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Tres en uno

Y Bildu como anécdota

 

La diputada de EH Bildu Mertxe Aizpuru. - EFE

Carmen Lumbierres Carmen Lumbierres
22/05/2020

Cada prórroga del estado de alarma se convierte en una estación del viacrucis del Gobierno, y especialmente para el PSOE. En esta quinta aprobación, salvo destacadas excepciones como la de Ciudadanos, era difícil dilucidar cual era el objeto del debate y los intereses centrífugos de los partidos políticos se impusieron por encima de cualquier motivación que tuviera que ver con la salud y la seguridad en la desescalada. La irrupción de la reforma laboral del PP y el alto coste político de la abstención de Bildu resultan incomprensibles si no se analizan dentro de un panorama complejo de interés particulares y cruzados.

Hay una parte sustantiva del hemiciclo, los 140 diputados del PP y Vox que ni están, ni se les espera a no ser para votar no a todo, movilizar a sus ciudadanos afectos en la calle y sentarse a esperar que el desgaste de la gestión, la crisis económica y los recortes exigidos desde Bruselas rompan la mayoría que apoya el gobierno y se convoquen elecciones generales el próximo año.

Descartada cualquier posibilidad de acuerdo con el grupo mayoritario de la oposición, la negativa de ERC y Compromís, catorce apoyos en la cuerda floja, viene a mostrar los dos ejes de esta crisis política: Los intereses electorales en las tres comunidades históricas y las demandas sobre autoorganización autonómica. La Comunidad Valenciana enrareció sus relaciones con el Gobierno central al no pasar a fase 1, y ahora frenan la desescalada por el repunte de casos. Contradicciones en la gestión de la pandemia que afectan a todos, aunque algunos se crean inmunes.

Apoyos que en otro momento hubieran sido contradictorios y excluyentes son los del PNV y Ciudadanos, y alrededor el resto de los partidos pequeños en el Congreso, con posicionamientos inciertos en cada negociación.

La incertidumbre no le sienta bien a la coalición de gobierno que se formó a finales de enero y se encontró dos meses después con la crisis sanitaria. Ha pasado ya por tres momentos críticos, y el de esta semana ha sido además del último el más grave: las prisas en la aprobación de la Ley de libertad sexual ante el 8M, la discrepancia en la salida de la fase de hibernación total de la economía en el mes de abril, y el desacuerdo sobre el alcance del pacto para la reforma laboral a espaldas de los agentes sociales.

En lo más crudo del crudo otoño, cuando sean necesarias la subida de impuestos y el control del gasto, llegará el momento más delicado para la cohesión interna del gobierno y muchas ayudas externas no encontrarán.

 
 
1 Comentario
01

Por el manchonero 14:51 - 22.05.2020

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Carmen el patrimonio parece ser un determinante casi implacable de la actitud política. Las nóminas titubean por las circunstancias actuales. Es un factor que contribuye a legitimar al neocapitalidmo que llega a generar una especie de ilusión filantrópica

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