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De todo un poco

Cataluña

No veo que se haga nada positivo y práctico para hacer frente al problema catalán

 

José Ángel Biel José Ángel Biel
20/10/2019

En todas las épocas de la historia de España, con mayor o menor intensidad y de diversas formas, algunas especialmente violentas, Cataluña, como parte del Estado español –o su equivalente, según la época de la que hablemos– ha buscado la manera de liberarse de lo que creían que era un yugo que uncía a los catalanes a una nación de la que muchos no se consideraban parte. Me temo que este devenir histórico va a seguir, con más o menos ritmo, sin solución de continuidad: Tenemos «problema catalán» para rato.

Tengo la impresión de que únicamente el cansancio o el hastío cambiarán en algún momento la onda de la «rebelión» catalana y quedaremos todos tranquilos hasta la siguiente «tarascada». Digo esto porque no veo que se haga nada positivo y práctico para hacer frente al problema, aplicando medidas inteligentes, imaginativas y consensuadas hasta el límite de lo posible y siempre en el marco de la constitución.

Dejo para los historiadores los orígenes del «movimiento catalanista», las fases de su desarrollo político, sus adaptaciones históricas. Sin embargo, no hace falta ser historiador para constatar la ruptura social –incluso entre familias– que hoy sufre Cataluña, jaleada por medios de comunicación tendenciosos, propiciada por un sistema educativo tergiversado que es el causante principal del último «desaguisado» y llevada a la práctica por el poder político independentista, más totalitario que democrático, que solo representa a una parte del pueblo catalán. Las consecuencias sociales y económicas del independentismo, las sufren los catalanes todos los días y no parece que vayan a mejorar a corto plazo.

La pregunta que deberíamos hacernos es si España puede seguir soportando la «cuestión catalana» hasta que el pueblo español, el más paciente de Europa, diga basta –lo que no sucederá nunca– o conviene tomar algunas medidas que sirvan para acelerar la solución del problema, aunque sea con carácter provisional.

Lo primero que debería considerarse es que el Estado español no puede tratar en pie de igualdad al poder político catalán. No se trata de relaciones entre iguales. Cataluña es una parte de España, no un Estado diferente ni independiente. Sin embargo, me temo que llevamos cometiendo este error desde hace muchos años. Desde que se aprobó la Constitución del 78, los diferentes gobiernos de España, con más o menos ganas, han dejado hacer al gobierno catalán, todo lo que les ha parecido oportuno, permitiendo algunos privilegios injustos. Y así hemos llegado hasta aquí. Si releen mi artículo sobre la reforma de la ley electoral publicado el pasado 22 de septiembre, constatarán alguna idea para evitar el excesivo peso de algunas comunidades y evitar que algunos partidos territoriales se pasen de «listos» cuando de pactar gobiernos se trate.

En segundo lugar, se impone la necesidad de que todas las fuerzas políticas constitucionalistas estén unidas por el acuerdo y lo demuestren a los electores, propiciando con sinceridad las medidas que sea obligado adoptar. Hoy, esta condición, por razones que no alcanzo a entender, parece imposible de cumplir. El electoralismo cutre y la incapacidad de los políticos para entender el valor del pacto, están asolando este país. Desearía, sin embargo, que las cosas empezaran a cambiar después de las elecciones del 10-N. Algunos indicios apuntan a la esperanza. Veremos.

En definitiva, los poderes del Estado deberían optar entre aplicar a Cataluña una medicina convencional, a base de medicamentos, buenas dietas y mejores prácticas o una cirugía que exigiría anestesiar previamente al enfermo. A estos efectos, recuerdo al lector que cuando se aplicó el artículo 155 de la Constitución, durante los seis meses que duró su aplicación, en Cataluña no sucedió nada grave: todos los servicios públicos funcionaron, las empresas trabajaron y no recuerdo ninguna incidencia importante que alterara la vida cotidiana de los catalanes y catalanas.

