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MUJER Y DEPORTE

Una vida dedicada a la natación

La zaragozana Begoña Villares ha asistido a las grandes competiciones mundiales y le ilusionaría hacer historia siendo la primera aragonesa en ir a unos Juegos

 

Begoña Villares, en una piscina. - JAIME GALINDO

R. MARTÍ
04/01/2020

Alos diez años Begoña Villares empezó a nadar. «Pero no me atraía nada. Fue en un cursillo en el Stadium Venecia. Me aburría en el verano y fue mi madre la que me apuntó. Hasta entonces nadie en mi familia estaba vinculada a este deporte. La monitora que daba el cursillo me dijo que me fuera a la piscina olímpica porque sino no iba a aprender nada. Y empecé a hacer amigos en este mundillo», explica Begoña Villares.

Eso fue en 1979. Ahora tiene 51 años y está metida hasta las orejas en la natación. Es juez árbitra, asambleísta de la Federación Española, forma parte de la junta directiva del Comité Nacional de Árbitros y es Secretaria Técnica de la territorial. «Llevo 40 años en este deporte. Mi marido era nadador y mis hijos también. Era fondista, pero no fui a Campeonatos de España». Solo nadó cuatro años. «Era muy complicado compatibilizarlo con los estudios. Estaba en el instituto Miguel Servet y salíamos de clase a las siete de la tarde. Además, solo había una piscina cubierta que era la del Helios. Ahora los jóvenes lo tienen más fácil», apunta.

Lo suyo fue una relación estable con la pileta. «El último año que nadé arbitraba a la vez. Fue con 16 años». Y depués entró en la secretaría técnica de la territorial. «Desde que empecé se ha mejorado mucho. Antes no había instalaciones en Zaragoza. Hubo gente muy buena campeona de España y olímpicos como Martín López Zubero, Jorge Sánchez y Andrea Blas. Pero ahora hay más cantidad», dice.

Actualmente es uno de los jueces árbitros más reconocidos de España. Debutó en 2007 en Amberes en el Mundial júnior. «Fue mágico. Viajábamos con la selección española y el hotel estaba enfrente de la piscina. Es la primera vez que los deportistas ven que convives con ellos y que no eres la mala de la película». Villares fue engordando su currículum. En 2008 estuvo en el Mundial júnior de México, en el 2009 en el Mundial absoluto de Roma y un año más tarde en el Mundial de Dubai de piscina corta. «Después estuve dos años sin viajar porque no me daba para más la vida», explica. Hasta que regresó a lo grande en el Campeonato del Mundo celebrado en Barcelona en el 2013. «Fui de juez árbitra y estuve en lo que me tocó, desde en los virajes, juez de estilos y en la cámara de salidas. Barcelona fue la experiencia más gratificante porque fui con todos mis compañeros. Además estabas en tu casa, en el Palau Sant Jordi». Su última experiencia fue en diciembre en los Europeos de piscina de 25 metros de Glasgow.

Villares es conocida y respetada en el mundo de la natación nacional por su seriedad y experiencia. «Para ser un buen juez hay que aplicar el reglamento y no actuar ante la menor duda. Si no estás seguro al cien por cien de lo que haces, no hay que tomar ninguna decisión. Hay que dar una imagen en la piscina, ser seria, pero no parecer un cardo. Es un término medio». Haber practicado la natación siempre suma. «Puedes ser un buen árbitro sin haber sido nadador, pero la mayoría lo ha sido. Valoras más el sacrificio del deportista y eso lo tiene en cuenta el que lo sufre», explica Villares.
La jueza siempre ha dado ejemplo de imparcialidad, incluso en momentos muy delicados. «Es muy duro tener que descalificar a mi propio hijo. Pero tengo como orgullo no haber recibido ninguna crítica. Cuando voy a la territorial, no les pongo cara a los nadadores. Para mí eso es mejor», reconoce.

Prefiere su labor en la pileta que en el despacho de la Federación. «Parece que el cloro nos atrae un poco y nos vamos de cabeza totalmente», explica irónica la jueza. «De pequeña decía que me gustaba ser secretaria. Pero me apetece el barrillo de un Campeonato de España, el morbillo y el cotilleo». También ha sido espectadora de las competiciones de sus hijos. «Como madre me aburría en la grada y en cuanto podía dejaba a mi marido y me bajaba a la piscina. Los padres son muy pesados con los niños y con los entrenadores y a mí me decían la rara al no llevar crono». Cuando es árbitra intenta aislarse. «A veces hay insultos, pero no miro a la grada. Ya pueden decir lo que quieran, que me da lo mismo».

Como todo deportista, le gustaría cerrar el círculo siendo olímpica. «Es casi como si te tocara la lotería. Entran cinco de toda Europa y hay un máximo de 30. No recuerdo a ningún aragonés que haya ido a unos Juegos de juez. Si lo consiguiera seguiría arbitrando a nivel nacional pero cerraría el ciclo internacional», cierra. 

 
 
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