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600 razones para creer en la solidaridad e integración

 

Juan Bolea Juan Bolea
08/01/2018

Un reportaje de Marcos Díaz nos informaba ayer domingo en estas mismas páginas acerca de los resultados de la política de integración puesta en marcha a raíz de la crisis de los refugiados sirios. Trágica consecuencia de la guerra en aquel país, que vino a unirse a la endémica crisis migratoria procedente del Magreb y países subsaharianos. España, junto con la mayoría de los países de la Unión Europea, se comprometió a dar asilo e integrar a un número determinado de extranjeros en situación límite. Decisión oportuna y generosa, según unos; tardía y pacata, en la opinión de otros.

Fruto, en cualquier caso, de aquel compromiso, ha devenido la acogida e instalación en tierras aragonesas de unas seis cientas personas procedentes de zonas en conflicto bélico, campos de refugiados o éxodos impulsados por la pobreza y el hambre. Seiscientas razones para creer en la solidaridad, en la humanidad, en el futuro de una convivencia más justa, variada y rica.

Que no será fácil, sin embargo, dados los prejuicios que en parte de nuestra población continúan, por desgracia, manteniendo en vigencia mentalidades y comportamientos excluyentes, incluso racistas. De su erradicación, más allá de la casuística particular, dependerá en buena parte el éxito de las políticas de integración a corto y medio plazo, pues está demostrado que, a largo, funcionan. Medítese, si no, sobre la larga lucha, en España, para la integración de un pueblo gitano que en los años setenta, en los albores de la Transición, vivía hacinado en poblados como el zaragozano de Quinta Julieta y que hoy, pese a las numerosas lagunas que todavía deben subasanarse (desempleo, tráfico de drogas), ha avanzado claramente hacia su normalización en un mucho más amplio entorno social.

En el conjunto de España, con 2.600 personas acogidas, lejos aún del compromiso de integrar a 17.000, destaca por Comunidades la aragonesa, a cuyas principales ciudades han ido llegando sirios, venezolanos, ucranianos y salvadoreños, principalmente. En una primera fase se les empadrona y auxilia en servicios básicos. Una segunda se centra en la integración. Una tercera, en la autonomía. Asociaciones y Fundaciones como Cruz Roja, Cepaim, APIP o Accem Zaragoza están realizando una encomiable labor, de la que muchos nos sentimos orgullosos.

   
4 Comentarios
04

Por José S.1 15:17 - 08.01.2018

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Evidentemente, el trabajo que hoy nos ofrece el señor Juan Bolea rezuma una tan necesaria como a menudo carente solidaridad con otros seres humanos, particularmente los más vulnerables por él referidos. La llamada de atención --correcto y loable propósito principal del columnista-- sobre el duro devenir de muchas personas es de muy agradecer. Empero, al margen de estas observaciones, es necesario analizar algo más fríamente ciertos aspectos de lo apuntado por el señor Bolea.

03

Por José S.1 15:14 - 08.01.2018

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Las «... personas procedentes de zonas en conflicto bélico, campos de refugiados o éxodos impulsados por la pobreza y el hambre» no han llegado a la Unión Europea por estas razones, no directamente, no siempre, sino frecuentemente por la fraudulenta labor de grupos mafiosos de traficantes de personas. Estos delincuentes están aprovechando la dificilísimas circunstancias de aquellas pobres gentes para hacerse del poco dinero que tienen a cambio de traerlas a la UE. Por eso, es incorrecto hablar de refugiados más o menos en general: se trata de avalanchas descontroladas de **inmigrantes económicos ilegales**. Si una persona, por un decir, sale voluntariamente de un asentamiento para refugiados al que llegó por motivo de una guerra, esa persona, digo, se convierte en un inmigrante económico ilegal. Y en la misma situación se encuentran las personas de «... éxodos impulsados por la pobreza y el hambre». Esto no impide que haya acuerdos internacionales de acogida de personas en situaciones críticas pero **desde sus países de origen o desde los campos de refugiados**, de una forma legal y perfectamente organizada --ni que decir tiene mucho más segura, recuérdese a todos los fallecidos en el mar Mediterráneo sin ir más lejos. La otra alternativa es preparar la pertinente ayuda humanitaria en los países en situación límite. Mientras tanto, una política que no aloja dignamente a los inmigrantes económicos ilegales para **devolverlos a sus lugares de procedencia** es, simplemente, irresponsable y muy peligrosa, en mi opinión. Sin el debido **control** de estos fraudulentos o deshonestos movimientos migratorios los países receptores se exponen, **precisamente**, a mayores «... prejuicios que en parte de nuestra población continúan, por desgracia, manteniendo en vigencia mentalidades y comportamientos excluyentes, incluso racistas».