La suspensión o puesta en standby de la clase política catalana fue el bálsamo, a modo de anestesia, que obró el milagro. El problema fue que los efectos de la anestesia acabaron demasiado pronto, sin tiempo para haber operado al paciente, y este se levantó con más ganas que nunca de seguir montando el lío histórico al que nos tienen acostumbrados. Incluso, casi antes de que despertara, lo enviamos al gimnasio –léase elecciones, que ganaron– para que se pusiera en forma. Aprendamos para la siguiente ocasión.

   
5 Comentarios
05

Por Jorgeron 19:03 - 20.10.2019

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El problema de España son las comunidades autónomas y sus egoísmos y robos de sus políticos CACIQUES NO CREES BIEL ???????

04

Por JC1 11:53 - 20.10.2019

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Recuerde señor Biel que esa anestesia larga y la cirugía de hierro que usted esta propugnando aplicar contra Cataluña y los catalanes ya se realizó en 1939 y los resultados todos los conocemos. Relea, por favor, el primer párrafo de su artículo, el único que usted ha escrito utilizando el cerebro en lugar de otras vísceras diversas como ha hecho con el resto del artículo, y usted mismo se convencerá de su craso error simplemente leyéndose a sí mismo cuando escribía como un ser racional. Sí señor, tenemos “problema catalán” para mucho tiempo, como ya decía Quevedo hace casi cuatro siglos. Mucho me temo que sus recetas coloniales no han funcionado jamás. Ya sé que eso de pensar racionalmente a muchos de ustedes se les hace muy cuesta arriba, y no digamos nada de lo dialogar, escuchar, razonar, consensuar y pactar, palabras cuyo significado algunos de ustedes se sienten muy orgullosos de ignorar. Pero si ustedes no son capaces de actuar como personas inteligentes y racionales, si no como descerebrados y forofos hooligans futboleros únicamente deseosos de romperse la cara con quien sea antes de que comience el partico. Entonces tendrá que reconocer que lu única solución que brindan a los catalanes es conseguir lo antes posible la independencia de un estado lleno de gente que les odia y desprecia y que solo pretende dominarlos y humillarlos. Piense un poco señor Biel que no se le derretirá la sesera si lo hace.

03

Por el escolano 10:32 - 20.10.2019

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Qué entiende usted por aprender? Aprender a reprimir mejor? La Turquia del sudoeste de Europa no puede actuar con su contundencia habitual porque estamos en el siglo XXI. Tampoco puede hacerlo porque forma parte de la Union europea y por tanto tiene que moderarse, aunque en sus genes tiene un nacionalismo agresivo que no soporta el hecho diferencial catalan. Sus recetas, sr.Biel valen para Teruel que, como buen cacique controla a placer. Para los catalanes me temo que no.

02

Por Don Minervo 10:15 - 20.10.2019

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Señor Bielote que significa eso de aplicar medidas inteligentes, imaginativas y consensuadas, queda muy bien decirlo, pero un poco más abajo nos habla usted de aplicar el 155 permanentemente, eso es lo más inteligente, imaginativo y consensuado que se le ocurre. Blablabla y miren ustede que bien quedo. Se le olvida hacer una sola mención a los partidos super españolistas que no han dejado de meter la para lo mismo que los super catalanistas, lo único que se ha buscado es confrontación, soluciones ninguna. Ahórrese las lecciones, su tiempo ya ha pasado.

01

Por Dark Angel 10:09 - 20.10.2019

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Sr. Biel, la culpa no es enteramente de los humanos que viven en las Hispanias, al fin y al cabo tan víctimas como los catalanes , sino del régimen borbónico, que para mantenerse en el poder ha aplicado un conjunto de recetas infalibles. A saber: 1) Divide y vencerás (lo que trata de hacer en la misma Catalunya) 2) Unir a todos contra el enemigo interno (España contra Catalunya) 3) Corromper y sobornar a todo lo corrompible y sobornable (dando privilegios a quien haga falta) 4) Amenazar y chantajear a todo lo amenazable y chantajeable 5) Manipular y alienar a todo lo manipulable y alienable 6) Fomentar el culto a la mediocridad y vulgaridad 7) Empoderar a toda una camarilla de leales chupatintas que solo ensalzan las grandezas de estos farsantes Y el resultado inevitable es el monstruo en que se ha convertido la "españa" actual