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MUJER Y DEPORTE

Una atleta a la antigua

Mónica Saludas es una institución en el Hinaco Monzón. Electricista y madre de dos niños, tiene 43 años, lleva más de tres décadas en el club oscense y está en su mejor forma

 

Mónica Saludas, flanqueada en las pistas de Monzón por sus hijos Marcos y Natalia. - R. MARTÍ

RICARDO MARTÍ
24/02/2019

Es posible que las jóvenes generaciones la consideren un bicho raro. No es habitual permanecer en un club 33 años. Es el caso de Mónica Saludas, que lleva en el Hinaco Monzón desde que tenía diez años. Quinta de la generación de Eliseo Martín, la fondista da una lección de lo que es el amor por los colores. «Cuando de cría me ponía la camiseta roja me veía especial. Nunca le he encontrado ningún sentido a ponerme la camiseta de otro club. Siempre me he sentido del Monzón y mi casa es Monzón», reconoce.

Está orgullosa de ser una atleta a la antigua. Ve crecer la moda de la afición por la carrera a pie con un punto de escepticismo. «La palabra runner no me gusta nada. Llevo toda la vida corriendo y soy corredora. Este fenómeno lo veo más como una moda». Aunque todo tiene su lado positivo. «Antes por la chopera no veía a nadie corriendo. Hay que hacer entender a la gente que correr es sano, pero hasta cierto punto. He competido en la Carrera de la Mujer de Barbastro y Monzón y tampoco hay que darle tanto bombo». En las carreras pedestres de los pueblos ha llegado a vivir discriminación. «Nunca veía bien la diferencia de premios. En alguna carrera me han dado un juego de toallas y a los chicos dinero y en algún cross a los chicos una caja de manzanas y la primera chica un ramo de flores. El trato tiene que ser natural», critica la montisonense.

De niña estudió en el colegio Joaquín Costa. Se apuntó al atletismo con su amiga Beatriz a los diez años. «Luis Jalle nos vio en una colchoneta, nos hizo una prueba y nos apuntamos a hacer atletismo». Después llegaron sus tres años con José Antonio Adell. «Pep era como un padre. Calentábamos todos juntos en familia. Entrenaba sola con los chicos y después se apuntó Davinia Moreno». En ese grupo estaban legendarios como Fernando García, Javier Yerno, Chicho de la Fuente, Pablo Almunia, Carlos Oriach y el olímpico Eliseo Martín. «Eliseo era uno más del grupo. No esperaba que llegara a tanto. Pero era muy concienzudo entrenando y lo veías muy centrado». Casi siempre se ha entrenado con Fernando García. «Motiva un montón y sabe decir las cosas como son. Siempre ha estado ahí, en los momentos buenos y en los momentos malos».

Ahora tiene 43 años y está casi tan fuerte como cuando era joven, como demostró en el pasado Regional de cross disputado en Huesca. Lo suyo tiene un gran mérito puesto que trabaja, tiene dos hijos, Natalia y Marcos y el tiempo libre lo dedica a entrenarse. «Soy electricista y llevo tres años en una empresa de Binéfar. Hago ocho horas en jornada partida. Es una pena porque podría estar con mis hijos toda la tarde».

Ya es normal que Saludas se vaya de noche a entrenar en solitario. «También voy por los caminos acompañada por mis hijos, y Juan, mi marido, con la bici. En los dos últimos años puedo cuadrar horarios para hacer las series con mis compañeras de equipo». El mejor momento del día es cuando «estamos todos juntos sentados en casa. Eso es relajante», dice.

Con el paso del tiempo recuerda cantidad de carreras. «Con diez años disputé mi primera prueba. Fue un mil en Zaragoza en un Regional por equipos. También recuerdo el Regional de cross promesa en la Fuente del Saso en Monzón. O cantidad de fines de semana compitiendo en crosses con compañeros del Monzón por distintas ciudades de España, Francia e incluso Luxemburgo, donde fui con Fondi, Eliseo y Maite Gargallo». Y el Maratón del Milenio en Madrid. «Terminé en 3.09, pero acabé reventada y muchos trozos fui andando. Ahora no estoy lejos de mi mejor forma y tengo ilusión de hacer otro cerca de la tres horas. Sería un sueño cumplirlo. Aunque le tengo mucho respeto», explica.

Pero nunca olvidará una carrera. Es el pollo de Monzón del 2006. «Se hizo en la plaza Mayor y murió mi padre mientras corría. Ese día me tocaba cuidarlo a mi. No estaba a gusto corriendo y al llegar a meta vi a mi hermana llorando con el teléfono en la mano. Siempre tuve ese runrún en mi cabeza porque mi padre me apoyaba y me iba a buscar a las pistas». El año pasado Mónica volvió a correr el pollo de Monzón y le ganó a su amiga Nuria Sierra.