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Sala de máquinas

El doctor Sada visita la Aljafería

 

Juan Bolea Juan Bolea
22/06/2019

El nuevo presidente de las Cortes aragonesas, Javier Sada, es un hombre y un político tranquilo.

No es fácil verle alterado, irritado, perdiendo los nervios... Incluso en los momentos de mayor tensión es capaz de mantener la calma, virtud imprescindible a la hora de negociar con otros grupos (como seguramente este destacado socialista ha tenido o está teniendo que lidiar) la composición orgánica del propio Parlamento que ya preside o del próximo gobierno del Pignatelli, que los socialistas aspiran a presidir.

Como orador, notable dialéctico, con medida retórica socialdemócrata, lo he visto en su alcaldía (Ateca), en los platós, en diferentes tribunas, en conciliábulos... Siempre tranquilo, relajado, de buen humor y con la mejor disposición hacia su interlocutor.

¿Su condición de médico ha podido influir en la forja de un carácter público caracterizado por la tolerancia? Posiblemente. Un todoterreno de la medicina como es el doctor Sada ha visto en su vida clínica infinidad de enfermos, no en vano ha dirigido centros termales, psiquiátricos y hospitales públicos. Toda esa experiencia, más la acumulada en los bancos de la oposición y del gobierno, le ayudará en las Cortes a la hora de diagnosticar a los diputados pruritos febriles y recetarles tratamientos si alguno cae víctima del mal del poder, la fiebre demagógica, la bilirrubina tránsfuga o los vértigos de la vanidad y de la soberbia.

El ojo clínico de Sada no debería limitarse a vigilar la salud de los individuos, constatando también periódicamente la salubridad de los colectivos o grupos parlamentarios, no sea en alguno anide la viruela o el sarampión democrático y haya que aislarlo en cuarentena hasta que cese el riesgo de contaminación.

En una práctica político-sanitaria de carácter preventivo, no estaría de más que el presidente recuperase el maletín de médico de familia y visitase con periodicidad a su población parlamentaria, a fin de detectar brotes de cólera, epidemias o fracturas en alguna articulación imprescindible para la movilidad del poder.

Un perfil humanista para un cargo, el de la presidencia de las Cortes, que, representando el ser y la historia de Aragón, debería serlo en cualquier caso.