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Cartas al director

 

29/04/2004

LABORAL

Desde la indignación

***María de los Angeles Leal

***Zaragoza

Desde la indignación y teniendo en cuenta que indigno-a es, según la Real Academia de la Lengua Española, antónimo de digno-a, quiero expresar mi más serio llamamiento a las empresas de Seguridad Privada y sectores empresariales que contratan sus servicios para que tomen las medidas reglamentarias y reglamentadas acerca de lo siguiente: la incorporación de la mujer a su sector.

La mujer está considerada como trabajador de características especiales en la Ley 31/1995 de 8 a de noviembre, de Prevención de Riesgos Laborales (artículos 25 y 26).

Estas características especiales implican que el empresario ha de proporcionar a las trabajadoras un puesto de trabajo adaptado a sus necesidades especiales. Lo cual, teorías aparte, se materializa en:

--Vestuarios femeninos

--Lavabos y duchas femeninas

--Ropa de su talla

--Protección necesaria en caso de embarazo.

Soy consciente de que, hoy por hoy, sólo somos un 12% del sector y que esto que pedimos puede suponer un gasto y una molestia.

Sin embargo, pienso que este es el primer peldaño que hay que subir si se pretende consolidar nuestra presencia en dicho sector, donde es evidente que hacemos falta debido a la escasez de vigilantes masculinos.

Si las empresas no toman en serio estas cuestiones, nosotras seguiremos siendo "indignas" y, por contrapartida, no hay mucha gente dispuesta a trabajar codo con codo con un-a indigno-a.

Desde la minoría: ¡pónganse al asunto o no nos contraten más!

SOCIEDAD

¡So! progreso

***Carlos Rueda

***Zaragoza

Antes de la revolución tecnológica del Neolítico las especies humanas convivían en pequeñas bandas. Todos sus miembros se conocían entre sí y la norma, la ley, la dictaba la opinión pública, no el voto secreto.

En aquellos tiempos la gente conocía la proporción entre los recursos y sus costumbres. ¿Para qué cambiar si todo iba bien? Salvo accidente, podían vivir tanto como nosotros (hoy en día la media de edad ronda los 45 años) según sus circunstancias y dotación.

En caso de conflicto la prioridad absoluta era la pervivencia de la banda.

La igualdad entre los contendientes solo podía romperla, en favor de uno u otro, la opinión pública en función del interés colectivo. Desde aquella era remota, sin duda la edad de oro de la convivencia humana, las diferencias entre iguales han aumentado sin cesar.

Hoy día un gobierno elegido (Bush) con trescientos seis mil votos menos que su oponente (Gore), con una abstención rondando el 50% y fundadas sospechas de tongo, bombardea "en nombre de un mundo mejor" Afganistán, un país en la Edad del Hierro, o Irak, debilitado tras doce años de bloqueo.

Nunca las diferencias entre "iguales" han sido tan tremendas. ¿Será esto cosa del progreso? ¿Qué es progreso cuando su vector fundamental es la tecnología de la muerte? Pero la tecnología no tiene la culpa. La responsabilidad recae únicamente sobre las personas.

Con los conocimientos actuales, aplicados según un modelo de justicia ecológica, se llega fácilmente a la conclusión de que el problema no es la demografía ni los recursos. La raíz del problema es el desgobierno en la distribución de esos recursos; en una palabra, la injusticia.

Si queremos seguridad tendremos que pensar primero en justicia social.

No estaría mal, para empezar, prestar más atención e inversiones a las personas y menos a las máquinas.

*Presidente de Los Verdes-SOS Naturaleza/Aragón