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En los 80 años de Ángela Abós

Creo que no ha habido una política aragonesa con tan importante haber en el último medio siglo

 

ELOY Fernández
01/10/2014

Creo que no ha habido una política aragonesa con tan importante haber en el último medio siglo. Hoy cumple 80 años (unos meses mayor que Emilio Gastón, que J. A. Labordeta), Ángela Abós Ballarín, altoaragonesa de Benasque, (donde tuvo en Carmen Sánchez Sarto una maestra excepcional), licenciada en Filología Románica en Salamanca (1956) porque esa especialidad no existía en nuestra universidad, ya había participado en el TEU y otras actividades. Discípula y amiga de Tomás Buesa, José Manuel Blecua o Alonso Zamora Vicente, los recordará en sentidos escritos a su muerte.

Catedrática de instituto de Lengua y Literatura en Jaca desde 1962 hasta 1983, se ha escrito que "ha dedicado casi 30 años de su vida a despertar en sus alumnos el placer esencial de leer, oír y escuchar, declamar, dramatizar o cantar". Un alumno suyo, Antonio Pérez Lasheras, me decía hace poco: "Qué exigente, pero qué gran profesora".

Dirigió durante años el grupo de teatro. En esa época la conocí, a través de su íntima amiga y colega Marisa Bailo, y evoco su maestría para dorar unas migas en Santa Cruz de la Serós, alguna cena en el Conde Aznar, tertulias veraniegas, largos comentarios de libros o cine (también a otra catedrática de instituto, qué grandes profesionales: la fallecida Tesia Vilanova). Obtuvo el Premio RBA con la novela El camino de Francia, a la que seguirían, cuando llegaron los años de calma, Artículo determinado (Mira, 2011) un fresco sobrecogedor de mujeres en la retaguardia de la guerra civil; y La mirada del esparvel (2012), que agavilla muchos excelentes artículos en prensa.

En la transición, se acercó a Andalán, el PSA, y aun, casualmente, posó con otros amigos en la foto de mi salida de la cárcel, en el verano de 1975. Militante (siempre crítica y poco sectaria) del Partido Socialista Obrero Español desde 1982, ese verano asistió a la Escuela de Verano del partido, en Madrid, donde conoció a los grandes líderes, y al joven Zapatero, de quien cuando cesó como presidente hizo un inusual elogio.

Luego llegaron los cargos administrativos: directora provincial de Educación en Huesca (1983-1986); subdirectora general-jefe de Inspección Técnica del Ministerio de Educación y Ciencia (MEC) (1987-1989). Fue concejala del Ayuntamiento de Jaca desde 1991 hasta junio de 1994, y luego consejera de Educación y Cultura (1994-1995) del Gobierno de Aragón presidido por José Marco. Olvidemos el origen: lo llevó a cabo con altura y energía. Creó, no lo olvido, el Premio de las Letras, y me entregó el primero en un acto emotivo.

AL CAER MARCO, EN 1995 se postuló a presidenta del Gobierno de Aragón. Es algo que casi nadie recuerda, pero su intervención (que salvo los socialistas todos pusieron a caldo), fue memorable, con un discurso breve, indicio de realismo político, de naturalidad, para los cuatro meses que quedaban de legislatura: "Mi imagen de socialista aragonesa, de demócrata, de mujer comprometida con su tiempo, con su época, con los valores de la misma y en lucha por la democracia, no necesita de apellidos".

En su intervención culta e inteligente, enunció su aspiración a profundizar el sentimiento democrático en Aragón, crear un buen clima de relación entre Gobierno y Parlamento, demostrar "que las gentes de esta tierra somos capaces de aplicar los mecanismos existentes para recomponer cualquier situación de conflicto en bien de los intereses generales". Y añadió con cierta picardía: "Tal vez las mujeres con conciencia de tales... podamos aportar a la política, en momentos como este, nuevos componentes de distensión, transparencia, diálogo y búsqueda de consenso".

Recordó que pertenecía a "una generación a la que nada se le dio hecho en materia de democracia, y menos de democracia parlamentaria". El resultado de la votación fue: síes, 31; noes, 30; y 3, abstenciones, 3 (el grupo dirigido por el Partido Comunista de España). Eso que nos perdimos.

Diputada en las Cortes de Aragón en tres legislaturas, portavoz en la Comisión de Educación (1995-1999). En diciembre de ese año, el Ejecutivo aragonés la nombró presidenta del Consejo Social de la Universidad de Zaragoza, donde fue modelo de serenidad y amable energía. Recibió el Premio Sabina de Oro en 2004; en junio de 2006 asumió la consejería de Ciencia, Tecnología y Universidad del Gobierno de Aragón,y en 2007 pasó a presidir el Consejo Económico y Social de Aragón (CESA), donde volvimos a encontrarnos. Meses antes, en la muerte de su antecesora, Ángela López, pronunció las más bellas palabras que he oído en una necrológica.

Al ser nombrada manifestó su creencia en el papel de los consejos ciudadanos en las sociedades avanzadas, ya que "permiten que esta participe, bien con la obtención de datos o bien con la capacidad de propuesta, en las decisiones que tengan que tomar los que ostentan el poder público". Fueron sus últimas armas, hasta hace muy poco, siempre al servicio del ser humano (mujer y hombre), el socialismo y Aragón. ¡Felicidades y gracias!

Catedrático emérito de la Universidad de Zaragoza