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DIARIO DE THURA

  •  Una joven iraquí emula a Ana Frank proporcionándonos un testimonio inocente y real sobre la barbarie de la guerra


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    JUAN BoleaJUAN Bolea 15/11/2004

    Escasos días antes de que las bombas aliadas comenzaran a caer sobre el Bagdad de Sadam Husein, una joven iraquí, Thura al-Windawi, decidió iniciar un diario. Era el 20 de marzo de 2003. Faltaban todavía dos meses para que el dictador cayese de su sangriento pedestal.

    Thura se decidió a poner sus pensamientos por escrito como una forma de controlar el caos que la rodeaba, de mantener la calma, y también de transcribir cómo vivió la contienda la población iraquí, y cuáles fueron sus consecuencias.

    Procedente de una familia de clase media musulmana de la etnia shií. Thura, a sus 19 años, es la mayor de tres hermanas. Su padre, Muayad, era profesor de la Universidad de Bagdad. Su madre, Ahdaf, una científica que abandonó el trabajo para dedicarse a la familia. Thura estudiaba Farmacia cuando estalló el conflicto.

    "Me he levantado temprano para preparar nuestra casa, por si acaso empezara la guerra... He envuelto las copas de cristal con plástico acolchado para que no se rompan por las explosiones... Hemos lavado la ropa, porque es probable que corten el suministro de agua. Y he lavado también algunos de mis muñecos favoritos, un osito del color de un recién nacido que se llama Pinky, y que me regaló mi amiga Roula, y una muñeca azul a la que llamo Gatita, con los ojos brillantes y las mejillas rojas, y que no es más grande que la palma de mi mano...".

    Thura nos relata cómo su familia y ella visitan un refugio acondicionado en una escuela de niñas. Hay que bajar dos pisos antes de llegar a un pasadizo estrecho y oscuro, iluminado por cuatro bombillas. Los Windawi recorren la capital buscando dosis de insulina para la pequeña Aula, hermana de Thura, que es diabética. Hacen acopio de víveres y se pertrechan de máscaras de gas y citrato de potasio, contra su intoxicación.

    El 20 de marzo, un ataque devasta Bagdad. Caen los primeros misiles. Arden los edificios del Gobierno.

    "La tierra tiembla, yo tiemblo, la casa tiembla...Mi madre me confiesa que ha enterrado en el jardín el collar de oro que papá le regaló en 1982, cuando se casaron. Si algo sale mal, yo tendré esas joyas en el futuro".

    Una mañana, la del 25 de marzo, se despiertan convencidos de que ha empeorado el tiempo, pero lo que realmente ocurre es que el gobierno iraquí ha decidido quemar grandes cantidades de petróleo. Con esa medida creen que afectarán a las trayectorias de los misiles estadounidenses.

    "El cielo --escribe Thura-- está cubierto por un espeso humo negro. El olor recuerda al de una cerilla mal apagada. No soporto el olor del petróleo ni la forma en que esa sustancia contamina el aire. Por la noche, cuando se pone el sol, el cielo adopta una combinación de sombras que van desde el morado hasta el rojo...Me cuesta respirar... Ya no se escuchan pájaros. La deprimida madre naturaleza está agonizando".

    El diario sigue describiendo las bombas de racimo y los tanques quemados en las cunetas, los rostros de los marines, de los invasores, pero sobre todo las emociones reales de un ser humano a la vez lúcido y aturdido por la guerra.

    *Escritor y periodista

     
     
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