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Tercera página

La crisis que nos cambió

El avance de las políticas antisociales coincide con la debilidad de la socialdemocracia

 

Resulta evidente que la crisis global iniciada en 2008 ha socavado los cimientos de nuestro modelo de Estado del bienestar y esta devastación ha tenido un soporte ideológico, el neoliberalismo, que ha dado muestras de una codicia desmedida, abanderando así un agresivo fundamentalismo antisocial. Este fenómeno ha sido analizado por Naomi Klein en su libro Doctrina del shock, obra en la que condena de forma contundente los abusos de lo que llama «capitalismo del desastre» y nos recuerda que fue Milton Friedman, el ideólogo de la «doctrina del shock», el que aconsejó a los políticos que aprovecharan los momentos inmediatamente posteriores a una crisis, bien fuera ésta producida por ataques terroristas, desastres naturales u otras catástrofes, para aplicar políticas impopulares tales como restricciones de libertades, ajustes presupuestarios, privatizaciones, desregulaciones de precios o supresión de programas públicos de contenido social, antes de que la gente pudiera reaccionar, consejos que muchos de ellos cumplieron con su fervor neoliberal. Igual que ahora, más recientemente, el miedo al terrorismo internacional y a la inmigración está propiciando el cierre de fronteras en determinados países de la civilizada Unión Europea y dando origen a preocupantes rebrotes de xenofobia y racismo alentados desde sectores de la extrema derecha.

Volviendo la vista atrás sentimos que durante la crisis se hicieron las cosas muy mal ya que, como Keynes dijo, «la expansión y no la recesión es el momento idóneo para la austeridad fiscal» y, en esta misma línea, Krugman recordaba que recortar el gasto público cuando la economía se halla en depresión la deprime todavía más, razón por la cual la austeridad debe esperar a que se produzca una fuerte recuperación económica, y no al contrario, lo cual desmiente el falso mito de la «austeridad expansionista» defendido por las políticas conservadores como único camino para salir de la crisis.

Hemos sufrido una grave crisis gestionada por unos malos gobernantes, lo cual recuerda el texto de Tomás Moro en su célebre Utopia cuando decía que «quien no sabe regir a su pueblo sino despojándole de todas las comodidades de la existencia, no tiene ningún derecho a gobernar hombres libres, y es conveniente que se retire dada su ineptitud, pues toda incapacidad conduce al odio y al desprecio del pueblo».

Y toda esta situación, este avasallador avance de las agresivas políticas antisociales del neoliberalismo coinciden con una profunda debilidad de la socialdemocracia a nivel internacional, desnortada y confusa tras perder gran parte del apoyo de los colectivos sociales que eran sus tradicionales apoyos electorales al no haber sido capaz de defender con firmeza y convicción una alternativa coherente y creíble frente al azote de la devastación neoliberal que hemos sufrido.

Por lo que se refiere a España, tal y como señalaba Noam Chomsky en la introducción del libro de Vicenç Navarro, Juan Torres y Alberto Garzón Hay alternativas. Propuestas para crear empleo y bienestar en España, estamos asistiendo a lo que define como una «guerra de clases unilateral», esto es, a la agresión de la clase capitalista hacia las clases media y trabajadora, las cuales resultan cada vez más proletarizadas. Por su parte, Vicenç Navarro piensa que la única alternativa es que esta guerra (recuperando el concepto de lucha de clases) sea bilateral y que la mayoría de la ciudadanía, la que deriva sus rentas del trabajo se rebele por todos los medios, siempre y cuando no sean violentos, a fin de parar/revertir aquella agresión, y de ello hemos tenido claros ejemplos en las movilizaciones en defensa de la sanidad y la enseñanza pública o en la lucha de los pensionistas reclamando unas pensiones dignas.

Es por ello que, según Vicenç Navarro, nos hallamos en un momento terminal de aquella Transición «profundamente inmodélica, que nos dio una democracia profundamente limitada y un bienestar sumamente insuficiente», por lo que resulta necesario caminar hacia una Segunda Transición que abra nuevos cauces hacia una democracia más completa y un mayor bienestar social.

A partir de ahora, ya nada será igual a la realidad previa al 2008, a los tiempos anteriores a esta crisis que nos cambió. La duda es siempre la misma: si caminamos, con todas sus dudas e incertidumbres hacia un futuro más justo y equitativo o aceptamos resignadamente los designios de quienes pretenden hacer retroceder el reloj de la historia a las condiciones sociales y de explotación económica del s. XIX. De nosotros depende.

*Fundación Bernardo Aladrén

   
1 Comentario
01

Por migas 18:21 - 20.01.2019

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"De nosotros depende", me parece una boutade, si me lo permite. Y también el título de su post "La crisis que nos cambió". Sin ir por la vida de sabihondo, le ruego respetuosamente que considere los cambios que propongo sobre esas expresiones, en concordancia con el documentado aunque heterogéneo texto de su columna. Yo diría "de quienes realmente deciden, depende", porque el voto es prerequisito para que ellos hagan lo que quieran, no condicionante, y "la crisis con que nos cambiaron", porque ya desde el primer momento del mandato socialista nominalmente regido por Rajoy, estaba claro que se buscaba el retroceso de la libertad o capaciad de decisión de la sociedad a tiempos pretéritos, mucho más duros. Saludos atentos.

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