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75 años de 'La Velada en Benicarló'

La obra de Manuel Azaña tiene la forma del diálogo, que permite su representación teatral

 

CÁNDIDO Marquesán Millán
05/05/2012

Estamos asfixiados por esta crisis económica que cada día muestra un futuro más negro. El hoy siempre es peor que el ayer y mejor que el mañana. Esta semana hemos conocido la cifra insostenible de parados y De Guindos nos ha obsequiado con la subida del IVA para el 2013. Confío en que nuestros gobernantes no traspasen las líneas rojas del subsidio del desempleo, los sueldos o las pensiones. Para respirar, resulta pertinente la práctica de la lectura. Una de las mejores alternativas a la hora de llenar el ocio, una fuente inagotable de sensaciones y placeres diversos. Pienso que de joven hay que leer mucho; en la madurez, lo bastante; de viejo, poco. Cuando los años pasan, aprovecha mucho más el dedicarte a rumiar las lecturas pasadas, reflexionando sobre ellas, analizándolas y contrapesándolas. Por eso, he releído en numerosas ocasiones, La Velada en Benicarló: Diálogo de la Guerra de España de Manuel Azaña, escrita hace 75 años en plena guerra civil, según el mismo autor, "dos semanas antes de la insurrección anarquista de mayo de 1937 en Barcelona contra la República y la Generalitat". El nombre de Benicarló, se explica por ser el lugar donde se reunió en repetidas ocasiones con Largo Caballero, al estar a medio camino su residencia de Barcelona desde septiembre de 1936, y la del Gobierno de la República en Valencia desde noviembre de 1936.

Es una obra que tiene la forma del diálogo, que permite su representación teatral. Participan once personajes y aunque Azaña nos advierte en el prólogo "Sería trabajo inútil querer desenmascarar los interlocutores tratando de encontrar personajes concretos", algunos están identificados. El doctor Lluch, de la Facultad de Medicina de Barcelona es Negrín. Claudio Marón el abogado, Ossorio y Gallardo. Pastrana, prohombre socialista, Indalecio Prieto. Barcala el propagandista, Largo Caballero. Azaña estaría representado doblemente en Elíseo Morales, como escritor y en Garcés, como ex ministro. El resto: Miguel Rivera, diputado a Cortes. Blanchart, comandante de infantería. Laredo, aviador. Paquita Vargas, del teatro. Un capitán. Las personas que participan en el diálogo representan corrientes de opinión mayoritarias en la España republicana, y llama la atención la ausencia de los anarquistas por su negación del Estado en sí (objetivación de la razón política de Azaña), y catalanistas y nacionalistas vascos por su ataque al Estado español. Todos los demás prototipos, el republicano, el intelectual, el socialista moderado, el socialista radical, el comunista, el militar republicano, etc, a pesar de sus diferencias, participan ya que todos ellos tienen el mismo ideal: la defensa del Estado republicano.

El tema fundamental de la obra es la guerra fratricida, indagandoen las razones de semejante hecatombe, como también sacar consecuencias para el día después, ya que en la nota preliminar sus últimas palabras se refieren al consuelo y a la esperanza. En este libro devastador Azaña vertió los sentimientos de tristeza, angustia, abatimiento y pesimismo con que reaccionó ante el levantamiento militar del 18 de julio de 1936. Todavía más desesperanzado cuando el Gobierno de la República es abandonado por las democracias occidentales. Es un acto de desesperación, porque su alma está destrozada al contemplar cómo los españoles se están matando sin piedad. Por ello hace decir a Lluch: "¡Utilidad de la matanza! Parecen ustedes secuaces del Dios hebraico que, para su gloria espachurra a los hombres como el pisador espachurra las uvas, y la sangre le salpica los muslos. Vista la prisa que se dan a matar, busco el punto que podrá cesar la matanza, lograda la utilidad o la gloria que se espera de ella. No la encuentro-" Los culpables de la tragedia para Blanchart: "En nuestro país, violento, intolerante, sin disciplina, los generales menores de sesenta años son un peligro nacional".

Los enemigos de la República para Garcés: "Enumerados por orden de su importancia, los enemigos de la República son: la política franco-inglesa, la intervención armada de Italia y Alemania; los desmanes, la indisciplina y los fines subalternos que han menoscabado la reputación de la República y la autoridad del Gobierno; por último, las fuerzas propias de los rebeldes..." Las diferencias de la represión según Marón: "Con una diferencia importante. En esta zona, las atrocidades cometidas en represalia de la sublevación, o aprovechándola para venganzas innobles, ocurrían a pesar del Gobierno, inerme e impotente. En la España dominada por los rebeldes y los extranjeros, los crímenes, parte de un plan político de regeneración nacional, se cometían y se cometen con aprobación de las autoridades".

Son las grandes cuestiones: ¿Cómo y por qué se matan entre sí los españoles? ¿La violencia es innata en nuestro ser nacional? De ahí la pregunta de Garcés: "¿Qué aberración fascinante arrastra a los promotores de este crimen contra la nación y a quienes la secundan? Una porción de españoles ha pedido y admitido la entrada de los ejércitos extranjeros. Con tal de reventar a los demás compatriotas, entregan la Península a un conquistador.

Estas pequeñas pinceladas nos indican que estamos ante una de las obras más importantes del pensamiento político español, el mejor documento quizá sobre la República y sobre nuestra guerra civil. Por ello, debería ser de lectura obligatoria para los estudiantes de secundaria.

Profesor de Instituto

   
2 Comentarios
02

Por Oscar. 16:59 - 05.05.2012

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A lo mejor es lo que muchos buscan hoy, que la democracia sea vista como algo inservible. Al fin y al cabo, los mercados son los que importan.

01

Por Oscar. 16:55 - 05.05.2012

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Si el movimiento obrero no es capaz de ingrarse dentro del sistema liberal/parlamentario, dentro de unos consensos básicos: derecho de manifestación, huelga, convenios coletivos..., esa democracia queda, de por sí, desligitimada, porque la misma es el propio acontecer diario y el pensamiento crítico de la gente. El no dejarse llevar por un pensamiento único que te dice que te tienes que bajar el sueldo, que tienes que permitir que haya ricos que evadan impuestos... En España, sino somos capaces de dar voz a ese malestar social, mucha gente podría preguntarse ¿Para qué sirve una democracia que permite libertad de empresa, de mercado, pero deniega el derecho de manifestación, huelga, un salario mímino,...? ¿Para qué sirve una democracia dónde la inmesa parte de su ciudadanía está más preocupada por el fútbol o por Belén Esteban, que por las desgracias de sus mismos ciudadanos