+
Accede a tu cuenta

 

O accede con tus datos de Usuario El Periódico de Aragón:

Recordarme

Puedes recuperar tu contraseña o registrarte

 
 
 
   
 
 

MUJER Y DEPORTE

La década de oro

Desde 1968 a 1978 Merche Osa, junto a sus hermanas, dominó los descensos de río y Campeonatos de España en todas las modalidades para convertirse en un referente del piragüismo. Fue 20 veces campeona nacional

 

Merche Osa, rodeada de piraguas. - NURIA SOLER

RAQUEL MACHÍN
31/10/2020

Durante diez años el comentario en los ríos, en descensos y Campeonatos de España era: «¿Vienen las Osa? Pues ya no ganamos». Y es que desde 1968 a 1978 Merche Osa acumuló 20 títulos nacionales, algunos junto a sus hermanas, en distancia, en velocidad, por clubs, nada se les resistía. La relación de Osa con el deporte y con Helios nace incluso antes que ella. Entre los fundadores del club hay dos de sus tíos, que llegaron a la presidencia, su padre fue pelotari profesional de cesta punta y, su madre, jugadora de baloncesto también en Helios.

«Mi padre era de Ondarroa y su hermano mayor estaba jugando en Zaragoza, que tenía dos frontones. Le tocaba hacer la mili y su hermano le dijo, adelántate, pide Zaragoza y así puedes seguir ensayando», explica. Dicho y hecho. Estuvo en aviación, siguió jugando y conoció a la que sería su esposa. «Estuvieron en Barcelona, fueron al norte, nací yo, vivimos en Barcelona otra vez y a mi padre le ofrecieron ir a jugar a México. Me fui con tres años escasos y, cuando volvimos, tenía siete», rememora Osa.

Sus padres apuntaron a todas las hermanas a nadar en Helios «para que cogiéramos buen estilo» y se cruzaron con un entrenador holandés que abarcaba natación, remo y piragüismo. Merche Osa se decidió enseguida por la piragua. A partir de ahí fue todo esfuerzo y sacrificio para inscribir su nombre entre las mejores de España. «En el 68 había muy pocas chicas y al Campeonato de España fuimos una pareja del Náutico y mi hermana y yo. Al ganar ellas las dos pruebas quedamos campeonas de España por federaciones y me dije, aquí tengo que machacar», relata Osa.

Así que se centró en el piragüismo. «Estudié el bachillerato técnico en la modalidad administrativa y hacía pirola la mitad de los días para ir a entrenar. Después me puse a trabajar en una oficina, aunque mis padres preferían que siguiera estudiando. Terminaba mi jornada laboral y me iba a entrenar y, muchos días, iba también al mediodía. Incluso una vez tuve una lesión, que me tuvieron que escayolar la pierna hasta la ingle, me la envolvía en plástico y me metía en la piragua con unas nieblas que no se veía», explica.

Y cuando le tocaba ir con el equipo nacional, tenía que cogerse vacaciones. «No cobrábamos, no te podías dedicar solo a esto. A los hombres les pagaban más pero a las chicas como mucho 3.000 pesetas y tenías que estar metida en el equipo nacional y en el equipo A, que había B y C. En el A te daban 100 pesetas por día que estabas, de prueba a prueba. Si duraba 30 días eran 3.000 pesetas y, si no, pues lo que tocara. A los chicos sí les pagaban como ocho veces más. Además ellos estaban concentrados siete u ocho meses, les daban ropa de entrenamiento. Al equipo femenino nos concentraban quince días y luego a tu casa otra vez», indica.

Entre tantos títulos durante esa década prodigiosa se acumulan también infinidad de recuerdos. Le emocionan especialmente los que compartía con su hermana, recientemente fallecida, pero hay de todo tipo. Recuerda con especial cariño, por ejemplo, ganar el descenso del Sella «siendo tan novata». «Fuimos una pareja de cada categoría. Dormíamos en casas, que alquilaban habitaciones, y comíamos en un bar. Otra posibilidad era ir en tiendas de campaña y el dinero que ahorrábamos lo gastábamos en comida y en ampliar el equipo. También se dormía en tiendas de campaña pero no en un camping, sino en un prao, nos lavábamos en una fuente pública», rememora.

Ganó con su hermana pese a que tuvieron que competir con una embarcación que habían roto los chicos. También recuerda el primer campeonato de zonas «porque siempre he sido muy mala para la estabilidad en la piragua» y venció pese al viento que azotaba La Albufera. Así se ganaron el respeto las temidas Osa, a las que nadie podía ganar. «He entrado en un grupo de WhatsApp de antiguos piragüistas y hasta los chicos me dicen que éramos un referente».

 
 
Escribe tu comentario

Para escribir un comentario necesitas estar registrado.
Accede con tu cuenta o regístrate.

Recordarme

Si no tienes cuenta de Usuario registrado como Usuario de El Periódico de Aragón

Si no recuerdas o has perdido tu contraseña pulsa aquí para solicitarla