02

Por José S.1 15:07 - 08.01.2018

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No comparto en su totalidad la comparación que hace el señor Bolea entre «... la larga lucha, en España, para la integración de un pueblo gitano...» que todavía en la década de 1970 estaba en una vergonzosa situación de exclusión social. No se trataba de inmigrantes ilegales aunque el aislamiento, la discriminación y los prejuicios sociales sí son comunes entre grupos de seres humanos marginados; ¿han oído ustedes hablar a personas de clase trabajadora muy humilde que padecieron los estragos de la posguerra de la Guerra Civil española a manos de otras solo algo más pudientes favorecidas por el bando vencedor? Además, es oportuno señalar que problemas de «... --desempleo, tráfico de drogas--...» los hay en nuestro país por doquier, lamentablemente. En concreto, las drogas ilegales --entre las que destaca ese peligrosísimo veneno llamado cánnabis que de blando o recreativo no tiene nada de nada-- parece que nadie con poder de hacerlo quiere erradicarlas. Véase si no cualquier día de la semana la buena información que al respecto publica «El Periódico de Aragón» en su versión digital. Los estupefacientes ilegales están presentes en la vida de la mayoría de criminales, ya sean estos terroristas, maltratadores de mujeres --incluyendo los repugnantes violadores--, ladrones de supuesta poca monta o conductores que arroyan a ciclistas o agentes policiales, entre otros: ¿qué influencia tienen los narcóticos ilegales en estos comportamientos delictivos siendo que es tan alta la capacidad de alteración mental de sus consumidores? Las drogas ilegales **son** el verdadero cáncer de las sociedades occidentales. Cuanto más las ignoremos y demoremos su total y absoluta eliminación de nuestras vidas más lo lamentaremos. Muchas gracias por un sugerentísimo artículo, señor Bolea. Saludos.

01

Por Abejorro 9:03 - 08.01.2018

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A cada uno lo suyo. En esta ocasión, el Sr. Bolea ha dedicado su columna a celebrar de manera franca y sincera la acogida de refugiados sirios y de otras nacionalidades aceptados y asistidos en Aragón, y que en una cantidad de 600 de los 17.000 que España se comprometió a acoger, viven entre nosotros, gracias a los esfuerzos de las ONGs presentes en la Comunidad y a la presión ejercida ante el Gobierno central por los ayuntamientos del cambio, sobre todo, y algunos otros que se han sumado más tarde. De cualquier manera, más vale tarde que nunca. No como sucede con la tibieza de los organismos y ministerios competentes que, ni se hacen cargo, ni saben dónde descargar la responsabilidad de su atención. Ni vigilan los excesos xenófobos de algunas instancias de la derecha y extrema derecha, lo que nos hacer formar una idea no equivocada de la autoridad comprometida sobre lo que significa para ella la solidaridad. No obstante, no me duelen prendas, después de mis aceradas críticas al Sr. Bolea en otros temas, el reconocer, para bien, el cambio de dirección observado en este comentario. Como es natural y sin que sirva de precedente, Sr. Bolea, le felicito por ello y comparto sin reservas su criterio. Salud.