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MUJER Y DEPORTE

La boxeadora vocacional

Belén Muñoz, púgil de corazón, habla del boxeo por dentro, sobre cómo presentar batalla con dolor y acerca de cómo sobrevive este deporte en Zaragoza, antaño hogar de campeones

 

Belén Muñoz, fotografiada con unos guantes de boxeo. - ÁNGEL DE CASTRO

NACHO PRÁDANOS
30/11/2019

El boxeo es cuestión de respeto. De ganarte el tuyo y de quitárselo al contrario. Eso se aprende muy pronto, así lo hizo Belén Muñoz Seba (Zaragoza, 1999) cuando con tan solo 15 años subió por primera vez al ring del gimnasio López Bueno. Tal vez, para aprenderlo debes tener algo más que coraje y entrenamiento. En su familia lo conocen de cuando el boxeo vivía su época dorada y ‘los Sebas’ eran el reflejo de este deporte en Zaragoza. Pero los campeones no han desaparecido, ni les hemos olvidado, porque sabemos lo duro que es llegar a lo más alto. «La gente se imagina que estás sola pero no es así, está tu entrenador, tus compañeros y tu familia. Ellos te hacen crecer porque siempre te apoyan y te dan la fuerza que necesitas», afirma la boxeadora.

Belén creció en el barrio Oliver, donde completó sus estudios en el Instituto María Moliner. Con 8 años ya era la niña inquieta que es ahora y probó con el kárate para calmar su ímpetu. Pero su vida estaba entre las esquinas de un cuadrilátero. Sus primeros pasos fueron en el gimnasio López Bueno y le sirvieron para darse cuenta cuál era su verdadera pasión. Con tan solo 16 años, Sergio Labandera puso sus ojos en una púgil de altura que manejaba la distancia con un intenso directo y que se moría de ganas de pelear. «Yo quise subir desde el primer día. Hay que trabajar mucho antes de recibir un puñetazo. El entrenador debe estar muy seguro de que sus chicos están bien preparados, física y mentalmente. Si no lo están no se sentirán a gusto consigo mismos», expresa Belén.

El trabajo bien realizado vuelve en forma de recompensa y a esta luchadora los primeros combates le contabilizaron por victorias. Algunos de ellos por KO técnico que le validaron el billete para el Campeonato de España de Interclubs 2017. A toda boxeadora le llega su gran oportunidad para demostrar de qué pasta está hecha y este torneo reunía a las mejores promesas juveniles de toda España. «Tuve que ganar tres kilos para poder competir en los primeros combates, no fue fácil porque era joven pero no me esperaba ganar y llegar hasta la final», recuerda la zaragozana. La canaria Melisa Tudge era el último asalto para la victoria. Una joven promesa de la Federación Española de Boxeo, más experimentada y versátil que no iba a poner las cosas fáciles. «No tuve la sensación de hacerlo mal, estuve a su altura. En el primer asalto recibí un golpe en la nariz que me hizo sangrar. El médico me miró y me dejó continuar, pero en el segundo asalto no pudimos cortar la herida y tuvieron que parar la pelea».

Las derrotas en el boxeo imparten la mejor lección. La reválida de este combate le llegó pronto, en una noche mágica en el Siglo XXI donde Mamen Madueño, también de la Federación Española, no pudo con la furia de la aragonesa. A veces la mejor manera de golpear con más fuerza es retrocediendo y Belén lo hizo para preparar los exámenes finales de grado medio y las oposiciones de Policía Nacional. «Si fuera fácil acceder a una vida en el boxeo, todos nos centraríamos en lo que nos gusta, que es boxear, y vivir de ello, pero es algo muy difícil. Antes el trabajo y los estudios que el boxeo», asiente Belén. Hoy en día el boxeo resiste en los gimnasios y se practica ya que es un deporte muy completo. Se han perdido muchos estigmas y las mujeres tienen un acceso más favorable. Esta púgil pega con el corazón y demuestra que Zaragoza sigue siendo una tierra de campeones.