo o un Maverick Viñales en la familia.

“Y todos ellos saben que tanto Marc como Jorge como Maverick empezaron a correr, a divertirse, con la moto, a los cuatro, cinco o seis años. Otra cosa es que, luego, tú te des cuenta de que tu hijo no vale y lo saques de las carreras”, señala un dirigente canario, que lleva 30 años metido en los campeonatos de promoción de las islas. “Yo, personalmente, tuve que sacar a un niño de un campeonato nuestro porque el niño no disfrutaba, solo pasaba miedo, ¡miedo!, hasta el día que me pelee con su padre, por suerte no llegamos a las manos, que, simplemente, era un piloto frustrado. Ahora somos muy buenos amigos y me agradece el gesto”.

Para muchos de nosotros, resultó inolvidable el entierro, pronto hará nueve meses, de Andreas Pérez cuando miles de familiares, compañeros de colegio, de carreras y amigos acudieron a despedirle al tanatorio de la Ronda de Dalt de Barcelona. Allí, más de un compañero de pupitre y patio reconoció, en el mismo altar de la capilla, que solían hablar con Andreas sobre la peligrosidad de su pasión. “Y tú siempre nos contestabas lo mismo: sé que corro peligro, pero es lo que me gusta. Y, ya ves, al menos tenemos el consuelo de que nos has dejado viviendo tu pasión a tope. Eras un 10 como persona, Andreas”, dijo Pepe, uno de sus amigos del alma y compañero de clase.

Adolfo, padre de Andreas, reconoció, en un final escalofriante del acto, que fue su hijo quien les había iluminado a todos. “Ha sido demasiado fácil ser tu padre, Andreas. No entiendo como hay padres que no logran conectar, compartir, las pasiones de sus hijos con ellos. Yo me he vuelto loco compartiendo mi vida contigo”. Esa frase de despedida, ante cientos, miles, de familiares, amigos, compañeros y colegas de carreras, dejó realmente impresionado a todo el auditorio, que, durante más de dos horas, destacó, no solo la bondad y la complicidad que Andreas tenía con amigos, compañeros y pilotos, sino con todo el que se cruzaba en su camino.